Un susto cultural

PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

He de reconocer que a mí con la nueva Alhóndiga me pasa lo mismo que con la comunión de los santos o la dictadura del proletariado: me suena, me hago una idea aproximada, pero no comprendo exactamente lo que es. Verán, yo tiendo a creer que la fantástica Alhóndiga será un edificio de mucho diseño en el que habrá un polideportivo y una biblioteca. En el lugar, creo yo, se harán cosas culturales: exposiciones, conferencias, conciertos, combates de lucha libre que sean al tiempo desfiles de moda y performances psicoanalíticas. Un poco lo normal, lo que marca la época.

Sin embargo, uno husmea en los documentos que produce el propio ente alhondiguístico y no termina de aclararse. Según esos papeles, La Alhóndiga será «un espacio multidisciplinar orientado al crecimiento integral de la persona y al desarrollo de las relaciones humanas». Es una definición primorosa, evanescente. Puede referirse a un bar que tenga tablero de parchís y a uno de esos centros evangélicos en los que se dice mucho aleluya. También nos cuentan que allí se harán actividades que «apoyen experiencias positivas para las distintas etapas de la vida». Un salón de masajes, no sé. Un chiqui-parque.

Llegado el caso y por darle algo de consuelo a mi alma materialista, yo he solido recordarme que La Alhóndiga era algo que costaba unos cuarenta millones de euros. Esa era la cifra que venía manejándose durante años: un número contante, sólido, escasamente metafórico. Bueno, pues tampoco. No era un número, era otro símbolo. Los responsables del centro nos aclaran que el precio del invento supera los setenta millones de euros. Según parece, la otra cantidad era sólo una aproximación, un borrador. Al conocer el nuevo presupuesto, uno piensa que hay que ver lo caro que está todo. También que es un poco raro que la propia autoridad alhondiguera haya tardado tanto en sacarnos de nuestro error presupuestario. Al fin y al cabo, nosotros pensábamos que la cosa costaba casi la mitad y ahora nos llevamos esta sorpresa, este susto. Cuando digo susto me refiero a una experiencia escasamente positiva para esta etapa nuestra de la vida, que vaya a saber usted cuál es, pero que seguro acaba mal.