Amenaza a la carrera de Armstrong

La USADA ordena anular los triunfos del exciclista desde 1999 después de que el texano renunciara a obstaculizar sus últimas investigaciones

JAVIER BRAGADOMADRID
El exciclista estadounidense Lance Armstrong. / Lucas Jackson (Reuters) | Atlas/
El exciclista estadounidense Lance Armstrong. / Lucas Jackson (Reuters) | Atlas

Lance Armstrong está cansado de defender su inocencia. O al menos eso dice. «Suficiente es suficiente». El texano lanzó su mensaje para justificar que no insistiría en sus apelaciones para que la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (USADA) cancelara el último proceso de investigación por dopaje contra él.

El anuncio disparó el gatillo de la USADA. Su director ejecutivo, Travis Tygart, lanzó al mundo que anularían todos los resultados de la carrera del ciclista desde 1999 a 2005 y sería suspendido de por vida. De golpe los siete Tours del estadounidense pasarían a la historia negra del ciclismo y el palmarés del superviviente del cáncer se reduciría a un campeonato del mundo (1993) y un triunfo en la clásica de San Sebastián (1995). Un almacén desolador para un hombre que encarna el éxito made in USA.

Sin embargo, las intenciones de la USADA deben proseguir por varios filtros que hasta ahora han beneficiado al texano. Primero debe formalizarse la sentencia del tribunal federal de Austin que llevaba el último caso de Armstrong. Después, la Unión Ciclista Internacional o el Tour de Francia deberían confirmar las decisiones sobre la carrera francesa porque la USADA solo tiene potestad en territorio estadounidense.

La máxima autoridad internacional del ciclismo ya mostró anteriormente su descontento con la iniciativa y su predisposición no es la de pelear contra el exciclista que donó un cheque de 25.000 dólares «para ayudar en la lucha contra el dopaje» en el año 2000. «La UCI ha tomado nota de la decisión de Lance Armstrong de no recurrir a un arbitraje en el caso que la USADA ha lanzado contra él. A la espera que explique su decisión, la UCI no tiene comentarios a hacer», subrayó la federación internacional en un comunicado sin confirmar las anulaciones. Frente a la ternura, el director de la USADA avisó: «La UCI está obligada a reconocer nuestra decisión e imponerla como uno de los firmantes del Código Mundial Antidopaje que es».

Acusaciones y pruebas

No obstante, el paso atrás de Armstrong esconde varias lecturas y numerosas incertidumbres. El texano ha vencido en varias ocasiones a las acusaciones de dopaje en los tribunales, ya sea con acuerdos económicos o con triunfos de sus abogados, y siempre ha mantenido su inocencia. Ni siquiera la persecución de las autoridades nacionales le había derrotado. Jeff Novitzky, quien dirigió el caso BALCO que destapó el dopaje de los héroes locales Marion Jones y Tim Montgomery, investigó durante dos años a Lance Armstrong y el proceso se cerró en febrero de 2012 sin resultados concluyentes. Entonces se sugirió el fracaso federal como un triunfo.

No obstante, de aquel escrutinio del FBI surgieron los indicios que sustentan las acusaciones actuales de la USADA. Las detalladas declaraciones de antiguos compañeros como Floyd Landis o Tyler Hamilton sobre la época dorada de la EPO en el pelotón se habían sucedido a puerta cerrada: Lance reveló al menotita sus reservas de sangre tratada en las neveras de los autobuses y en su casa de Girona, enseñó a su antiguo amigo cómo inyectarse las hormonas y la programación adecuada para adaptar los ciclos de competición con los tests. Además en contra de su discurso habitual- se recordó que Armstrong sí dio positivo por corticosteroides en 1999, tras recuperarse del cáncer de testículos. La UCI autorizó a posteriori aquella pomada por una lesión. Después se conoció gracias al diario LEquipe un positivo en muestras de orina en años anteriores y Landis reveló que en otro de la Vuelta a Suiza de 2001 encontraron EPO y se ocultó a cambio de dinero. Entonces recibió la defensa de sus compañeros de profesión. «Parece poco saludable empezar la excavación de pruebas hechas hace años. Me parece muy extraño y me pregunto si mantener esas muestras es legal (....). Hay dudas sobre la fiabilidad de las pruebas (por EPO) y hay dudas acerca de todo este caso», aseguró el pentacampeón del Tour, Miguel Induráin.

En los últimos tiempos la reputación de Armstrong también ha recibido otro aviso. En julio fueron sancionados a perpetuidad por violar las normas antidopaje los doctores Michele Ferrari y el español Luis García del Moral y el preparador Juan Martín, antiguos colaboradores de Armstrong. El último ataque ha sido el de la USADA, que según el Washtingon Post posee muestras de sangre de 2009 y 2010 que «son perfectamente compatibles con la manipulación de sangre, incluyendo el uso de EPO y/o transfusiones».

No obstante, Armstrong defiende varios argumentos para salvarse. Según sus abogados, «se han presentado cargos de hace más de 17 años a pesar de que prescriben a los ocho años». Asimismo, el texano cuenta con apoyos de la UCI, de destacados patrocinadores (Nike) y de altos cargos como Bill Stapleton, exvicepresidente del Comité Olímpico estadounidense y uno de sus socios empresariales.

En definitiva, la renuncia del exciclista esconde otra batalla judicial y extrajudicial de sus fuerzas frente a la persistencia de la USADA en la persecución de un ídolo presentado como paradigma. Por si prospera el proceso que ordenó detener la UCI, Armstrong también ha recurrido al plano emocional: «Voy a comprometerme con el trabajo que comenzó incluso antes de ganar un simple Tour de Francia: las personas que ayudan y las familias afectadas por el cáncer, especialmente los de las comunidades marginadas». Pero mientras su milagro médico (contra el cáncer) recibe el reconocimiento global, su milagro deportivo multiplica las dudas y su legado se resquebraja.