«El ciclismo es una montaña rusa, como la vida»

El escalador vizcaíno recupera su mejor versión tras superar lesiones, caídas y un par de problemas personales que casi le hundieron

J. GÓMEZ PEÑABILBAO
Gesto de rabia al cruzar la meta de El Morredero (Vta. Castilla y León) como ganador. ::                             NORTE DE CASTILLA/
Gesto de rabia al cruzar la meta de El Morredero (Vta. Castilla y León) como ganador. :: NORTE DE CASTILLA

Mil rayos de rabia agrietaron el gesto ganador de Igor Antón (Galdakao, 27 años) cuando hace unos días cruzó primero la cima de El Morredero por delante de Contador. Llevaba tiempo lejos de algo así. Y lo peor: había pasado el invierno bajo el peso de la palabra de hielo: cáncer. El de su madre. «Ya está solucionado», cuenta con alivio. A ella le entregó el ramo de flores de esa victoria. Doble triunfo. En la Vuelta a Castilla y León, el ciclista del Euskaltel-Euskadi desveló su furia. Sobre la carretera, pedaleando con su hélice de piel y carbono, sin secuelas de sus lesiones. Y sobre el podio, emocionado. La enfermedad de su madre y una ruptura sentimental le habían atado las piernas con un nudo corredizo. Asfixia. Lo empezó a soltar en la Klasika Primavera (segundo) y se lo quitó del todo en El Morredero. De ahí, tanta rabia contenida. Esta semana, ya sin ataduras, ha volado en la Flecha Valona (acabó cuarto el pasado miércoles) y vuela hoy en la Lieja-Bastogne-Lieja.

- ¿Cómo se sintió al verse entre los mejores de la Flecha Valona?

- Nunca había corrido estas clásicas. Las veía por la tele. Me daban respeto. El día anterior me entrené con los compañeros de equipo por el tramo final y sentí ese respeto por rodar en un lugar tan histórico. En carrera, salí a ser valiente, a darlo todo. Di la cara. Y me quedé con muy buena sensación. Estoy muy orgulloso de lo que hice. Al final me pasaron sólo tres (Evans, Joaquín Rodríguez y Contador), tres grandísimos corredores. Y por detrás llegaron también grandes estrellas.

- ¿Cómo recuerda ese final en el Muro de Huy?

- Había arrancado Kloden. Me frené, pero no lo suficiente. Me vi tan delante que me la jugué. Que sea lo que sea. Y en una curva a la izquierda, a unos 400 metros de la meta, en el tramo más pendiente, me dije: 'Voy a dar un punto más a ver si soy capaz de soltar a Contador'. Luego vi el vídeo en el hotel y sí que le hice sufrir. Quizá nos enterramos los dos en esa curva. Al final nos pasó Cadel Evans, que tiene mucha experiencia en estas carreras. Pero el cuarto puesto supone mucho para mí. A ver si puedo rematar otro año en esta clásica.

- ¿Habló después con Contador?

- No, no hubo tiempo. Hablamos unos días antes, en la Vuelta a Castilla y León. Ahora no es tan fácil hablar con él porque va siempre delante del pelotón, muy arropado por sus compañeros. Pero sí que hablamos del Morredero. Tenemos buena relación.

- Hacer sufrir a Contador en las subidas confirma su condición de gran escalador.

- Por suerte o por la genética que me han dado mis padres, mi terreno es la montaña. Cuando estoy a tope, sé que puedo ganar etapas de montaña. Me veo capaz de dejar atrás como en El Morredero a gente como Contador o Mosquera. Vuelvo a estar en el punto que dejé en aquella Vuelta a España (la de 2008, cuando se cayó). El tiempo me ha devuelto a mi sitio.

La caída del Cordal

- Rebobine hasta aquella curva del Cordal, camino del Angliru, donde patinó y tuvo que abandonar la Vuelta 2008. ¿Qué pudo pasar sin esa caída?

- Me lo recuerda mucha gente que estaba viendo la etapa. Siempre he dicho que de caerme, mejor cualquier otro día. Pero no ése. Sé que ganarle a Contador era muy difícil, pero seguro que habría estado delante. Y aspiraba a un buen puesto en la clasificación general. Me vi disputando una Vuelta. Cogí confianza.

- Pero la recuperación fue lenta.

- Coincidió con el invierno y me recuperé bien. Lo que pasa es que durante todo 2009 no me sentí a gusto. Iba como arrastrando algo, una mochila que me frenaba. No sé. Hice mucho gimnasio y me centré sólo en el Tour. Quizá no soy corredor de un único pico de forma. No me sentí nunca bien en ese Tour. Sin frescura. Además, me caí tres veces. El trompazo en la etapa Barcelona me dejó muy tocado. También me caí en Arcalís. Lo único bueno de ese Tour fue el golpe de pedal con el que vine. Eso me permitió ganar la Subida a Urkiola. Ese triunfo, en un momento crítico para el equipo y para mí, fue muy importante.

- Muchas caídas.

- Tuve una mala racha, sin más. Pero me considero afortunado. En mi primer año profesional conocí el Giro; en el segundo, gané una etapa en la Vuelta (Calar Alto)... El año malo fue 2009. Hay que aprender también de eso. Hice borrón y cuenta nueva.

- ¿Llegó a dudar sobre si iba a recuperarse por completo?

- Sí. A veces. No estaba mal, pero no tenía soltura. Me daba la impresión de que había retrocedido dos pasos. Incluso en la concentración invernal del equipo no lo tenía aún claro. Luego me fui solo a Calpe y me entrené muy duro. Ahora recojo los frutos.

- ¿En quién se apoyo cuando las dudas?

- Pues un poco me he tenido que ayudar yo mismo. Y la familia, que siempre está ahí. Además, hace poco tuve un palo (una ruptura sentimental) que me dejó muy tocado. Me dieron ganas de dejarlo todo. Pero al final me he dado cuenta de que tengo que tirar hacia delante. Con todo lo que me ha costado llegar hasta aquí, no iba a arrojar la toalla. Por eso he sacado más rabia. En las últimas carreras he buscado hasta lo imposible, atacando desde lejos. Quería sacar todo lo que llevo dentro, como en Amorebieta o El Morredero.

- Ese revés afectivo ha rescatado su genio.

- Me han pasado muchas cosas este invierno. Antes de ese problema lo pasé muy mal por la enfermedad de mi ama. Le detectaron un cáncer, del que ya ha salido y está muy bien. Eso me hizo endurecerme. Y fue luego cuando me pasó lo otro (la ruptura sentimental). De ahí que a veces me sintiera hundido. Pero no podía perder todo por lo que he luchado. Reaccioné. En el Muro de Huy tuve la sensación de que daba el 110 por cien de mí.

- Una enfermedad relativiza otro tipo de problemas.

- Claro. Y te ayuda a centrarte más. Fui a la Vuelta a Castilla y León con la etapa de El Morredero en la mente. Aunque estuviera Contador. Me recomendaron incluso que hablara con Alberto, para que él se llevara la general y yo la etapa. Pero no. Yo quería ganar por mis fuerzas y así lo hice.

- Desde el podio entregó el ramo de flores a su madre.

- Sí, mis padres me siguieron toda la vuelta. Fue un momento muy emocionante. Le dediqué la victoria.

- Entró en la meta con un tremendo gesto de rabia.

- Era como si llevara un peso. Disfruté de la victoria, pero me han pasado tantas cosas en los últimos meses que tenía una sensación extraña. Sentía como un vacío dentro. Por eso la rabia.

El Tour, «algún día»

- Su meta en 2010 es la Vuelta a España.

- Sí. Prepararé a conciencia esa carrera.

- ¿Y volverá al Tour de Francia en el futuro?

- Sí. Aunque quizá yo no sea un corredor con características para esa gran vuelta. Hay mucho terreno de rodar, tensión... No sé. Lo que pasa es que todavía no he conseguido llegar bien de forma al Tour. Sé que puedo lograrlo. Y que, olvidándome de la general, aspiro a ganar etapas. Donde esté una etapa del Tour... Como cuando ganó Laiseka en Luz Ardiden.

- Lo vio en directo.

- Sí, era la primera vez que iba a ver el Tour, en 2001. Entonces, corría en categoría juvenil. Recuerdo que aquel año aún no había empezado a competir porque tenía problemas de espalda. Y ver ganar allí a Roberto (Laiseka) me gustó tanto que me dije: 'Tengo que hacerlo yo algún día'.

- Tiene tiempo. Acaba de cumplir 27 años.

- Sí. En este deporte un día estás arriba y otro te ves abajo. El ciclismo es como una montaña rusa. Y la vida, también.