El 'CaNibali' siciliano

El tercer clasificado en el Giro demuestra que viene a ganar la Vuelta y a ratificar su condición de nuevo ídolo italiano

J. GÓMEZ PEÑAMÁLAGA.
Nibali ya marcha quinto en la clasificación general. ::
                             AP/
Nibali ya marcha quinto en la clasificación general. :: AP

El azar y sus caprichos. Leonardo da Vinci dibujó en 1490 un boceto en el que se intuía el descubrimiento de la bicicleta. En su pueblo, en Vinci, vive ahora Vicenzo Nibali, tercero en el pasado Giro y candidato a ganar esta Vuelta. Nibali no nació en Vinci, sino en Sicilia, un lugar sin apenas ciclismo. Vicenzo quería ser corredor y el destino le trasladó muy joven a la cuna de Leonardo. Allí creció. Primero era un boceto y hoy, dicen, es el mejor presente del ciclismo italiano. Le llaman 'El tiburón del estrecho'. Por su ambición y por ser de Messina. También le dicen 'CanNibali'. Apodos voraces. Ayer atacó en Málaga y ya es quinto en la general.

Leonardo da Vinci imaginó con sus manos la primera bici. Salvatore Nibali, con las suyas, le fabricó a su hijo Vicenzo la primera bicicleta de su vida. Es barnizador y se da maña. Agarró un viejo cuadro de bici lleno de roña y, con ayuda del chaval, montó el resto de las piezas. Ese fue su regalo, un tesoro para el crío, que aún tenía ocho años. Un tormento para la madre, que regentaba una tienda de vídeo. El pequeño Nibali no dejaba de dar vueltas por el establecimiento. Un peligro. De allí, de la tienda, sacó las cintas de la 'Historia del Ciclismo'. Cada domingo, padre e hijo las veían en casa. Era su misa privada. El 'Tiburón' devoraba leyendas.

Quería ser Bugno, Chiapucchi... Con diez años se empeñó en subir el Etna, el volcán. Se unió a un grupo de cicloturistas veteranos. Aquel chaval estaba loco. El padre le conocía bien. Y ató una cuerda a la parte trasera del coche para remolcarle. Así subió. No había manera de frenarle. «Me lanzaba mucho en los descensos», contó en la revista 'Ciclismo a fondo'. «Un día mi padre me llevó a andar en bici hasta San Rizzo, en las colinas de Messina. Al volver a casa, después de las bajadas y las curvas, me dijo que era un temerario y que al día siguiente me iba a comprar un casco», recuerda. Vicenzo es hoy uno de los mejores bajadores del pelotón: ayudó al 'prudente' Basso a no perderse en los descensos del pasado Giro.

Los Nibali son sicilianos. Clan. Sangre caliente. «En una ocasión mi padre partió la bicicleta delante de mis narices porque me había peleado con un compañero del colegio». Le quitó lo que más le gustaba: el ciclismo. El peor castigo posible. A los 17 años, Vicenzo dejó la isla. Demasiado pequeña para el ciclismo. Cruzó el Estrecho de Messina y acabó en Vinci, en la Toscana, en la casa del director de un equipo juvenil, Carlo Franceschi. Serio y estudioso, el chaval se transformaba en carrera. Tiburón. 'CaNibali'. No dejaba de atacar. En 2004, en el Mundial sub'23 contrarreloj, logró el bronce tras Brajkovic y Thomas Dekker. Primer fogonazo. Un año después corría ya para el viejo Ferretti en el Fassa Bortolo. Ferretti le llevó al Giro de 2005, a la salida en Reggio Calabria, tan cerca de Messina. Pero no para correr, sino para ver la carrera desde detrás de las vallas. Que la conociera.

«Tranquilo y orgulloso»

Ahora, cinco temporadas después y ya con 25 años, Nibali ha subido al podio del Giro, tras su compañero Basso y el español David Arroyo. En 2009 fue séptimo en el segundo Tour de Contador. «Me he preparado para ganar la Vuelta», avisa. Está enamorado de la Lieja-Bastogne-Lieja y está hecho para las grandes vueltas. Cinco días antes del pasado Giro, le llamaron por sorpresa para cubrir una baja. Hizo la maleta. Agarró la vespa y fue de inmediato al Santuario de Tindari. «A rezar». Le escucharon. Fue líder tres días, ganó una etapa y acabó tercero tras desgastarse en favor de Basso. «Un día ganaré esta carrera», dijo el último día. Y dice que es «tranquilo» y algo «orgulloso». No soporta perder. El espíritu italiano. Siciliano, para más señas.

Por ser ciclista y largarse tan pronto de casa, se quedó sin hacer la confirmación. Pecado, pecado. Por eso, antes de pasar por el matrimonio, tuvo que volver a casa y acudir a la iglesia para poner las cosas en orden. Tiene fe y no tiene miedo. Controla como pocos la sensación de peligro en carrera. El tiburón no le teme a nada. Es un depredador sin rival. Y nada rápido. Como Nibali, un loco de las 'Ducati' y los coches. Aunque también es calculador: «Iba a comprarme un Porsche Carrera pero al final tengo un Audi S4. Es menos pretencioso y, además, en él me cabe la bici». El tesoro de 'CaNibali'.

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