El PNV se resitúa tras el alto el fuego de ETA y dice que tomará «alguna iniciativa»

Pretende trazar su camino, marcar los límites a Batasuna y «jerarquizar» las condiciones que requiere el proceso

OLATZ BARRIUSO OBARRIUSO@DIARIO-ELCORREO.COMBILBAO.
Iñigo Urkullu, el domingo en el décimo aniversario del batzoki de Ortuella. ::                             TELEPRESS/
Iñigo Urkullu, el domingo en el décimo aniversario del batzoki de Ortuella. :: TELEPRESS

El PNV no quiere quedarse fuera de juego. Tras un fin de semana de intenso protagonismo del llamado polo soberanista y de otras fuerzas políticas y sindicales que reivindican el derecho a decidir -aglutinados todos en torno a las dos manifestaciones consecutivas prohibidas el sábado por la Audiencia Nacional, convocatorias que no secundaron los jeltzales-, Iñigo Urkullu se descolgó ayer con un anuncio inconcreto y ambiguo que demuestra, no obstante, que no piensa quedarse de brazos cruzados en la etapa abierta tras el comunicado en el que ETA anunciaba el cese de las «acciones ofensivas». Entrevistado en Onda Vasca, el presidente del Euzkadi buru batzar aseguró que continúa el análisis del supuesto proceso propiciado por el alto el fuego de la banda y confió en que «en breves días» pueda tener lista «alguna iniciativa» con la que reubicarse en el nuevo escenario.

Más allá de los contenidos de ese paso, aún por definir, las palabras de Urkullu resultan significativas porque evidencian que, pese al profundo escepticismo con que el PNV ha recibido el anuncio de ETA, tampoco está dispuesto a que esa cautela se traduzca en un inmovilismo que pudiera no ser bien recibido en parte de su base electoral ni a pemitir que la izquierda abertzale capitalice los réditos de un hipotético final de ETA. La actitud, aseguró el líder jeltzale, no deber ser permanecer «como si no hubiera pasado nada», sino aprovechar la «conciencia social cada vez mayor» de rechazo a la violencia. Se trataría más bien de hacer algo, pero algo distinto a lo que haga el tándem Batasuna-EA y quienes, como Aralar, ELA o Lokarri, le secundan en posibles movilizaciones en defensa de «todos los derechos». Menos aún cuando uno de los promotores de la marcha suspendida por decisión judicial, el ex consejero de EA Sabin Intxaurraga, ya acusó ayer al PNV de «excesiva tibieza» ante las prohibiciones y anunció la puesta en marcha de «un gran movimiento» aglutinado en torno a los colectivos que se adhirieron a la plataforma Adierazi EH.

Con este panorama, el PNV, que es consciente de que el polo soberanista pretende sustituirles a medio plazo en el liderazgo del nacionalismo, quiere precisamente no hacerle el juego a la izquierda abertzale y dejar clara su posición propia y los «límites y márgenes» del proceso que pudiera abrirse, según aclaran en Sabin Etxea. Unos límites aprendidos de procesos frustrados anteriores y que incluso gente muy cercana a Batasuna -como su asesor Brian Currin- estaría empezando a marcar. «Hay que ver qué se hace por parte de todos con el pretendido enredo de mezclar derechos humanos con derechos civiles, con derechos políticos, de poner al mismo nivel lo que puedan ser unas condiciones democráticas sin una jerarquía de cuáles pueden ser las primeras o las segundas», sentenció Urkullu. Una idea que redunda en lo que ya proclamó el EBB en su comunicado del pasado lunes: que a ETA no le queda más salida que el abandono definitivo de las armas, que deben cesar también las amenazas, la extorsión y la kale borroka y que Batasuna está obligada a hacer un «pronunciamiento claro» ante la banda.

El documento de 2005

Eso sí, la iniciativa anunciada por el líder jeltzale no es aún más que una idea recién alumbrada, que podría tomar forma, o no, en un documento oficial del EBB en el que se fijarían con claridad los pasos que el PNV considera necesarios para alcanzar la paz y la normalización política. En todo caso, la ejecutiva no lo abordó ayer en su reunión semanal y resulta complicado pensar que el PNV se haga sombra a sí mismo y superponga otro texto a su discurso de Alderdi Eguna, que se celebrará el próximo 26 de septiembre. La dirección jeltzale ya elaboró una guía similar en octubre de 2005, apenas cinco meses antes de que ETA decretara una tregua «permanente» que hizo saltar en pedazos siete meses después en la T-4 de Barajas. En aquel texto, titulado 'Elkarbizitzarako bake-bideak' ('Caminos para la paz y la convivencia'), los peneuvistas rechazaban con nitidez la tutela de ETA y ponían en manos de los partidos la tarea de alcanzar un acuerdo político. Un documento que sigue sirviendo de «punto de partida» y que entregaron al líder de EA, Pello Urizar, en la reunión que mantuvieron la semana pasada y en la que Urkullu trasladó sus reservas sobre el proceso.

Por eso, el PNV quiere ahora colocar de forma inequívoca la pelota en el tejado de la izquierda abertzale y presionar para que se mueva porque, dicen, les «consta» la profunda decepción en ese mundo ante la pobre respuesta de ETA a sus demandas. Urkullu no pudo ser más claro: «Está bien que vivamos en procesos, pero, al mismo tiempo, es necesario que algunos tomen decisiones». Es más, insistió en la misma reclamación que ya hizo a Batasuna cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos frustró sus esperanzas de lograr la legalización vía Estrasburgo. Entonces, y ahora, les exigió que pongan «el contador a cero» para desasirse de ETA.

La clave para el PNV es colocar el acento en la izquierda abertzale, aunque sean los dirigentes más soberanistas quienes lo hacen con mayor entusiasmo. Egibar ya aseguró que es Batasuna la que «marca el ritmo» y ayer Markel Olano negó discrepancias en el seno del PNV: por un lado, dijo, han constatado que la apuesta de la izquierda abertzale es «muy, muy importante» y, por otro, se muestran «extraordinariamente exigentes» con ETA. Olano también pidió al PSOE que tenga en cuenta la postura de Jesús Eguiguren porque, tras la decisión de prohibir la manifestación de Bilbao, tiene «dudas» de que la «prioridad» del Gobierno sea la paz.

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