'Sociopreferencia'

Tanto los jeltzales como los socialistas vascos necesitan que el acuerdo entre Zapatero y el PNV sobre los Presupuestos salga adelante

KEPA AULESTIAKEPA AULESTIA

La negociación en torno a los Presupuestos Generales del Estado para 2011 depara sorpresas. Tras el mundo de apariencias que describen las declaraciones de sus protagonistas, se ocultan intereses y miedos que irán aflorando en los próximos días. Negociar significa adentrarse en un túnel del que nunca se sabe cuándo y cómo se saldrá. Ello ocurre porque en realidad los objetivos no están del todo claros y, una vez iniciadas las conversaciones, los interlocutores se van alienando en el enredo. El tiempo transcurre y precisan ofrecer algún resultado, incapaces de romper el diálogo; de modo que la realidad de la negociación se vuelve poliédrica.

Es obvio que Zapatero está necesitado de la coincidencia con los jeltzales para salvar los Presupuestos y la legislatura. Pero junto a la imagen de un EBB engreído porque tendría cogido al presidente existe otra realidad: la de un PNV entrampado en su soberbia desde el momento en que se inicia la negociación. Y junto a las indudables muestras de incomodidad de los socialistas vascos, hay también un PSE-EE interesado en que el tejemaneje con el PNV salga adelante.

En su viaje por China y Japón el presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha procedido a una declaración por entregas de sus intenciones. Primero, designó al PNV como interlocutor «preferente»; luego, expresó su disposición a hablar sobre el desarrollo del autogobierno; más tarde, mostró su interés en que el compromiso con los nacionalistas vascos incluyera aspectos de largo alcance, como la reforma de las pensiones; después, acotó los términos de la negociación ateniéndose a la doctrina del Tribunal Constitucional; y acabó con una llamada solemne a los grupos parlamentarios para que aparquen sus inclinaciones partidistas, se avengan al interés general y faciliten la aprobación de los Presupuestos.

La envolvente descrita es la habitual en Zapatero; sólo que su eficacia depende del poder de quien la despliega, y el jefe del Ejecutivo está en horas bajas. El PNV ha entrado confiado en la negociación, seguro de tenerle cogido a Zapatero. Pero a medida que pasen los días, y visto que el inquilino de La Moncloa no les dará motivos evidentes para romper las conversaciones, a los jeltzales les resultará más difícil desentenderse de la aprobación de los Presupuestos. Les sería prácticamente imposible romperlas si el Gobierno central y el vasco llegan a un acuerdo para la transferencia de las políticas activas de empleo, por insatisfactorio que les parezcan los términos del mismo.

Además, a Zapatero le bastaría con posponer la resolución del problema. Puede que llegue un momento en que el PNV deba optar entre aceptar lo que le ofrezca el presidente o adquirir notoriedad como causante directo de la disolución anticipada de las Cortes. A los nacionalistas les puede dar más o menos lo mismo electoralmente. Pero Iñigo Urkullu sabe que un final precipitado de la legislatura no sólo aseguraría la derrota del PSOE, sino que acercaría al PP a la mayoría absoluta. Una perspectiva que atormentaría al Gobierno de Patxi López, pero que tampoco adelantaría la fecha en la que los jeltzales puedan volver a Ajuria Enea.

Los dirigentes del socialismo vasco comenzaron a incomodarse cuando hace meses vislumbraron la eventualidad de que Rodríguez Zapatero les pudiera ningunear a la búsqueda de una componenda con el PNV. Hoy no tienen más remedio que saludar el diálogo entre La Moncloa y el EBB como el deseado regreso de los jeltzales a la sensatez del entendimiento dentro del marco vigente. Los dirigentes del socialismo vasco -o algunos de ellos- pueden haber llegado a la conclusión de que Zapatero no les aporta ya nada. Pero esto no significa que una derrota por adelantado del presidente no les fuera a pasar una seria factura. De todas las malas noticias políticas que pudiera recibir el Ejecutivo de Patxi López, la ruptura de las conversaciones entre Zapatero y el PNV sería sin duda la peor. A pesar de que Urkullu lo desprecie como «lehendakari de saldo», el secretario general de los socialistas vascos está obligado a hacer de la necesidad virtud.

Así, el PSE-EE podría recuperar el discurso que ensayó tras las autonómicas, cuando al tiempo que calificaba de «socio preferente» al PP abría las puertas a la colaboración con los nacionalistas. Haciendo de la necesidad virtud, los socialistas podrían adelantarse al día después de los comicios locales y forales. Al fin y al cabo, al PNV no le interesaría suscribir un pacto -por otra parte imposible- como el de respetar la lista más votada. Le es más conveniente asegurarse de que no se aplique por sistema la 'sociopreferencia' entre el PSE-EE y el Partido Popular vasco. Resulta prácticamente imposible que, con el PSOE en franco declive, los socialistas vascos logren convertirse en la fuerza más votada en las próximas autonómicas, o que sorprendan electoralmente a sus adversarios en las locales y forales.

Mucho menos si los acontecimientos se precipitan y se quedan sin Zapatero. Pero la soberbia jeltzale puede verse obligada a admitir que, al final de su negociación con el presidente, necesita atar cabos con ese socialismo vasco al que ayer mismo pedía que no estorbase en la negociación presupuestaria. Es posible que estemos asistiendo al tramo final del «cambio en Euskadi» a un año y medio de que se iniciara. La 'sociopreferencia' varía su orientación para salvar al PSE-EE manteniendo unos meses más a Zapatero, al tiempo que el PP vasco se recoloca unido al destino de Mariano Rajoy.