El entusiasmo de Gregorio Marañón

El autor recuerda al científico, escritor y pensador Gregorio Marañón en el 50º aniversario de su muerte. La universalidad de su obra reside en su «humanidad ética, moral, cultural e histórica y, sobre todo, en su estusiasmo y equilibrio espiritual»

DANIEL REBOREDOHISTORIADOR
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                             JESÚS FERRERO/
:: JESÚS FERRERO

El término 'humanismo', surgido en el Renacimiento y plasmado en una expansión vital desconocida hasta entonces, es una concepción filosófica definida por la centralidad del hombre en el mundo, así como por el interés y respeto por la dignidad de las personas y sus capacidades y potencialidades. En las últimas décadas hemos asistido a la transformación humanista de la medicina académica, pasando del humanismo médico tradicional a la disciplina militante de las humanidades médicas, la filosofía de la medicina y la bioética. Esta nueva forma de medicina, este modelo bioético o humanista, este relativismo humanista, esta superación del binomio dogmático ciencia-técnica, tuvo precedentes aislados cuyas aportaciones sirvieron para configurar una base sobre la que construir los cimientos sólidos que hoy se pretenden realizar.

Gregorio Marañón, de cuyo fallecimiento se cumplen mañana cincuenta años, fue uno de ellos. Científico, escritor, historiador, médico y pensador, forma parte del reducido elenco que conforman los más destacados intelectuales españoles de los siglos XIX y XX, y, al igual que muchos de ellos, estuvo comprometido política y socialmente, oponiéndose a la dictadura de Miguel Primo de Rivera (acusado de participar en la Sanjuanada de 1926), apoyando inicialmente la Segunda República (junto con José Ortega y Gasset y Ramón Pérez Ayala crearon la 'Agrupación al Servicio de la República' en 1931; el 14 de abril del mismo año se reunieron en su casa el Conde de Romanones y Niceto Alcalá Zamora acordando el exilio de Alfonso XIII y la proclamación de la República; participó como diputado en las Cortes Constituyentes), hasta que se radicalizó (criticó los excesos de ambos bandos contra la dignidad humana), y rechazando el comunismo. Como su vida peligraba, se exilió en París hasta 1942, aunque no pudiese reiniciar su labor académica hasta 1946. Su trascendente y reflexivo humanismo estuvo acompañado siempre de un profundo liberalismo. Liberalismo ideológico, ético y personal que precedía al monopolio político del término a partir del siglo XIX, comprometido con la libertad y con el respeto hacia las ideas de los otros que tan poco gustó en la España de Franco, aunque fuera tolerado por su prestigio, al hacer apología de la necesidad de que se produjese la reconciliación nacional entre españoles.

A la par que se acrecentaban estas inquietudes y el interés por el ser humano, desarrolló su faceta profesional instruyéndose en campos como la endocrinología, cuyos primeros pasos se daban entonces en España ('La doctrina de las secreciones internas', 1915; 'Endocrinología', 1930; 'Fisiopatología y clínica endocrinas', 1955, etcétera), métodos de rejuvenecimiento, gerontología, psicosexualidad ('Tres ensayos sobre la vida sexual', 1926; 'Los estados intersexuales en la especie humana', 1929, entre otros) e investigaciones sobre las paratiroides, la pituitaria, las suprarrenales y el tiroides. Su entusiasta y vehemente dedicación a la medicina estuvo siempre complementada por su faceta de escritor en el campo de la biografía, el ensayo y la historiografía y su enorme interés por el arte, la estructura de la ciencia, la filosofía, la historia, el hombre y la literatura, temas que trató con elegancia y fino estilo literario. Plasmó las grandes pasiones humanas en diversos personajes históricos, creando el denominado ensayo biológico, tal y como se refleja en obras como 'Las ideas biológicas del padre Feijoo', 1934; 'Don Juan. Ensayo sobre el origen de su leyenda', 1940; 'Luis Vives. Un español fuera de España', 1942; 'Cajal: su tiempo y el nuestro', 1950; etcétera). Finalmente, debemos recordar sus aportaciones literarias al campo del pensamiento, tales como 'Vocación y ética', 1935; 'Crónica y gesto de la libertad', 1938; "'Vida e historia', 1941; 'Ensayos liberales', 1946; 'Españoles fuera de España', 1947; o 'El alma de España', 1951.

Preocupado por la falta de tradición científica española, por el exiguo número de investigadores y por las escasas aportaciones al desarrollo de la teoría científica en el país, tal y como sigue ocurriendo en nuestra época, reivindicó siempre la necesidad de cambiar esta situación y trabajó para ello. Todos sus escritos se caracterizan por una inteligencia expositiva que fusionó positivamente el ensayo literario y el propiamente científico. Sin embargo, la universalidad de su obra no reside exclusivamente ni en sus contribuciones científicas, ni en las históricas, ni en las literarias. La importancia de las mismas sería mucho menor si no estuvieran impregnadas de humanidad ética, moral, cultural e histórica y, sobre todo, de entusiasmo y equilibrio espiritual. Entusiasmo que siempre ha sido uno de los grandes motores de la Humanidad, cuna y origen de los más trascendentales descubrimientos científicos, de los extraordinarios cambios en la historia, de las más increíbles hazañas humanas y, finalmente, combustible imprescindible del desarrollo personal tal y como se refleja en el protagonista de este artículo.

Entusiasmo que en el caso de Marañón se añade al tiempo dedicado a sus actividades y pasiones y a la experiencia que proporciona el esfuerzo constante aplicado al desarrollo personal. Entusiasmo que potenció sus capacidades, científicas y humanas, que le permitió alcanzar un mayor grado de concentración y le posibilitó fusionar facilidad y praxis con tenacidad y tesón. Es el entusiasmo el mejor estímulo para la persona. El hombre, el ser humano, es el centro de toda su producción científico-literaria y en ello encontramos el germen de la medicina a la medida del hombre, el ser de razón y de libertad, que pugna por consolidarse en la actualidad superando las múltiples trampas que jalonan su camino.