Intxausti estrena uniforme

El prometedor ciclista de Amorebieta debutó ayer en Inca con el Euskaltel Euskadi

J. GÓMEZ PEÑAPALMA DE MALLORCA.
Beñat Intxausti, en su estreno con el maillot del Euskaltel Euskadi en Inca. ::                             EL CORREO/
Beñat Intxausti, en su estreno con el maillot del Euskaltel Euskadi en Inca. :: EL CORREO

La de ayer fue una mañana plomiza en Inca, el centro geográfico de Mallorca. Ciudad ocre donde la megafonía de la Challenge compartía voz con el viento y la lluvia. «Hoy debuto. A ver si acompaña el tiempo», deseaba Beñat Intxausti en la red social 'twitter'. No acompañó. Su estreno como ciclista del Euskaltel-Euskadi se escribió sobre agua. «Bueno, pero ya tenía ganas de empezar. En las dos primeras etapas no corrí, me quedé en el hotel. Me daba envidia ver marchar a los compañeros», comenta en la salida de Inca. Ayer se cosió su primer dorsal naranja. Agarró la bici y, como si fuera una pértiga, salió en busca del futuro que aguarda a uno de los ciclistas más protetedores de su generación.

Por eso, antes de partir, rebobina y repasa sus 'otras primeras veces'. Sube instintivamente la vista hacia el cielo sin bordes de Mallorca y aterriza en Amorebieta, en la pista de atletismo de Larrea. Ya no tiene 23 años, sino «diez u once». Es jueves por la tarde. Y toca entrenamiento. El primer recuerdo en bicicleta. «En la Sociedad Ciclista Amorebieta nos enseñaban bien. Dábamos vueltas por la pista. Era divertido. Un juego para chavalillos. Los sábados y los domingos por la tarde teníamos carrera. Lo pasábamos de cine».

Ciclismo y fútbol

Con aquella primera bicicleta. «Una 'Mendiz' que me dio mi tío. Él se la había comprado a uno del pueblo (Muxika) que luego fue profesional con el Euskaltel, Lander Euba». Su tío es Jon Elorriaga, cuatro años mayor, que corría en el Iberdrola con Contador. Intxausti, entonces, pateaba los campos de fútbol. Hasta jugó en el Gernika Sporting. «El verano era para la bici y el resto para el balón. Hasta que tuve que decidir y elegí el ciclismo». Zarrabetia era su ídolo. Cada mes de abril, tenía cita con la Klasika Primavera de Amorebieta. Buscaba con la cuadrilla una curva de Montecalvo y a disfrutar. A ver. A soñar.

A imitarles. Y llegó la primera carrera. «Fue en Gallarta, en El Campillo. Acabé quinto. Ganó Egoitz García, que ganaba casi siempre». Intxausti tenía once años y toda la familia en la cuneta de aquel estreno. También hubo una primera caída. De escalofrío. «Mira -y se pasa el dedo índice por dos cicatrices que le cruzan la tibia-. Son de una carrera juvenil, en Zalla. La última de aquel año. Bajábamos hacia Balmaseda y un corredor se me metió delante. Le toqué con la rueda delantera y me fui contra el bordillo». En esa arista de la acera rompió la horquilla y la rueda. Voló y se incrustó contra la farola. «Dos tornillos sobresalían y me abrí la pierna».

Aquí, en Mallorca, debutó como profesional hace tres temporadas, con el equipo Nicolás Mateos. «No me puse nervioso». No suele hacerlo. «Nunca tengo prisa por nada», sonríe. Sólo se acelera sobre la bicicleta. «Me vuelvo inquieto si veo que voy bien». Le aguardan la Vuelta al País Vasco y la Vuelta a España. Ya con el Euskaltel. «Madariaga y Galdeano querían ficharme y yo quería venir. Es el equipo de casa». Ayer estrenó ese uniforme y acabó decimosexto.

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