Buenismo y malismo

El buenismo de cierta izquierda y el malismo de cierta derecha comparten una obnubilación similar del juicio

IÑAKI EZKERRA

Se inventó la palabra 'buenismo' para definir una actitud política que se ha pegado a la izquierda como una lapa aunque no era propiamente de izquierdas. Era un producto de la 'refusión' de la cultura 'new age' norteamericana con los ingredientes anarcos, hippies, místicos, hinduistas, budistas, humanistas, pacifistas, ecologistas… y cristianos que ya poseía originariamente aquélla y que son en realidad los que la habían generado. El ingrediente cristiano resultaba en este asunto importante hasta el punto de que influyó de manera decisiva en el éxito que tuvo la propaganda contra la participación de España en la guerra de Irak. Ésta es una de las paradojas del zapaterismo. Pese a su posterior e histriónico anticlericalismo, Zapatero llegó al poder apoyado por un sector católico de la sociedad española nada desdeñable que sentía escrúpulos morales ante el programa bélico de Bush. Y es que, al margen de que esos escrúpulos tuvieran su justificación desde la ética cristiana, no se puede obviar que el buenismo es una secularización perversa del evangélico ofrecimiento de la otra mejilla ante la bofetada del enemigo, sea éste la piratería tercermundista, el integrismo islámico, los nacionalismos etnicistas o los terrorismos de unos y otros.

Pues bien, frente al buenismo de la izquierda, de cierta izquierda, está el malismo de la derecha, de cierta y, sin duda, extrema derecha. El malismo consiste en otra obnubilación similar del juicio, pero esta vez por la vía de la impostación del realismo político y del pesimismo humano. Ante cualquier enemigo o mero rival, el malista siempre elige tomar el camino más tremendo para neutralizarlo aunque no sea ni el más inteligente ni el más práctico. El malista al sentido práctico y a la inteligencia los llama cobardía y tibieza y claudicación y traición. El malista ve traidores, blandos, tibios y cobardes por todas partes y en quienes no están por declararle la guerra a Irán ni por echar a todos los inmigrantes ni por acabar con todas las autonomías. Y le da igual que sus remedios sean peores que las enfermedades. El malista da por hecho que el Gobierno ha negociado con ETA y no espera a las pruebas. Paradójicamente, el pacto por el cambio vasco le parece una bajada de pantalones de los populares ante los socialistas aunque la ruptura que propone devolvería el poder a los nacionalistas. Paradójicamente, censura a Rajoy porque no presenta una moción de censura y a la vez porque se entrevista con Urkullu para hacer esa moción posible. Quiere salvar a la patria pero también quiere que reviente todo. Yo creo que la razón humana ha llegado hace tiempo a un grado suficiente de evolución como para distinguir la sensatez y la prudencia de la debilidad y la deslealtad. Igual quienes no son capaces de establecer esa distinción es que se hallan atascados en una fase evolutiva.

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