Adiós a un pedazo de Ibaia

Un juicio anterior ganado a la propietaria de los terrenos y un conflicto enquistado han impedido hasta ahora la prórroga del arrendamiento El Alavés no ha logrado renovar el alquiler de un campo y del párking que expira el día 30

Terrenos en litigio. Campo de hierba superior, una de las parcelas que el Alavés deberá abandonar en julio. ::
                              EL CORREO/
Terrenos en litigio. Campo de hierba superior, una de las parcelas que el Alavés deberá abandonar en julio. :: EL CORREO

Casi con toda seguridad, el Alavés tendrá que renunciar en breve al uso y disfrute de una parcela vital. El 30 de junio, el próximo miércoles, expira el alquiler que le aseguraba desde el 1 de julio de 2001 la utilización de un campo de hierba natural, el de la parte alta, y del aparcamiento de visitas de su provechosa ciudad deportiva José Luis Compañón, más conocida por Ibaia, a tiro de piedra de Vitoria y a la sombra de las torres de Zabalgana. Aunque mantiene la propiedad del resto del complejo -tres terrenos de juego, uno de césped artificial, y del otro párking, de acceso restringido a sus entrenadores, jugadores y asistentes-, perderá, en cambio, un espacio que le ha servido para trabajar su cantera, cada vez más productiva.

A lo que debe renunciar ya el Alavés por contrato son también algo más de dos hectáreas motivo de discordia. En los mejores años de la entidad, en Primera y de paseo por Europa, el ex presidente Gonzalo Antón levantó en Zuazo una instalación ejemplar, necesaria sobre la herencia adquirida a los herederos de Juan Arregui. A la par, arrendó ese otro trozo del que hoy se despide la casa albiazul. Esto lo hizo por ocho años, a razón de un millón de las antiguas pesetas por campaña -500 euros mensuales-, y el compromiso de abandonar la parcela al final del acuerdo privado, el 30 de junio de 2009. O sea, hace doce meses. También se obligaba, y he aquí la trampa, a dejar el espacio como lo recibió, a devolvérselo a su dueña, María Asunción López de Armentia, reacondicionado para empleo agrícola, como una pieza rústica, lo que fue antes de entrar el Alavés.

El conflicto que ahora genera este desaguisado empezó a cocinarse hace un año, cuando la sociedad deportiva debía dejar lo que no era suyo. En pleno declive futbolístico y económico albiazul, la directiva de Fernando Ortiz de Zárate negoció con los propietarios de esa parcela de Ibaia la prórroga del alquiler por una temporada más. Pero el asunto, entre conversaciones, dimes y diretes, acabó en el Palacio de Justicia. Mientras el club seguía disfrutando del campo, bautizado como Javier Berasaluce, gran portero de los años 50, y el estacionamiento contiguo, una demanda interpuesta por la dueña de la finca le exigía que cesara en su actividad y le indemnizara con 348.000 euros como precio de los trabajos de reacondicionamiento.

En una sentencia sorprendente, inesperada en Mendizorroza y desvelada por EL CORREO a finales de enero de 2010, el Juzgado de lo Mercantil de Vitoria dio por válido un «acuerdo verbal» entre las partes litigantes. Esto es, dio la razón al Alavés, se la quitó a los dueños y condenó a éstos a las costas del juicio, un doloroso pago para la demandante. Así, entre polémica y sentencia, el arriendo de Ibaia se alargó hasta el próximo 30 de junio. Y mejorado, todo hay que decir. La entidad albiazul, de acuerdo a lo pactado con el amo del recinto prestado, dobló la renta -1.000 euros al mes-, un total de 12.000 por el año extra. Triste consuelo para el titular del suelo.

El final

Hoy, la discusión sobre Ibaia se vuelve en contra del Alavés, cuando llega el irremediable final del contrato de arrendamiento. Sus intentos por desatascar el conflicto con López de Armentia y por mantener un campo necesario para sus jugadores y un párking imprescindible para alojar a los coches que acuden a la instalación a diario han caído en saco roto. Ya ni hay diálogo. Así, nada hace presagiar que la distancia entre las partes se vaya a acortar y las cosas vuelvan a su sitio. Sería preciso que se produjera un giro inesperado de los acontecimientos. Por tanto, el más que previsible desalojo obligará al Alavés a renunciar a lo que ha disfrutado durante nueve campañas y que tan bien le ha venido. Le puede ir mucho peor. Por contrato está obligado a reconvertir la parcela. Meter la excavadora y hacer que el campo de hierba y el aparcamiento vuelvan a su origen rural podrían costarle, según presupuesto, unos 200.000 euros. Tiene una opción manual de ahorrarse un dinero del que no dispone y consiste en poner a unos empleados, con pico y pala, a horadar el terreno, la mitad asfaltado. Un trabajo de chinos. Quizás no le quede otra.

Porque tampoco está dispuesto a forzar la situación y usar por las bravas lo que deja de ser suyo. Se metería en otro desbarajuste judicial, y esta vez saldría como gato escaldado. Y ni está en disposición, por su maltrecha economía, a trasladarse, como pretendió, al abandonado campo de tiro anexo, propiedad de la Junta Administrativa de Zuazo de Vitoria. Con ella ya negoció el alquiler del terreno, el cual, antes de nada, debería readaptarlo para uso deportivo. Los trabajos también le saldrían por un ojo de la cara. 60.000 euros, aproximadamente. Al perro flaco, al Alavés, todo son pulgas.

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