Los cuernos en Bilbao

JON URIARTE
Los cuernos en Bilbao

Por qué no puedo ir a los toros?», preguntó el sobrino. Y el tío ante aquellos ojos azul cielo, abiertos de par en par, se sintió como un novillero esperando a porta gayola. Incómodo, intentó explicarle que no es un espectáculo para niños. Y le ocultó, de paso, que en Vista Alegre se permite la entrada a menores. Pero el niño, desde la atalaya de sus 7 años, insistió. Y ante la negativa de sus padres, se pasó tarde y noche llenando de lágrimas las sábanas.

Contaba esto en Madrid, cuando uno de los contertulios mostró sus dudas ante la presunta afición taurina vasca. Añadió, además, que esperaba en nosotros una reacción más radical que en Cataluña. Y todo en un tono de esos que cabrean. Fue entonces cuando entré al trapo y luciendo astas. Vaya por delante que no soy aficionado. Pertenezco a ese grupo que ni siente ni padece, y que, si bien le da pena el morlaco, asiste a una corrida esporádica y se descubre pidiendo orejas. Aunque siempre me mojo, en lo de la polémica de los toros no lo tengo claro. Podría escabullirme y hablar de otra cosa. Pero, en este caso, el término medio también es una postura. Tras escuchar a unos y a otros, algunos nos consideramos 'agnósticotaurinos'.

Para empezar, no es un asunto político ni cosa de ahora. Allá por el siglo XVIII, los Borbones criticaron el espectáculo y Felipe V llegó a prohibirlo. También Carlos III y Carlos IV. Mientras, el pueblo seguía toreando. Que algunos hayan aprovechado ahora la ocasión para ondear banderas en Cataluña y en Madrid responde más al cretinismo político que a una realidad histórica. Dicho esto, regresemos a casa. Por ahora, no hemos picado con el asunto de los toros. Porque, aquí, nunca fue cuestión de identidades. Bilbao, por ejemplo, tuvo desde antaño más de una plaza y coso improvisado. Como la placita cuadrada de los Campos Elíseos. Hubo otras. Aunque, por lo habitual, se utilizaba la Plaza Vieja, donde se conformaba un ruedo circular tras el que se levantaban unos tendidos con andamios. Y así hasta hoy. Fue en esas arenas donde se hicieron toreros Diego Marquiarán Torróntegui, 'Fortuna' de Sestao, Serafín Vigiola del Torco, 'Torquito' de Barakaldo, y los bilbaínos Alejandro Sáiz Ortiz 'Ale' y Rufino San Vicente Navarro, más conocido como 'Chiquito de Begoña'. Por cierto, tal día como hoy, en 1908, tomaba la alternativa en Bilbao de manos del legendario Castor Jaureguibeitia Ibarra, 'Cocherito de Bilbao'. Y si salimos de la villa, la vida te da sorpresas. Más allá de Azpeitia, Eibar o San Sebastián, hubo afición y toreros en muchos rincones. He recabado información de más de 40 figuras. Desde Tolosa hasta Gallarta, pasando por Laguardia, Llodio o Elgoibar. Por no hablar de otros de menor relumbrón. Valga como ejemplo, al más puro estilo berlanganiano de 'La vaquilla', el caso de Jon Idigoras. El difunto líder de HB fue torero en su juventud. 'Chiquito de Gane'. Y aún hay más, su compañero de faenas era un conocido franquista de Amorebieta. Porque nunca hubo debate político, sino ético y moral. Tauromaquia o maltrato animal. Punto.

El contertulio madrileño seguía dudando, pero a esas alturas servidor tenía la mente en otra cosa. Una placa de metal con fondo blanco y letras en negro. 'Peña Manolete de Bilbao'. Está guardada en casa y perteneció al abuelo. Aficionado de pro, me hizo abonado de Vista Alegre nada más nacer. Que ni hijos, ni nietos saliéramos taurinos no ha impedido que un biznieto llamado Iker apunte maneras. Esto va a ser como lo de la casta de los toros. Que de repente te da una sorpresa. Así que está decidido. La próxima vez que me pregunte si puede ir a la plaza, le diré que se lo consulte a sus padres. Yo, si quiere y cuando toque, le explicaré de dónde vienen los niños.