La 'media naranja' de Chillida-Leku

Un nuevo museo mostrará el proceso de creación del escultor y su maquinariaChillida Lantoki será inaugurado el 21 de julio en la antigua papelera Patricio Elorza de Legazpi

:: CRISTINA LIMIALEGAZPI.
La 'media naranja' de Chillida-Leku

Una pila de fotografías enormes sobre Chillida cruzaban ayer la puerta de la antigua papelera de Legazpi. Su llegada viene a encajar las últimas piezas del espacio Chillida Lantoki, que será inaugurado el próximo 21 de julio, ocupando cerca de mil metros cuadrados de la fábrica que, en su día, albergó la producción de papel en la localidad.

El nuevo espacio nace con visos de convertirse en la 'media naranja' del museo Chillida-Leku: «La idea es que ambos se complementen, ya que cada uno posee lo que el otro no tiene», cuenta el hijo del artista, Ignacio Chillida. «La gente llega a Legazpi preguntando por las obras de Chillida, pero aquí no van a encontrar las obras, sino todo lo que rodeó a la creación de las mismas», explica el director de Lenbur, Aurelio González.

Ambos contemplaban ayer la llegada de las seis enormes imágenes que ocuparán una de las grandes paredes de Chillida Lantoki. Su colosal tamaño, cercano a los 4x4 metros, hizo que las fotografías tuvieran que ser realizadas y transportadas en partes. A lo largo de estos días están siendo ensambladas y colgadas en el lugar. Todas ellas fueron realizadas por el fotógrafo Catalá Roca y reflejan a un Chillida enérgico y entusiasta, dando indicaciones, observando y siguiendo de principio a fin las distintas fases del trabajo que llevó a cabo en la antigua fábrica Patricio Echeverría, S.A. de Legazpi, donde el escultor encontró las puertas abiertas para hacer realidad sus diseños a gran escala.

Al igual que las fotografías, en los últimos dos años han ido llegando a la localidad los talleres de papel y forja que el artista tenía en San Sebastián, la maquinaria pesada con la que realizó buena parte de sus esculturas -una prensa de más de 90 toneladas, un martillo, una cuchara y un manipulador- y las pantallas táctiles en las que se volcará toda la información del museo.

Todo ello se encuentra ya dentro de la antigua papelera, en la que no se han querido borrar las huellas del pasado. Al igual que el propio Chillida trabajaba con el hierro -«Jamás intentó doblegarlo, una de sus principales virtudes era saber hasta dónde podía llegar sin traicionar al material con el que trabajaba», explica su hijo Ignacio-, la antigua papelera ha sido adaptada de una forma sencilla y sin excesos. «La idea es que se respire en ella lo que era, un lugar de trabajo», apunta Ignacio Chillida.

Hierro abajo y papel arriba

Dos plantas forman el nuevo espacio ubicado en Legazpi, donde la única intervención arquitectónica ha sido la balconada construida en el piso de arriba. La planta baja está dedicada a la forja, al mundo del fuego y el martillo. En ella se pueden encontrar elementos originales del taller que Chillida tenía en San Sebastián: «Están colocados de manera aleatoria, sin pretender hacer una reconstrucción del taller, aunque al entrar se respira exactamente lo mismo», cuenta el hijo del artista.

Le acompañan las imágenes de Catalá Roca, cuatro de las máquinas (la prensa, el martillo, la cuchara y el manipulador) en las que Chillida elaboró buena parte de sus esculturas en Patricio Echeverría, la antigua máquina que funcionó en la papelera y unas jugosas píldoras informativas distribuidas en soportes audiovisuales. En ellos se pueden ver, entre otros, las entrevistas realizadas a los fundidores, horneros, forjadores, sopletistas, ... que participaron en la elaboración de las obras de Chillida a pie de fábrica o el documental realizado por la hija del artista, Susana, sobre las fases de creación de las obras.

La planta de arriba está dedicada al papel, «donde Chillida componía la 'música de cámara', en contraposición al trabajo de la forja, donde debía ejercer el rol de director de orquesta», explican desde Lenbur.

Imágenes, audiovisuales y tres mesas táctiles completan esta segunda planta, que culmina con el taller de grabado que Chillida poseía en la capital guipuzcoana. «A partir de finales de los 70, Chillida estampó la mayoría de su obra gráfica a través de las máquinas y elementos que ahora podemos ver en Legazpi», cuentan desde la fundación. Este taller fue creado por Ignacio Chillida y su mujer, Mónica Bergareche, y en él trabajaron diversos artistas como Andrés Nágel, Vicente Ameztoy o Amable Arias.

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