El Atlético vuela

Ni el ‘virus FIFA’ ni la proximidad de la ‘Champions’ afectaron a un equipo de Simeone que arrolló al Almería

NACHO BOLÍVARMADRID
El Atlético vuela

No se sabe si el físico le aguantará hasta el final y si el fútbol le llegará para poner en serias dificultades a los dos grandes, pero este Atlético da miedo. Gana con solvencia, tiene fe, sus futbolistas están convencidos de lo que hacen y juegan como se entrenan, con una intensidad enorme. El que no se emplea hasta el límite, no sale en la foto. Presión, robo, rapidez y determinación. Cuatro claves innegociables para Simeone que, de momento, sitúan a los rojiblancos con los mejores. Un arranque con cuatro victorias y dos triunfos en feudos hace años casi inexpugnables para ellos como el Pizjuán y Anoeta, dejan a los del Calderón en una zona envidiable.

La Liga de Campeones puede pasarle factura pero a día de hoy se trata de un equipo con mayúsculas que anima un campeonato bipolar. Más allá de los dos goles de los andaluces, casi anecdóticos y al final de cada período, el Atlético pasó por encima de un Almería dinámico, rápido y alegre, pero inocente en defensa. Juega mejor de lo que dicen los resultados pero, si no llegan las victorias y atrás regalas, comenzarán las dudas sobre Francisco, un joven técnico que cuando jugaba en el Albacete firmó un gol antológico en El Manzanares.

Ni el temido virus FIFA, que afecta al Atlético más a medida que el club crece, ni la proximidad del estreno de Champions ante el Zenit de San Petersburgo, distrajeron a los cholitos. Tocaba centrarse en el Almería, no mirar más allá y firmar la victoria 500 en este feudo. Simeone es de ideas fijas, uno de esos a los que les encanta dar continuidad y exprimir a un once que los aficionados se conocen de memoria, pero esta vez era obligado hacer excepciones.

Giménez, titular

Tiago y Raúl García tienen una llegada que agradecen sus compañeros, y más jugando en casa, pero la principal novedad se produjo atrás, donde se estrenó el joven Giménez, capitan de la selección sub-20 charrúa en el reciente Mundial. No tiene la presencia ni el saber estar de Miranda, pero cumplió. Más allá de los protagonistas, este Atlético juega de memoria. Le adorna la gran virtud de que se adapta a varios registros y sabe manejar el tiempo de los partidos.

Villa, que dio el susto en el arranque al quejarse de una rodilla con visibles signos de dolor, abrió el camino al cuarto de hora. Fue un centro de Juanfran mal defendido que el Guaje cerró con una volea de zurda. No fue un disparo muy violento pero sí muy colocado. El ex del Barça, que ya marcó el gol del triunfo en Anoeta, se aprovechaba del abnegado esfuerzo de Diego Costa, capaz de pelearse hasta con su madre. El hispano-brasileño se sacó una chilena no muy ortodoxa que Esteban desvió a córner antes de que llegara un penalti tan claro como evitable de Pellegrano a Filipe Luis. Midió mal el central y arrolló al lateral. Curiosamente, lo transformó Diego Costa, no Villa.

El partido parecía finiquitado pero Rodri metió a los andaluces de lleno en la contienda cerca del descanso. Recibió al límite del fuera de juego y se aprovechó de un balón suelto. Lejos de incomodarles, ese tanto espoleó a los locales. Tras la reanudación, Koke lanzó al travesaño y Estaban realizó varias intervenciones de mérito antes de verse sorprendido en una acción de estrategia. Gabi amaga con el disparo directo en un golpe franco pero se la cede a Tiago, que marca a placer. Un gol de laboratorio muy festejado por Simeone y su grupo. Óliver Torres disfrutó minutos, Raúl García no faltó a su cita con el gol y Aleix Vidal solo maquilló la derrota. Este Atlético mira muy alto.