«Tenía once en fila en la puerta y me he tirado a ocho»

Las nuevas escuchas a Berlusconi retratan un mundo de corruptelas, hunden su imagen y colocan la situación política cerca del colapso

ÍÑIGO DOMÍNGUEZCORRESPONSAL EN ROMA
«Tenía once en fila en la puerta y me he tirado a ocho»

Este fin de semana, como se preveía, la prensa italiana ha sido una apoteosis de grabaciones telefónicas escandalosas de Silvio Berlusconi sobre sus fiestas con prostitutas y los favores a las chicas y a su alcahuete personal, el empresario Giampaolo Tarantini. El levantamiento del secreto de sumario en el proceso de Bari a Tarantini y otras siete personas por favorecimiento de la prostitución y asociación delictiva en torno a las veladas del primer ministro, el escándalo que estalló en 2009, ha sacado a la luz páginas y páginas de conversaciones, porque hay cien mil.

Son decenas de frases que acabarían con la carrera de cualquiera. Por ejemplo: Berlusconi llamó a Tarantini el día de año nuevo para presumir de que esa noche "tenía once en fila en la puerta y me he tirado a ocho". Las charlas con él son innumerables, un señor al que dijo que apenas conocía cuando surgió el escándalo.

O cuando se carcajea de que solo es primer ministro "en los ratos libres". Es fácil creerlo porque las escuchas describen a un hombre que parece no pensar en otra cosa que en sus noches locas. Y eso que la Fiscalía ha borrado las frases más crudas y las que pueden causar conflictos diplomáticos, pues el magnate haría comentarios soeces sobre líderes internacionales. De ahí el rumor, no desmentido, sobre un insulto a Angela Merkel.

En las escuchas no hay nada que no se sepa desde hace años. Que Berlusconi lleva a sus putas en el avión presidencial. Que tiene en las fiestas de su casa a tipas vestidas de monja con el crucifijo entre los pechos, entre ellas la consejera regional Nicole Minetti, enchufada por él en las listas. O el obsceno uso del poder para camelar y enchufar a chicas en sus televisiones o la cadena pública, como en una cena que organiza con peces gordos de su compañía y de la RAI: "A las chicas les gustará cenar con hombres que pueden decidir su destino". Incluso se ha derrumbado el efímero mito de la popular actriz Manuela Arcuri, que en las primeras filtraciones del viernes aparecía como la única que se ha negado a acostarse con el magnate pese a que le propuso presentar el festival de Sanremo. Pero resulta que no lo hizo porque quería antes lo prometido.

Una situación de psiquiátrico

También impresiona la obsesión constante de 'Il Cavaliere' por tener suministro fresco de mujeres, incluso en un viaje a China, en el que su secretaria le consigue a Tarantini un visado en cinco horas y éste se desvive para fichar tías en Pekín, "porque ha dicho que se aburre con las cosas oficiales". Aunque siempre ha descrito sus veladas como cenas inocentes, el propio Berlusconi teme en algunas llamadas que algunas chicas se vayan de la lengua.

Tarantini, alguien cuyo único mérito es llevarle putas al primer ministro, obtiene de él recomendaciones personales ante los máximos responsables de Protección Civil y Finmecannica, el coloso de armamento italiano. Tarantini intenta meter la cabeza en algunos pelotazos -doce contratos por 51 millones y otro de 280-, pero al final no consigue nada porque se destapa el escándalo. Dos altos dirigentes de Finmeccanica han dimitido ya. La réplica de Berlusconi ha sido decir que no tiene nada de lo que avergonzarse y, según la prensa, ha asegurado en privado que cualquiera haría lo mismo en su lugar.

En Italia cuesta ya saber dónde se puede tocar fondo y la situación política es de psiquiátrico. En plena crisis económica que puede colocar al país como Grecia toda la oposición ha pedido la dimisión del primer ministro por enésima vez y a su socio de Gobierno, la Liga Norte, solo se le ocurría ayer delirar con la amenaza de independencia de la Padania, su imaginario territorio del río Po. Entretanto, los fiscales que investigan el presunto chantaje al que habría sometido Tarantini a Berlusconi con todas estas llamadas siguen esperando que el jefe del Ejecutivo les diga cuándo pueden interrogarle. Le dieron de plazo hasta ayer, pero él adelantó que no piensa ir. Tendrán que mandarle la Policía, porque no puede negarse. Para ello deben pedir autorización al Parlamento.