Primavera digital en las aulas

GONZALO LARRUZEASECRETARIO DE EDUCACIÓN DE EZKER BATUA

Ya vienen. Están ya muy cerca. Dice el Gobierno vasco que para febrero. Como esos regalos aplazados que nos traen Olentzero o los Reyes -como el lector prefiera-, a cada alumno y alumna de 5º curso de Primaria le va a llegar enseguida un portátil y a cada profesional de la enseñanza que imparte en ese nivel, una pizarra digital. Han estado generosos Olentzero y los Reyes: casi 13 millones de euros como primer síntoma de la primavera de modernización que nos prometió la consejera Celáa -a quien deseo un pronto restablecimiento- al comienzo de la legislatura. Hablamos naturalmente del Programa Escuela 2.0.

Pero a veces los regalos más vistosos y caros son arrinconados pronto, si no responden al momento y a las necesidades adecuadas. El ambicioso programa Escuela 2.0, cargado de buenas intenciones, cuyo fondo podemos compartir, nos suscita también serias y razonables dudas a falta de muy poco para ser implantado en su primer año en las escuelas. Veamos las más importantes.

¿Es un programa bien pensado y diseñado? Llama la atención que la comunidad educativa no haya conocido ningún documento que detalle objetivos, intencionalidades, plazos, indicadores de evaluación etcétera. Hasta hace muy poco sólo cuatro generalidades daban cuenta de un programa de tamaña envergadura en la propia web del Departamento de Educación. En el momento de escribir estas líneas constato que se ha puesto en marcha una web sobre el Programa. Más vale tarde que nunca.

En todo caso, íbamos caminado por la senda de los Programa Premia y del Modelo de Madurez Tecnológica de los Centros, estábamos en pleno desarrollo del Premia III, cuando todo parece ceder ante un anuncio del presidente Zapatero de inundar el país de portátiles, anuncio que a nuestro Gobierno autonómico, a diferencia de otros, al parecer, le ha resultado tan goloso como impostergable. Parece como si un paracaídas hubiera caído de repente sobre lo que se venía haciendo, sin que nadie dé cuenta de la relación entre todos los esfuerzos tecnológicos realizados. Y, además, aplicando un café rápido para todos, pues, en esto, la interlocución con los centros y su autonomía han quedado bastante malparadas.

¿Está el profesorado preparado para tamaño cambio? Cuentan los profesionales del ramo que a día de hoy -al menos hasta las Navidades- no conocen aún ni los portátiles que emplearán los alumnos ni han visto las pizarras digitales. Y que la formación hasta ahora recibida, sin considerar los distintos niveles entre el profesorado, desarrolla destrezas de usuario básico, pero no está orientada al empleo didáctico de las herramientas y programas. Una cierta sensación de pánico se adueña del sector sólo de pensar qué puede pasar cuando, ya superado medio curso, sin mayor transición, cada docente tenga los mismos materiales que hasta ahora, más un colectivo de niños ansiosos por utilizar los '"nuevos juguetes'".

¿Está bien sustentado el proyecto en cambios metodológicos? La presentación del programa reza en su primera línea: «El conocimiento surge en las sociedades avanzadas con la interacción de la persona y la máquina». El constructivismo nos había enseñado que el aprendizaje se realiza en la interacción entre profesorado y alumnado, considerando siempre los procesos de reestructuración que éste debe hacer en su red previa de conocimientos, para integrar de forma significativa los nuevos. El aprendizaje dialógico nos insiste en la construcción social del conocimiento, en la inevitable interacción de agentes para generar el conocimiento. Lo saben también en África, cuando dicen que es necesaria toda la tribu para educar a una persona. En definitiva, la relacionalidad de la persona y la construcción de significados son la base del aprendizaje y no el solipsismo del individuo con la máquina. Las tecnologías tienen su momento como herramienta muy valiosa y necesaria del proceso de aprendizaje, nunca como fin.

No son las únicas preguntas que se hace el mundo de la enseñanza y que no encuentran suficiente respuesta: ¿Se van a llevar los portátiles a casa? ¿En qué condiciones? ¿Llevar el portátil a casa es lo más eficaz para reducir la brecha digital para el alumno o mejor es que pueda usarse en el propio centro, fuera del horario escolar? ¿Dónde queda entonces el papel interactivo de las familias? ¿Saben las familias el papel que les va a tocar jugar en esta nueva dimensión comunicativa en la que les quiere situar Escuela 2.0? Pese a las dotaciones previstas, ¿hay material suficiente y de calidad para trabajar en euskera? ¿No va a haber una plataforma digital que sustente Escuela 2.0? ¿Era inevitable la extensión del wi-fi? ¿Era imprescindible implantar ahora el programa, avanzada más de la mitad del curso?

Sería una falacia plantear que estas legítimas cuestiones son la retahíla de inconvenientes de los que siempre se resisten a las innovaciones. No es un problema entre quienes se oponen a las tecnologías y a la modernidad y quienes no. Todos compartimos que la alfabetización de hoy pasa por la promoción de un uso competente, crítico y responsable de las nuevas tecnologías. Resistirse a eso es simplemente ir contra la propia realidad ya presente en nuestras vidas.

Conviene, sin embargo, que el brillo tecnológico no nos ciegue. Estamos ante un planteamiento necesario, pero con una ejecución precipitada. Las primaveras -las digitales también- no pueden adelantarse, necesitan su sazón y la larga preparación del invierno. Sin duda algo quedará del más que posible caos que se puede generar de aquí a final de curso. Pero eso es precisamente lo preocupante: que gastamos como ricos, para hacer luego una infrautilización de recursos públicos, algo que una implantación más progresiva y asentada habría prevenido.