Un garaje monumental en Bilbao

Comienzan los trámites para declarar monumento un parking de Indautxu

TERESA ABAJOBILBAO.
El edificio tiene «mucha presencia en la ciudad». ::                             PEDRO URRESTI/
El edificio tiene «mucha presencia en la ciudad». :: PEDRO URRESTI

Ninguna ciudad puede vivir sin garajes, aunque tampoco suele recrearse en sus valores estéticos. Los bilbaínos, acostumbrados a fijarse con ojo crítico en sus tarifas y en sus goteras, deberán mirar a partir de ahora con otros ojos uno de los aparcamientos de la villa. El Departamento de Cultura del Gobierno vasco ha iniciado el procedimiento para declarar monumento el Garaje Indautxu -más conocido como San Mamés- situado en el número 75 de Alameda Urquijo, muy cerca de los multicines. El edificio, que también alberga algunas viviendas, fue construido en los años cuarenta y es un ejemplo del estilo racionalista perfectamente integrado en la trama urbana del Ensanche. «Tiene mucha presencia dentro de la ciudad», destacan los expertos.

El arquitecto José María Sainz Aguirre proyectó el inmueble en 1941 y se construyó en los dos años siguientes. En hormigón armado, aunque el ladrillo caravista que recubre parte de la fachada es una de sus señas de identidad. Estaba destinado a una empresa de calzados que, sin embargo, nunca llegó a instalarse allí por la incomodidad que suponía el traslado de las instalaciones. Es un edificio único por su combinación de usos: plazas de garaje, viviendas y talleres. Estos últimos cerraron, pero dicen que todavía conservan «maquinaria que no existe en ningún sitio».

El inmenso garaje, que abarca desde José María Escuza hasta Sabino Arana, admite estancias por horas, por días y por meses y también se dedica a la venta de combustible. El bloque tiene cinco plantas, más un pequeño torreón en el chaflán, y las dos de arriba están ocupadas por viviendas con balcones corridos. Aunque la imagen exterior es de abandono, los técnicos del Gobierno vasco aseguran que la estructura «está en buenas condiciones». Bajo la suciedad de la fachada se puede apreciar su «rotundo repertorio formal». Las típicas ventanas de los pabellones industriales, toda una rareza en pleno Ensanche, y el trazo curvo que realza su presencia en la esquina. Es una arquitectura que «dialoga con el entorno» y «contribuye decisivamente a configurar el lugar en el que se sitúa», según destacan los informes de los expertos en patrimonio.

Un proceso de seis meses

El proceso para declararlo monumento, que pretende «preservar sus valores ambientales, estéticos y visuales», durará alrededor de seis meses. El Departamento de Cultura del Gobierno vasco ha abierto el expediente y lo ha notificado al Ayuntamiento, las áreas de Cultura y Transportes y Urbanismo de la Diputación y la consejería de Medio Ambiente del propio Ejecutivo, así como a los propietarios. Tienen un plazo de quince días para presentar alegaciones. Una vez respondidas, si no se ven motivos en contra la declaración pasará a ser definitiva y el inmueble se inscribirá en el inventario de bienes de interés cultural de la comunidad autónoma.

La nueva categoría impondrá muchas limitaciones a la hora de modificar el aspecto exterior del edificio, pero sus propietarios podrán acceder a ayudas del Departamento foral de Cultura para acometer obras de restauración.