El vasco que seduce a Francia

Sicard, segundo ayer en el Dauphiné, enamora a una afición huérfana de mitos

J. GÓMEZ PEÑAENVIADO ESPECIAL. RISOUL.
El vasco que seduce a Francia

Era un día para desconocidos. Para la cima de Risoul, ínédita, despeinada por el viento alpino y con la nieve aún picoteando la cumbre. Y para Romain Sicard, el vascofrancés del Euskaltel-Euskadi. No ganó, eso lo hizo Vogondy. Sicard fue segundo, pero logró algo más importante: presentarse ante el público del Dauphiné, uno de los templos ciclistas. Lo hizo a su manera: osada, valiente. Cuando a dos kilómetros de la cima atacó Contador, Sicard resistió. Las conversaciones se tensaron entonces en las emisoras de los directores. «Romain, si no puedes seguir a los mejores, déjate caer y ayuda a Verdugo. Pero si estás bien, arranca». Fue escucharlo y saltar. El futuro del ciclismo estaba asomado ayer a esta ventana sobre los Alpes. Mirando a Sicard, brillante y enfadado. Pese a llegar segundo a Risoul -a apenas 12 segundos de Vogondy- y deslumbrar a la afición gala, puso mala cara: «He atacado tarde». Genética de ganador.

A la puerta del hotel que ocupa el Euskaltel-Euskadi en Risoul, Galdeano, el director de Sicard, le define así. «Es el porvenir del ciclismo francés». Sonríe y elogia. «Tiene sólo 22 años y he visto cosas en él que no he visto en nadie». Determinación. A Bernard Hinault también le tira Sicard. La prensa gala, ávida de un heredero para el mito bretón, le pregunta por el vascofrancés. E Hinault, rotundo, eleva el tono de las expectativas al responder que en Sicard ve algo de él. Del último gran ciclista francés. Suena alto.

Entonces, la prensa gala rodea al joven campeón del mundo sub'23. Rebotan las preguntas. «¿Por qué no está en un equipo francés?». Sicard responde: «El Euskaltel-Euskadi es el equipo más cercano a mi casa. Además, como soy vasco, tenía ganas de correr en el único conjunto vasco del pelotón». Aparece entonces la cuestión nacional: «¿Se siente vasco antes que francés?». Sicard tranquiliza a los micrófonos galos: «No, también soy francés. Lo que pasa es que me encanta la pasión con que se vive el ciclismo en el País Vasco. Amo su cultura. Es mi país, son mis raíces».

Pasado y futuro

Cae la tarde sobre el Dauphiné. Una hilera de nubles plomizas difumina las cimas. Asoman por ahí el Galibier, el Izoard, el col de Vars, el Lautaret, hasta los 2.744 metros del Agnello a lo lejos... En el Galibier, en 1973, Luis Ocaña desplegó su enfado. Los periodistas no le hacían caso. Todos los focos estaban en aquella edición del Dauphiné sobre Cyrille Guimard. Vale. Les cambió de idea a pedales. Destrozó la carrera en el Telegraphe y sólo Thevenet le soportó en el Galibier, entre paredes de nieve. En la meta, el tercero fue López-Carril, que entró a nueve minutos; Guimard llegó a más de media hora, cuando ya no quedaban preguntas para él.

Ayer, Francia se preguntaba por Sicard. ¿Al fin un sucesor para Hinault, Anquetil o Bobet? «Ufff. Aún estoy aprendiendo», rebaja él. «Todavía no sé si estoy hecho para carreras de muchas etapas. Soy campeón del mundo amateur, pero lo difícil será confirmarlo con los profesionales».

Esta temporada ni siquiera conocerá el Tour. «No dejan de llamarme desde Francia para ver si Romain va a correr el Tour. Pero no. Es pronto», descarta Galdeano, consciente de que Sicard cotizará al alza con el paso del tiempo. «Hay que ser realista -apoya el ciclista vascofrancés-. Participar este año en carreras como la París-Niza o el Dauphiné ya es bastante para mí».

Le sobra tiempo. Ayer, la cima de Risoul y Sicard ingresaron en la historia del Dauphiné. Para quedarse. Risoul es un descubrimiento; Sicard, un descubridor. Mañana conocerá el Alpe'Huez. «Siempre he soñado con subir esos puertos de leyenda», dice tímido.

Ahí están, delante. A la vista desde su hotel en Risoul. Al alcance en el futuro. Francia le espera desde antes incluso de que naciera. Desde Hinault y Fignon. Por eso le preguntan. Le descubren: es de Hasparren y nació en Baiona; es bruto, viene de un pueblo donde el rugby es religión; es entusiasta y por eso disputaba en el Orbea hasta los sprints especiales; es guerrero y se enamoró de las trincheras de adoquines de Roubaix; es vasco y así le pudo fichar Miguel Madariaga... Y también es francés, afortunadamente para el país del Tour, para la Francia huérfana de mitos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos