«Mi gato es mi única familia»

Un hombre queda atrapado tres días en el pozo de su casa en Alicante al intentar rescatar a su mascota

MIRIAM SAINZBILBAO.
«Mi gato es mi única familia»

«Siete vidas tiene un gato, seis vidas ya he quemado y ésta última la quiero vivir a tu lado». Los versos que popularizó el malogrado Antonio Flores bien podría haberlos entonado Ulman Wojciech el pasado jueves, cuando, asustado, se lanzó pozo abajo para rescatar a su minina -negra, para más señas- de una muerte segura. En lo que no cayó este polaco de 29 años es en lo profundo del aljibe. A pesar de fabricarse una cuerda al más puro estilo casero, no pudo evitar quedar atrapado allí abajo durante 72 angustiosas horas.

Wojciech, oriundo de Cracovia, no se lo pensó dos veces cuando Julia, su pequeña y oscura gata de dos años, se precipitó por el pozo de su domicilio en la localidad de Benitatxell, Alicante. Un depósito estrecho, profundo, oscuro y lleno de humedad. Asustado por el destino que había corrido el animal, unió apresuradamente varias cuerdas y bajó por el lúgubre agujero con el único pensamiento de rescatar a la que él considera su «única familia». «No la podía sacar de ninguna manera, así que tenía que bajar a por ella». Y allí que fue. A seis metros, en la más tenebrosa negrura, estaba Julia, compartiendo seguramente el mismo estado de desconcierto que Wojciech.

Al polaco le duró poco la alegría. Cuando quiso volver al exterior, se rompió la cuerda. «Y me quedé encerrado». Como vive solo, nadie se percató de la ausencia del joven. Las horas pasaron y Wojciech y su gata seguían atrapados en lo que cada vez parecía más una tumba. Tres días hicieron falta para que su vecino se extrañara del escaso movimiento en el domicilio del cracoviano y decidiera entrar en su parcela a investigar. Los gritos de auxilio procedentes del aljibe le hicieron comprender que había que llamar a la Guardia Civil.

Siete especialistas fueron necesarios para rescatar al hombre, que fue trasladado inmediatamente al Hospital de Denia para ser tratado de las magulladuras y el desfallecimiento que presentaba. A lo largo de aquellas 72 horas, sin nada que llevarse a la boca y hundido hasta la cintura en el agua, Wojciech no dejó de luchar para salir de ese angosto infierno, intentando escalar hasta la boca del pozo. Sus palmas aún muestran las marcas de sus desesperados esfuerzos por trepar. «Conseguí subir un metro, pero Julia se volvió a caer», lamentó.

Después de una noche en observación en el centro sanitario alicantino, el joven salió el lunes en silla de ruedas y con la bata del hospital, ya que la ropa que llevaba quedó totalmente inservible. Debajo escondía varios arañazos en su abdomen, causados por su querida Julia. El joven, incluso en los momentos más duros de su dramática experiencia, no dejó de proteger a su mascota. «La tenía debajo de la camiseta y me agachaba para darle calor».

Una ambulancia devolvió a Wojciech junto a su única familia: la gata, que debe a su atento vecino al menos una de las siete vidas que, según dicen, tienen los de su especie.