Derrotado por un bocata

El partido de Berlusconi no puede acudir a las elecciones en Roma porque quien debía registrarlo se fue a tomar el aperitivo

ÍÑIGO DOMÍNGUEZ CORRESPONSALROMA.
Derrotado por un bocata

Un síntoma más de la chapuza cotidiana en Italia. El primer partido del país, el PDL de Silvio Berlusconi, no puede presentarse a las elecciones regionales del día 28 en la provincia de Roma porque llegaron tarde a entregar la documentación. No se sabe bien por qué, pero la excusa oficial es que el responsable salió un momento al bar a comer un bocadillo. Si ése es el pretexto presentable, mejor no saber los demás. Se sospechan cosas innombrables, pero creíbles, como zancadillas internas del partido en la pelea por las poltronas o un intento de cambiar nombres de estrangis en el último momento.

El PDL, que pensaba ganar en Lazio, la región de Roma, les echa la culpa a unos del Partido Radical que estaban allí tirados por el suelo, precisamente para evitar fraudes tras el fin del plazo, y habrían impedido el paso a su hombre. Hay recursos, llamamientos al presidente de la República y gran dramatismo, con una maratón oratoria de la candidata del PDL, Renata Polverini. El espectáculo ahora es ver lo que se inventan las autoridades para encontrar la excepción a la regla, deporte nacional: salvo sorpresa, al final el PDL se presentará, nadie lo duda. Todo es echarle astucia e imaginación. Sin ir más lejos el primer ministro y jefe del partido, Silvio Berlusconi, celebró el otro día la prescripción del soborno a un testigo como una absolución. Eso es imaginación. Astucia es lo que hizo en 2005: rebajar la prescripción de ese delito de 15 a 10 años.

El desastre ha ocurrido porque el encargado de llevar los papeles, un tal Alfredo Milioni, llegó media hora antes del cierre al tribunal de Roma, pero luego salió. Sobre el porqué hay mucha confusión, pero se desconfía del personaje. Este ex conductor de autobuses del Partido Socialista, reciclado en Forza Italia y que terminó de jefecillo menor en la capital, ya preparó una en 2006 al desaparecer con la documentación electoral la noche antes, indignado porque no le presentaban para presidir su municipio.

Berlusconi está furibundo, porque el incidente da una imagen de un partido de Pancho Villa que no es su mensaje corporativo de eficacia. No obstante, es sólo el episodio más llamativo de los habituales en campaña. En Milán han tirado la lista del gobernador del PDL porque había 514 firmas irregulares. Hay recurso y seguramente resucitarán. Sería una pena: en la lista figura uno de esos fichajes de Berlusconi, una enfermera que le arregló los dientes, ex azafata sexy de televisión. También andan por ahí un fisioterapeuta del Milan y el geómetra de su mansión de Arcore. Lo normal. En Campania, se mantiene el hábito de presentar políticos condenados por asociación mafiosa, como un tal Roberto Conte, prototipo del alegre y clásico chaquetero, pues empezó en los verdes, siguió en los centristas, pasó a la izquierda y ha terminado con Berlusconi. También en la oposición andan finos: el candidato a la presidencia de Campania, Vincenzo De Luca, está siendo procesado por estafa. Pero el circo ya está en marcha. El lema del PDL es: «¡La burocracia no puede asesinar la democracia!». Llamar burocracia a las leyes, ese engorroso obstáculo, es ya sintomático, pero en realidad la burocracia, espantosa en este país, es el menor de los problemas de la democracia italiana.