La hora de Shanghai

A sólo un mes de la inauguración de la Exposición Universal, el pabellón español recubre de mimbre la estructura diseñada por Benedetta Tagliabue

ZIGOR ALDAMA ENVIADO ESPECIALSHANGHAI.
Los obreros trabajan a ritmo febril para terminar el pabellón español. ::                             ZIGOR ALDAMA/
Los obreros trabajan a ritmo febril para terminar el pabellón español. :: ZIGOR ALDAMA

No hay tiempo que perder. Es hora de sacar la artillería pesada. Los gigantescos relojes que salpican Shanghai prosiguen, inmisericordes, su cuenta atrás. Haibao, la alegre mascota azul del flequillo loco, sonríe en cada esquina, pero en el recinto de la Exposición Universal la actividad es frenética, y predominan los ceños fruncidos y las muecas de desesperación. Se echa encima la marca psicológica de los 30 días, y todavía queda mucho trabajo por delante. La mayoría de las estructuras están ya acabadas, pero, en el interior de los impresionantes edificios, los obreros corren de un lado para otro mientras ingenieros y arquitectos de cien países se rascan la cabeza y discuten con sus homólogos chinos.

«La relación con la empresa constructora china es complicada, y hay abundantes problemas en la construcción», reconoce uno de los jefes de obra españoles, que prefiere mantener el anonimato. Se han dado casos de chantajes, incluso en el pabellón de España, en los que las compañías locales han tratado de aumentar repentinamente el presupuesto «o, de lo contrario, aseguraban que no terminarían a tiempo el trabajo». Este hecho ha acarreado retrasos, aunque tanto el recinto nacional como los de las tres ciudades españolas que estarán representadas en este acontecimiento -Madrid, Barcelona y Bilbao-, estarán listos a tiempo.

De hecho, el buró de la Expo ha ordenado que todos los pabellones temáticos estén listos pasado mañana, fecha en la que se presentará a la prensa el espectacular 'cesto' de España, y comenzarán las diferentes pruebas con público para ultimar detalles. «Pero es evidente que muchos no van a llegar a tiempo, y seguro que varios países ni siquiera habrán terminado las obras para el día de la inauguración», augura Carmen Bueno, representante de Ingeniaqed, la empresa sevillana encargada del diseño y los contenidos del Pabellón del Futuro, y la única española que asesora al comité organizador del evento.

Con sus luces y sus sombras, el próximo día 1 de mayo está llamado a cambiar la cara de la mayor ciudad china, un cóctel de hormigón y acero poblado por veinte millones de almas. Comenzará entonces la Expo de los superlativos: la más grande, la más visitada y la más cara. Ningún país quiere dejar pasar la oportunidad de lucirse en el territorio que disfruta de mayor crecimiento económico, así que, a pesar de la crisis, los presupuestos que se manejan son de récord. España invertirá 55 millones de euros, a los que se suman los 9 millones de Madrid, los 3 de Barcelona, y los 2,5 de Bilbao.

Juegos de poder

«La Expo va a reflejar el nuevo orden mundial. No sólo porque se trata de la primera que se celebra en un país en vías de desarrollo, sino porque aquí se van a consagrar potencias regionales como Arabia Saudí, cuyo pabellón es el más caro», analiza Bueno, que ha trabajado como asesora de estos eventos desde Sevilla'92. «Además, será curioso ver cómo el edificio de China supera en altura a todos los demás. Es algo deliberado que refleja el nuevo papel que el país juega en el mundo. Al fin y al cabo, la Expo es la Olimpiada de la economía».

Y España quiere estar a la altura. Además del pabellón nacional, Madrid, Barcelona y Bilbao han sido seleccionadas para participar en una novedosa iniciativa. El Área de Mejores Prácticas Urbanas recoge los ejemplos que mejor encajan en el lema 'Better City, Better Life' (mejor ciudad, mejor vida), que debería inspirar a todos los participantes. Sin embargo, como apunta Bueno, «al final se termina convirtiendo en un evento que pretende atraer el turismo». Más aún en tiempos de crisis y para un país tan dependiente del sector como España. No obstante, Santiago de Compostela y Zaragoza, que también estaban entre las invitadas, terminaron por retirar sus proyectos ante la falta de presupuesto.

Madrid es la única ciudad española que cuenta con pabellón propio: 'La casa de Bambú', un cubo diseñado por el arquitecto Alejandro Zaera, que experimenta con nuevos materiales, es respetuoso con el medio ambiente y resulta autosuficiente. «Es una reinterpretación de un bloque de viviendas sociales situado en Carabanchel, muestra de que se pueden llevar a cabo proyectos de costo reducido y eficiencia energética importante», comenta Bueno. De hecho, la capital se ha ganado su presencia en Shanghai gracias a sus proyectos de viviendas sociales.

El pabellón cuenta con una pequeña plaza en la que se ha instalado el 'árbol del aire', un cilindro que demuestra la capacidad existente en la actualidad para crear un ambiente climatizado en cualquier situación con un consumo de energía cero. «Es un concepto que ya se aplica en un bulevar de Vallecas. Consiste en crear un espacio autosuficiente, capaz de albergar a 250 personas, que se mantiene fresco en verano y cálido en invierno, y que incluye sistemas audiovisuales y de ocio», explica Ion Cuervas-Mons, responsable del proyecto en Shanghai. «Crea su propia energía e incluso sobra como para vender a la red, de forma que incluso da beneficios».

Barcelona tendrá su sede en uno de los edificios comunes adyacentes, y dispondrá de 1.000 metros cuadrados para reproducir una manzana del Ensanche. Pero, gracias al efecto de los espejos, el espacio de la ciudad condal, que ha sido seleccionada en dos categorías (por la regeneración social de la Ciutat Vella y la industrial de 22@), se expande hasta el infinito. «El stand cuenta con elementos audiovisuales en los que podremos mostrar los diferentes aspectos de la ciudad, y el suelo será un zoom del trencadis del banco curvo del Parque Güell», comenta Ignacio Añoveros, director del proyecto que desarrolla la empresa Empty. «Además, mantendremos un 'diálogo olímpico' con Pekín, que está al lado, de forma que en Barcelona mostraremos una antorcha de los Juegos de 2008, y ellos tendrán la de 1992».

Además, el proyecto incluye un impresionante abanico de actividades, entre las que de momento no se encuentra la representación de los castellers. «La han cancelado por motivos de seguridad, pero estamos tratando de que la aprueben», informa Joaquín Jover, coordinador de actividades. «Estamos diseñando semanas temáticas. Habrá una dedicada al puerto, y otra a la creatividad. Además, el stand dispondrá de un espacio privado para reuniones entre empresas catalanas y chinas».