Las islas de la discordia

Soldados argentinos preparados para combatir en la guerra de las Malvinas. / Foto: Efe/
Soldados argentinos preparados para combatir en la guerra de las Malvinas. / Foto: Efe

La escalada de tensión entre Argentina y Reino Unido por las Malvinas pone de relevancia los conflictos por la soberanía de islotes, a priori, irrelevantes

D. VALERAMADRID

La madrugada del 2 de abril de 1982, varios comandos del ejército argentino ocupan las islas Malvinas en una rápida operación. En pocas horas obligan a las tropas británicas destinadas allí a rendirse. La arriesgada operación se salda sin apenas bajas. La dictadura argentina se muestra confiada. No creen que el Reino Unido vaya más allá de la protesta diplomática por unas islas remotas del Atlántico Sur. Grave error. La primera ministra británica, Margaret Thatcher, responde con firmeza  y no duda en enviar una flota para recuperar esos territorios de ultramar. Los combates dejan un total de 904 fallecidos y la victoria para Londres.

Están a punto de cumplirse 30 años de aquella guerra y lejos de olvidarse, la tensión se aviva entre ambos países. Y más desde que existe la posibilidad de encontrar yacimientos de petróleo bajo esas aguas. Argentina ha subido el tono en su reclamación territorial y Reino Unido ha enviado uno de sus buques militares más modernos para hacer maniobras. Y es que, aunque suelen pasar bastante desapercibidas, la pugna por la soberanía de pequeños archipiélagos e islotes sigue enfrentando, diplomáticamente en la mayoría de los casos, ha múltiples naciones.

Las Malvinas es el caso más mediático. Están formadas por dos islas principales (Soledad y Gran Malvina) y otros dos centenares de pequeños islotes. En sus 12.000 kilómetros cuadrados viven en la actualidad 3.000 personas, la mitad militares británicos.

La historia de este archipiélago es una continua lucha por su control. Varios exploradores europeos se disputan el título de descubridores en el siglo XVI. Navegantes españoles e ingleses pudieron hacerlo al principio de dicha centuria. Sin embargo, fue el marino holandés Sebald de Weert quien dejó una constancia clara de su presencia en 1600. Posteriormente, en 1690 se produce el primer desembarco en las deshabitadas islas a cargo del capitán inglés John Strong. A partir de entonces, el interés británico por ese territorio no decaerá.

En el Tratado de Utrecht de 1713 el Reino Unido reconoció la soberanía española sobre las islas. Sin embargo, la tranquilidad en el archipiélago no llegaría aún. En 1764 aparece un tercer actor con el francés Luis de Boungainville. Este aventurero funda el primer asentamiento en las islas (Port Louis). Las autoridades españolas no vieron con buenos ojos la presencia francesa y presionaron hasta conseguir la retirada de los 150 colonos galos instalados en las Malvinas a cambio de una indemnización.

Tras un periodo de mayor tranquilidad, la situación vuelve a complicarse con la evacuación española de la isla tras la independencia de Argentina. El Gobierno del nuevo país nombra a Louis Vernet como gobernador de la región. La tensión aumenta por las detenciones de barcos extranjeros, en su mayoría estadounidenses y británicos, acusados de pesca ilegal. En 1833 la fragata inglesa HMS Clio ocupa las islas e iza la bandera británica que ondea desde entonces hasta ahora, salvo los 74 días de la guerra de 1982.

Pugna en el Pacífico

Otro foco de tensión está en las islas Kuriles , que enfrentan a Japón y Rusia desde hace dos siglos . Son 56 pequeñas islas del Pacífico que en su conjunto ascienden a 10.600 kilómetros cuadrados. En el siglo XVIII fueron ocupadas en su mayor parte por Rusia. Sin embargo, dada su proximidad con el país nipón, en 1855 el dominio de las cuatro islas más meridionales (Kunashiri, Etorofu, Shikotan y Habomai) pasó al país del sol naciente. Pero el intercambio de fichas, muy habitual en aquella época, continuó y en 1875 Japón controló todas las Kuriles tras ceder la isla de Sajalin a Moscú.

El siguiente cambio en las fronteras se produjo por la fuerza de las armas en la II Guerra Mundial. En los últimos días del conflicto y con un Japón prácticamente colapsado y en continuo repliegue por la presión estadounidense, los soviéticos ocuparon todas las islas Kuriles. Desde entonces, y de manera diplomática, Tokio nunca ha renunciado a recuperar su soberanía y mantiene sus reivindicaciones sobre las cuatro islas primigenias más meridionales. 

Muchas veces estos pequeños islotes tienen más de un pretendiente. Es el caso de las islas Senkaku, cuya soberanía es de Japón, pero que China y Taiwán también ambicionan. Los siete kilómetros cuadrados que suman sus principales cinco islotes están deshabitados. Fueron ocupados por Japón en 1895. Una vez más, la II Guerra Mundial provocó que cambiaran de manos y EE UU las administró hasta 1972. En ese año devolvió el control a Japón.

España no es ajena a este tipo de conflictos. Todavía está muy reciente la tensión vivida con Marruecos por el islote 'Perejil' en julio de 2002. Ese inhóspito y desconocido peñón del Estrecho de Gibraltar hizo saltar todas las alarmas en la península. Doce soldados de la Infantería de Marina del reino alauí ocuparon 'Perejil' hasta que fueron expulsados por los militares españoles. Tras una semana de tensión, la situación volvió al status quo anterior. Es decir, 'Pefejil' volvió a su condición de islote irrelevante y despoblado.

 

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