«En Abandoibarra nada nos recuerda que estamos en Bilbao», lamenta Rob Krier

El arquitecto y escultor cree que los grandes urbanistas «deberían haber prestado más atención a la tradición de la ciudad»

GUILLERMO ELEJABEITIABILBAO.
Krier posa en el parque de Doña Casilda con el edificio en construcción a sus espaldas.::
                             LUIS ÁNGEL GÓMEZ/
Krier posa en el parque de Doña Casilda con el edificio en construcción a sus espaldas.:: LUIS ÁNGEL GÓMEZ

La próxima primavera la plaza de Euskadi tendrá un nuevo inquilino, una construcción de corte clasicista obra del arquitecto y escultor luxemburgués Rob Krier, que estos días visita la villa para supervisar el remate del edificio e inaugurar una exposición de sus esculturas en el Museo de Bellas Artes. El autor ha hablado con EL CORREO de su nueva obra, de su manera de entender la arquitectura y de la regeneración de una ciudad, Bilbao, que cuenta en sus calles con obras de casi todos los grandes nombres de la arquitectura contemporánea.

El edificio Artklass se levanta sobre una de las manzanas que rodean la nueva plaza de Euskadi. Sus formas clasicistas conviven con la vanguardia de la torre Iberdrola y de la vecina Abandoibarra, y al mismo tiempo con el Museo de Bellas Artes y varias manzanas del Ensanche, construidas en las primeras décadas del siglo XX. Krier observa estas últimas y después mira hacia su edificio: «Parecen de la misma época», bromea.

El luxemburgués reconoce que el Ensanche bilbaíno, que ha recorrido cámara en mano para tomar referencias, «ha sido enormemente inspirador». Su creación, que acogerá 190 viviendas de lujo, luce en sus seis fachadas más de veinte composiciones distintas en las que se conjugan arcos, miradores, frisos, cariátides y más de cien tipos de ventanas. El Museo de Bellas Artes ofrece a partir del miércoles una muestra de las 41 esculturas cinceladas por el propio Krier que poblarán el edificio.

Jugar con las convenciones

Hacía décadas que no se veía en la villa un proyecto decorativo tan ambicioso: «Fue una suerte encontrar un promotor en Bilbao dispuesto a hacer realidad este diseño tan rico», reconoce Krier, cuyo personalísimo estilo se basa en la reinterpretación del lenguaje arquitectónico clásico. «Es una arquitectura muy libre, que respeta las convenciones pero juega con ellas a capricho», explica el arquitecto y urbanista luxemburgués. «Queremos que el niño que vive en el cuarto pueda identificar su casa desde el parque, porque es completamente diferente a la de al lado en formas o incluso en color», ilustra.

Krier es un representante de La Tendenza, corriente arquitectónica surgida como reacción al funcionalismo posterior a la Segunda Guerra Mundial y que aboga por la recuperación del urbanismo clásico: «En los años setenta empezamos a mirar hacia nuestra tradición cultural para tratar de enriquecer aquel funcionalismo tan purista», recuerda. Krier lamenta que aquel movimiento posmoderno diera pábulo a actitudes más bien 'kitsch' que rozan el mal gusto: «Se metió a todos en el mismo saco y para nosotros fue en cierto modo un desastre», reconoce.

Una nueva corriente, que ha elevado a algunos de sus colegas a la categoría de estrellas, venía pisándoles los talones. Los deconstructivistas, como Zaha Hadid o el propio Frank Gehry, «trataron de quitar todo lo anterior y diseñar como si hubiera habido una explosión -ilustra Krier- pero es algo tan disparatado que nunca podrá crear escuela, porque no hay teoría detrás del caos».

Como una galería de arte

El edificio de Krier convivirá en Bilbao no sólo con la obra maestra de Gehry, sino con trabajos de buena parte de los nombres que integran el 'star system' de la arquitectura actual como Foster, Moneo, Calatrava o Isozaki, entre otros. Creadores que han convertido las calles de la villa en una galería de arte contemporáneo pero que, según Krier, «deberían haber prestado más atención a la tradición, a la cultura de la ciudad en la que trabajan». «Si miramos los edificios de alrededor o damos un paseo por Abandoibarra, nada nos recuerda que estamos en Bilbao, la arquitectura es la misma que podríamos encontrar en Estados Unidos, China o Australia», lamenta.

¿En qué lugar deja este planteamiento un edificio como el Guggenheim? «El Guggenheim es especial, es un monumento y los monumentos pueden permitirse sobresalir, pero nunca podría aplicarse a una vivienda», responde Krier. «Yo nunca diseñaría como Gehry, no soy tan raro -añade- pero me alegro de que pudiera hacerlo, porque la libertad de diseño es para nosotros tan importante como en política o en las relaciones humanas la libertad de expresión».

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