El camino del dolor

Eduardo Laporte publica 'Luz de noviembre, por la tarde' donde examina en primera persona el dolor por la muerte de los padres

DANIEL ROLDÁNMADRID
El camino del dolor

Hablar de las cosas más íntimas, cuesta. El expositor no sabe cómo reaccionara el oyente ante semejante información tan comprometedora. Esto sucede en cualquier conversación entre dos personas. Pero, ¿qué pasa cuándo esos sentimientos se plasman en un libro? ¿Qué sucede cuando colocas tus preguntas existenciales más importantes en un papel? Este paso es lo que ha hecho Eduardo Laporte (Pamplona, 1979) en 'Luz de noviembre, por la tarde' (Demipage), un libro que se ha cocido de forma muy lenta.

El periodista y escritor busca preguntas a los enigmas que rodearon ese año 2000, en que en apenas diez meses fallecieron sus padres. Como dice el autor, ha puesto ese año "en la mesa de disección, con objeto de estudiarlo a fondo, pero también de estudiarme un poco a mí". Laporte tardó cinco años en ponerse a escribir. Lo hizo en otoño de 2005, cuando compró un cuaderno, cogió sus bolígrafos y se puso a escribir a la vieja usanza. "Hay mucha tecnología, mucho ruido. Lo más puro es escribir a mano porque te obliga a la revisión y a la reflexión", apunta. Durante el invierno y la primavera de 2006 terminó y pulió el texto, que ha estado dormido hasta que Laporte y la editorial adecuada se han encontrado.

El escritor se cuestiona en el libro esos caóticos meses de cinco años atrás, en los que su vida cambió de forma radical. "No sé muchas cosas de la vida de mi madre", confiesa el escritor con un café entre las manos. "Conozco mejor a Andrés Trapiello o a Miguel Sánchez-Ostiz que a mis padres", dice sin un deje aparente de amargura. Laporte divide el libro en tres apartados (autoexploración, consulta con los especialistas y diagnóstico) y, como un médico con los que hablaba, va desnudando su alma y sus secretos, intentando responder a las preguntas que se ha hecho durante estos años, como la ocultación de la enfermedad hasta que fue inevitable contarla a sus hijos. "Tenía miedo al pudor, el miedo a contar", describe el escritor. El título del libro hace referencia a un momento que compartían Laporte y su padre después de merendar en su casa pamplonesa. La luz se reflejaba en una de las torres de la iglesia de San Nicolás y ambos se quedaban mirando.

Amante de aquellos libros "en los que se adivina al autor", Laporte tiene la intención de seguir desmenuzando el yo con su siguiente libro. Lo comenzó en París, en un restaurante japonés, durante el mes de junio. "Será un salto para analizar una época como los treinta años", dice mientras intenta que el camarero le haga caso.

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