Las Arenas llora a Mikel

Cientos de personas dieron ayer el último adiós al joven fallecido el martes al precipitarse su coche desde el Puente Colgante

EVA MOLANO| GETXO.
Numerosos jóvenes se acercaron ayer hasta la parroquia de Las Mercedes para despedir a su amigo. ::                             GABRIELA BARNUEVO/
Numerosos jóvenes se acercaron ayer hasta la parroquia de Las Mercedes para despedir a su amigo. :: GABRIELA BARNUEVO

Muy guapo y con un futuro prometedor antes de que la fatalidad se lo llevase de forma prematura. Así era Mikel Uriarte, el joven de 22 años que en la medianoche del martes perdió la vida cuando su coche se precipitó a la ría desde la barquilla del Puente Colgante, en la orilla de Portugalete. Tras el sentido homenaje floral que le brindaron el miércoles sus amigos en el lugar del accidente, la parroquia arenera de Las Mercedes acogió ayer la misa funeral. El templo se abarrotó de familiares, amigos y compañeros, llegados desde las aulas del colegio Munabe, las del instituto Getxo I, la academia de apoyo Cebe de Las Arenas o la facultad bilbaína de Elcano, la misma que Mikel quería cambiar por la Complutense madrileña y en cuyas instalaciones realizó el lunes su último examen.

Allí cursaba tercero de Empresariales, aunque aún le quedaban algunas asignaturas sueltas de cursos anteriores. Sus compañeros de clase se enteraron por la mañana de su trágica muerte. «El lunes hicimos un examen juntos», explicó consternada una compañera. «Era de Dirección Financiera II, y lo había aprobado. Era la última que le faltaba para poder irse a Madrid. Era un chaval muy majo, una bellísima persona», narró compungida.

La homilía abordó los misterios de la vida y de la muerte. «A veces la vida nos da estas fuertes bofetadas que no sabemos explicar. La esperanza es la única palabra que puede darnos algun sentido», resaltó el sacerdote.

«Lleno de planes»

El instante más emotivo llegó cuando los amigos de Mikel tomaron la palabra a turnos en el altar, entre lágrimas. Calificaron a Mikel como su hermano mayor, «no por edad, si no porque fue nuestro nexo de unión, único, irremplazable, un filósofo, capaz de disertar sobre cualquier tema, siempre con ánimo de arreglar el mundo, el capitán de nuestro barco».

Los amigos recordaron las cenas de grupo, los viajes, realizados con él o de los que siempre les traía algún recuerdo. «Era un tío genial, único. Quién si no él tenía un pato como mascota, usó 3 neumáticos como colchoneta en la playa, montó un grupo de música en su garaje con cuatro pucheros. Pero, sobre todo, tenía unas grandes ganas de vivir, siempre estaba lleno de planes, como el de irse a estudiar a Madrid. Siempre le llevaremos con nosotros», prometieron.

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