Demasiados puntos oscuros

En el caso de Jon Anza cada dato nuevo contribuye a añadir un poco más de confusión

PELLO SALABURU
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                             JOSÉ IBARROLA/
:: JOSÉ IBARROLA

La verdad es que, por mucho que se empeñen las fuerzas de seguridad a uno y otro lado de la frontera, y por muchas afirmaciones que se hagan del tipo 'dejemos trabajar a la policía judicial', en el tema de Jon Anza hay muchos, muchísimos puntos oscuros. Cada dato nuevo contribuye, además, a añadir un poco más de confusión en torno a este desgraciado incidente. Aunque Kurt Walander estaría feliz con este caso, en esta ocasión le resultaría muy complicado librarse de sus habituales achaques, la verdad.

El 18 de abril de 2009, un señor que se llama Jon Anza coge un tren en Bayona con destino a Toulouse, pero no sabemos si nunca llega a destino en ese tren. Tenía previsto regresar el día 20, pero no hay noticias de él desde que se monta en el tren. ETA hace público un comunicado, semanas más tarde, en donde dice que Jon Anza, desaparecido, es militante de la organización terrorista (había estado 20 años en la cárcel por ello) y que el motivo del viaje era entregar 300.000 euros a un colega de armas. La familia denuncia el hecho el 15 de mayo, es decir, casi un mes después de que Anza hubiera cogido el tren. Todo sin prisas, como se ve.

Primera pregunta: ¿Cómo es posible que ETA confíe en una persona enferma, con graves problemas de visión, y completamente fichado por la policía, para llevar a cabo una misión tan delicada? ¿Anda la organización tan sobrada de dinero, o tan escasa de militantes?

Segunda pregunta: ¿No es insólito que ETA chive el nombre de una persona cuyo paradero parece desconocer y que diga que es militante de la organización? ¿Estamos cambiando de costumbres?

Tercera pregunta: ¿Por qué tarda tanto tiempo la familia en formular la denuncia? ¿Es habitual esperar semanas si alguien a quien se le espera no aparece en la fecha prevista? ¿Y por qué tarda también tanto ETA, un mes, en sacar su comunicado?

A partir de que la familia denuncia su desaparición, la izquierda radical comienza con la campaña de propaganda habitual en estos casos, y que incluye un elemento central: es la Policía quien ha secuestrado, torturado, asesinado y enterrado a Anza. Paralelamente, los servicios de seguridad franceses indagan la presencia de una persona con las características físicas del detenido, por lo que parece sin resultado, en hospitales y centros diversos. Así, durante meses, casi un año.

Estamos en esas, cuando un policía que potea con un amigo suyo relacionado con el hospital de Toulouse, descubre hace unos días, entre pincho y pincho, y mientras comentan la última jugada de Ronaldo, que en la morgue hay un cuerpo que tiene en el bolsillo derecho un billete de tren, de abril del año pasado, de ida y vuelta entre Bayona y Toulouse. Tiene también unos billetes de cien euros, pero nada más. El policía, que para eso lo es, aguza el oído, levanta las orejas y piensa con sabia perspicacia: «¡Atiza! A ver si es el que andamos buscando como locos». Lo es: es el cadáver de Jon Anza. Resulta que lo habían encontrado el 29 de abril, unos días después de que hubiera cogido el tren. Se habían topado con él por casualidad y estaba gravemente enfermo, sin conocimiento y con la cabeza entre las flores de un parque público. Moría a los pocos días. Desde entonces, hace muchos meses, estaba a disposición de quien quisiera hacerse cargo de él.

Cuarta pregunta: ¿Qué pasó en esos días en los que estuvo 'desaparecido'?

Ahora toca preguntarse a la Fiscalía: ¿Por qué no nos hicieron caso cuando les pedimos que buscasen con linternas al desaparecido? ¿Por qué no nos respondieron del hospital diciendo que allí dentro había una persona? Pues no, no resulta tan sencillo: indica el hospital que hasta en tres ocasiones, tres, enviaron notificaciones de que había allí alguien, primero enfermo, y luego muerto, cuyo nombre desconocían. Es evidente que el policía poteador no estaba en ese momento recogiendo los papeles. Es evidente también que Sarkozy tiene que hacer un esfuerzo para mejorar el sistema de comunicaciones, y parece claro que Euskaltel les debería poner un sistema más moderno y eficaz. ¿Pero hay todavía más preguntas? Pues sí, por lo menos otra más, mientras se aclaran las anteriores y a alguien no se le ocurre hacer algún disparate mayor: resulta que el cuerpo está muy deteriorado porque lo han conservado a 4 grados, no lo han congelado. Aunque de forma lenta, esa temperatura no ha impedido que comenzara a descomponerse casi de forma inmediata desde que murió. Con lo cual se complica el tema de la autopsia. Y, mientras tanto, para poner más ingredientes en la sopa, unos guardias civiles que habían acudido a estudiar la influencia del clima en los descendientes de los republicanos españoles en Toulouse salen del hotel con lo puesto, al hacerse pública la desaparición de Anza.

Con estos mimbres se pueden hacer muchos cestos. Yo propongo el mío: Anza sale de Bayona con la pasta en el bolsillo. Se encuentra con sus colegas en Toulouse, quienes se quedan perplejos al ver su estado de salud durante los diez días (borrados del calendario) en que conviven en alguna casa. Y se temen lo peor en cuanto a seguridad: ¿y si le da un patatús? Éste se nos cae aquí… Bueno, mira, quédate con un poco de tela y aguanta lo que puedas, que es mejor que nosotros nos marchemos cuanto antes, nos necesita la causa. Anza sale a dar una vuelta, a ver si se le pasa el mal cuerpo y… En fin, Walander, échanos una mano, haznos el favor.