Proponen dar vida a las naves vacías de Zorrozaurre con actividades para jóvenes

El centro cultural la Hacería quiere aprovechar el potencial de la zona a la espera del plan de regeneración

TERESA ABAJO T.ABAJO@DIARIO-ELCORREO.COMBILBAO.
Jornadas en el pabellón ZAWP. Abajo, antes de la reforma. ::                             H. A./
Jornadas en el pabellón ZAWP. Abajo, antes de la reforma. :: H. A.

Zorrozaurre es un territorio rico en espacios diáfanos y patrimonio industrial, dos tesoros que no abundan en Bilbao. Tampoco anda escaso de incertidumbre, con el plan de regeneración siempre en el horizonte y un calendario que parece abonado a los retrasos. Hay 19 pabellones que sobrevivirán a la operación urbanística y bastantes más condenados al derribo, aunque nadie sabe a ciencia cierta cuándo entrará la piqueta. «¿Qué hacemos mientras tanto? ¿Esperamos diez años a la ciudad del futuro?». La asociación cultural Hacería arteak, que ha echado raíces en el barrio, ha trasladado estas preguntas a las instituciones acompañadas de una propuesta concreta: aprovechar las viejas naves industriales, «con una mínima inversión», para acoger actividades creativas y oportunidades de empleo volcadas en la juventud.

Ellos han alquilado una antigua serrería que tiene los días contados -quién sabe cuántos- y conserva su techumbre de madera. Con materiales reciclados, algún sofá, una nevera y pintura color púrpura han logrado que resulte acogedora. En el callejón hay dos mesas con sombrilla y toda la zona es un espacio wi-fi que sirve de punto de encuentro a los vecinos del barrio. Aquí se han celebrado las Jornadas de Urbanismo, Rehabilitación, Sostenibilidad y Arte de Zorrozaurre, que aportan «una mirada diferente» al proceso de transformación urbana más prometedor de Bilbao. No se fijan en los resultados, sino en cómo sacar partido a la realidad inmediata. «Estamos instalados en el mientras, en la temporalidad», resume el director de Hacería arteak, Manu Gómez-Álvarez.

La propuesta de cesión de espacios temporales, que forma parte del proyecto ZAWP (Zorrozaurre Art Working Progress), se ha presentado a la comisión gestora que lidera la regeneración de la zona durante estas jornadas, y las instituciones la ven con buenos ojos. El gerente de la comisión, Pablo Otaola, asegura que en Europa «hay experiencias muy interesantes con usos provisionales de naves industriales, algo que en España apenas se ha hecho». Además, como las obras se van a ejecutar por fases, «hay pabellones que en diez años no se van a tocar. Es importante que la gente vea que están ahí, y que tienen utilidad», sostiene.

El área de Urbanismo, que dirige Julia Madrazo, está dispuesta a conceder «licencias provisionales para usos compatibles con viviendas» siempre que se cumpla la normativa de seguridad. Hay un límite. En los pabellones condenados al derribo se suspenderá automáticamente la concesión de licencias cuando se apruebe el Plan Especial de la zona, dentro de unos meses. «Hay que darse prisa para solicitar los permisos, y el proceso es complicado», afirma la coordinadora del proyecto ZAWP, la socióloga Ruth Mayoral. Con las 19 naves que se conservarán por su interés arquitectónico no hay tanta prisa.

Concurso de pintura

El proyecto cuenta con el apoyo de Lan Ekintza dentro de sus planes de empleo juvenil y promoción de las industrias creativas. El objetivo es atraer distintas actividades con un componente innovador, culturales o de otro ámbito, que se complementen entre sí. Los promotores deberán llegar a acuerdos con los propietarios de las naves y acondicionarlas «con lo mínimo. Limpieza, agua y luz» para empezar a trabajar. Hacería arteak, que forma parte de la recién constituida Asociación de Industrias de Zorrozaure (AIZ), mantiene contactos con agrupaciones de Gales, Alemania y Francia para aportar nuevas propuestas a estos escenarios.

En el pabellón ZAWP y en los bares de la ribera se exponen las obras del concurso de pintura al aire libre, en el que 26 artistas retrataron los rincones y matices de Zorrozaurre. La idea es dar continuidad al certamen y seleccionar los mejores trabajos para reflejar, año tras año, cómo se transforma la zona. Los cuadros formarán parte del centro de interpretación de la memoria industrial que se quiere abrir en uno de los pabellones, esta vez con vocación de permanencia. Para ello está recopilando testimonios de vecinos y trabajadores e imágenes en vías de extinción. La víspera del derribo del pabellón Lancor, por ejemplo, cinco fotógrafos entraron en el edificio e hicieron un último reportaje, recuerda Mayoral. Imágenes «impresionantes» que de otra forma se habrían borrado con las excavadoras.

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