La verdadera muerte de Don Diego

Historiadores revisan la vida del fundador de Bilbao 700 años después de su fallecimiento

JORGE BARBÓBILBAO.
Estatua de Don Diego López de Haro V, fundador de Bilbao, en la Plaza Circular. ::
                             FERNANDO GÓMEZ/
Estatua de Don Diego López de Haro V, fundador de Bilbao, en la Plaza Circular. :: FERNANDO GÓMEZ

La figura de Don Diego López de Haro es casi tan conocida para los bilbaínos como la propia Gran Vía a la que da nombre. Sin embargo, pocos conocen que el fundador de la villa de Bilbao ni nació ni murió en el botxo. Los primeros días de 1310, no se sabe a ciencia cierta la fecha exacta, Diego López de Haro V falleció en el sitio de Algeciras. En su condición de «noble de espada» y «alférez mayor de la corona de Castilla», se encontraba en plena campaña militar contra el Reino de Granada, lo que explica que la muerte le sorprendiera tan lejos de la ciudad.

Aunque en la estatua de la Plaza Circular que rinde homenaje a este personaje se representa una heroica escena bélica en uno de sus relieves, lo cierto es que los últimos días de Don Diego fueron mucho menos poéticos. Al parecer, un brote de peste acabó por postrarle en cama y matarle, lejos del fragor de la batalla. «El hecho de guerra que se escenifica en la estatua es falso», asegura Antonio Villanueva, doctor en Historia y uno de los estudiosos que mejor conoce la figura del ilustre bilbaíno.

Pese a que la figura del personaje no puede ser más emblemática, Diego López de Haro tampoco descansa en Bilbao. De hecho, se desconoce el lugar preciso donde se encuentran sus restos, ya que tras su muerte fue enterrado en un convento franciscano de Burgos que ya no existe. Allí fue sepultado junto a su mujer, la infanta Violante de Castilla -hija del mismísimo Alfonso X El Sabio-, «lo que indica el inmenso poder de esta familia», apunta el historiador.

Una tensa sucesión

La búsqueda del cuerpo de López de Haro llevó a que, en 1895, un grupo de bilbaínos realizara una expedición a Nájera para reclamar los restos de su fundador. «Pero estaban equivocados», señala Villanueva. «Allí se encontraba otro Diego López de Haro, uno que luchó en la batalla de las Navas de Tolosa», sostiene el experto.

Si la historia de su muerte está rodeada de no pocos entuertos, su nombramiento como señor de Vizcaya no lo está menos. Para comprender las motivaciones de Don Diego para llegar a ser señor de Vizcaya, debe entenderse el contexto en el que vivió: «Durante la Edad Media los nobles eran gente muy ambiciosa», explica Antonio Villanueva. Esa ambición desmedida explicaría que la propia guardia del rey Sancho IV asesinara al antecesor de Diego López de Haro V, que era su propio hermano, lo que llevó al rey de Castilla a «usurpar» el señorío de Vizcaya durante un tiempo.

A la hora de devolver el territorio a su legítimo señor, la sucesión le habría correspondido a la sobrina de López de Haro, María Díaz de Haro, hija del noble asesinado. Sin embargo, el fundador de la villa se postuló como señor, alegando que María era mujer. Aunque la Junta de Vizcaya reconoció a Diego como legítimo sucesor de Vizcaya, tras un complejo tira y afloja en el que intervino el mismísimo Papa, el pueblo no llegó a sentirlo como su señor y fue apodado con el sobrenombre de 'El Intruso'. Para llegar a ostentar el señorío, Diego López de Haro tuvo que aceptar que, tras su muerte, le sucedería su sobrina, y no su hijo. De esta forma «se garantizaba la sucesión natural», apunta Villanueva.

Pese a que la Historia le ha otorgado a Don Diego la paternidad de Bilbao, el botxo ya existía antes de que este noble le otorgara la Carta Puebla en 1300. Todo parece indicar que entonces Bilbao no era mucho más que una aldea de pescadores y fue Diego López de Haro quien lo ascendió a la categoría de Villa, un título del que no se ha desprendido jamás, a pesar de que siglos más tarde se le concediera el título de ciudad, un rango al que sí renunció.

«Bilbao ha sido fundada dos veces», asegura Imanol Villa, otro de los estudiosos que mejor conocen el pasado de la capital. El historiador explica que tras la muerte de Don Diego, su sobrina decidió volver a fundar Bilbao en 1310, «ya que consideraba que toda la obra de su tío había sido ilegítima», señala. Con la refundación de la villa por parte de 'María La Buena', Bilbao comenzó su esplendor económico y logró imponer que toda la lana que llegaba desde Castilla hacia Flandes pasara por el puerto de Bilbao, generando grandes beneficios. No es de extrañar que la noble se ganara un apodo tan amable de los bilbaínos de la época.

Aunque tío y sobrina mantuvieron graves desavenencias por el control del señorío, la sangre jamás llegó al río. Siglos más tarde, el callejero de Bilbao les reconcilió para siempre uniendo sus nombres a dos calles que confluyen en un mismo lugar, un punto de concordia que pasa desapercibido para los bilbaínos, casi tanto como la figura del legítimo 'padre' de Bilbao.

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