Kilómetro cero: «Un luchador cansado de inútiles»

BENITO URRABURUSAN SEBASTIÁN
Lance Armstrong, después de ganar su primer Tour de Francia. / AFP/
Lance Armstrong, después de ganar su primer Tour de Francia. / AFP

Si hay algo que ha llamado la atención en toda la carrera deportiva de Lance Armstrong es su constante afán de lucha, su pelea continua contra el cáncer, con la vida, el pegarse, literalmente, con todo y contra todos. Daba la impresión de ser invencible, en el Tour, y fuera de él.

Por eso, sorprende en todo este caso su renuncia a seguir luchando contra la USADA (la agencia antidopaje norteamericana) que le ha perseguido con saña desde hace mucho tiempo hasta que ha conseguido lo que hasta el momento no había logrado nadie: que Armstrong claudique y diga basta. Lo que no pudieron hacer el Tour y sus rivales lo ha hecho esa gente. Unos inútiles de despacho han podido con él.

La USADA ha sido muy rápida al decir que será suspendido de por vida y que perderá los siete Tours que ha ganado, o lo que es lo mismo, que su carrera será borrada del mapa deportivo.

A Armstrong le han crecido los cuervos en su propio país, no en Europa, ni en la UCI, que se mantiene prudente a la espera de que los norteamericanos dicten sentencia. Aquí pierde todo el mundo. El primero Armstrong y detrás de él la lista es tan amplia que se puede decir que no gana nadie.

El Tour de Francia no se merece lo que le está pasando, ni el ciclismo tampoco, que a la larga, es el gran perdedor, porque la imagen que se continúa dando de este deporte es penosa.

Armstrong no es sólo los siete Tour de Francia que ganó, su Campeonato del Mundo o su medalla olímpica. Es su vida lo que ha quedado, el cáncer de testículos que por poco le mata, la lucha por superarlo, las ganas de vivir que insufló a mucha gente, el ejemplo de que se podía derrotar esa enfermedad.

Es una leyenda mundial, un ejemplo, un ciclista imbatible en el Tour durante siete años consecutivos, algo que no había conseguido nadie. La USADA primero, la UCI más tarde, a la que le dejan una papeleta complicada, y el TAS (tribunal del arbitraje del deporte) después tendrán la última palabra.

No deja de ser una ironía como ha terminado un corredor que marcó una época y que cometió el mayor error de toda su carrera cuando decidió volver al ciclismo, tres años después de dejarlo. Allí comenzó a cavar su tumba.