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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Poco alcohol y una pizca de inconsciencia sazonan las despedidas con aire taurino, en auge en La Rioja
16.04.09 -

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Despedidas de soltero. Capeas
Freud tendría una reveladora opinión sobre las personas que se despiden de sus últimos días de soltero rodeadas de bichos con cuernos. Sin entrar en interpretaciones maliciosas, lo cierto es que cada vez son más los que visitan Logroño para enfrentarse a una vaquilla como preludio de su boda. La capital riojana se mantiene en la cresta de la ola como paraíso de acogida de variopintas despedidas de soltero y, precisamente por ello, va incrementando su oferta. La tradicional vuelta por la calle Laurel para tomar vinos se ha quedado corta.
La oferta gastronómica será siempre un gancho indiscutible, pero las empresas de ocio de la ciudad han construido a su alrededor una red de actividades que atraen a grupos y cuadrillas del norte y el centro de España, cautivadas por un buen ambiente, unas distancias asequibles y una tierra con nombre de bebida alcohólica.
Experimentar la descarga de adrenalina que supone ponerse delante de una vaca dispuesta a cornearte exige un número mínimo de participantes. Según Sergio Espinosa, socio de la empresa Despedidassolteros.es, hay dos razones. La primera de ellas es que el espectáculo suele tener «más vidilla» con una cuadrilla grande. Pero la más importante es el precio, ya que «si el grupo tiene más de 20 personas se cobra 50 euros por cabeza y si son menos se cobran 750 euros».
Ignacio Ortega, responsable de Equus, el club hípico donde se celebran, apunta una tercera: «Una capea con cinco personas es un palizón, ni siquiera lo disfrutan». No obstante, a veces hay suerte y dos grupos diferentes, como una despedida y una cena de empresa, unen fuerzas y número en la plaza. Las capeas son la tercera actividad que más se contrata.
A ellas les va la marcha
El número de peticiones ha crecido mucho en los seis años que llevan ofertando las pequeñas corridas, pero no suelen hacer más de cinco o seis al mes. Aunque la mayoría de los que solicitan una capea son hombres, a ellas también les empieza a atraer la idea de jugarse el tipo. Cada año acuden más chicas, bien en cuadrillas mixtas o en grupos de mujeres.
Pero, ¿hay algo más que vaquillas? Sí, por supuesto. Los 50 euros que cuesta este servicio incluyen una cena o comida en los salones del centro. Además, cada uno es libre de añadir emoción a la jornada con un espectáculo de ‘striptease’ o un actor o cualquier otra animación, eso sí, contratada por separado.
El recinto también dispone de una barra donde se dispensan las bebidas alcohólicas (no incluidas en el precio), que en algún caso pueden ayudar a disipar temores de última hora. Y, al contrario de lo que podría parecer, Ortega asegura que a la gente tampoco se le va la mano bebiendo. «Como vienen un poco asustados se controlan».
Buena decisión, porque no hay que olvidar que los requiebros no se hacen al jefe o a la suegra, sino a una vaca. Ni Espinosa ni Ortega han visto muchas lesiones. «No tiene mucho peligro. En el centro de la pista hay un bidón donde se pueden refugiar y la mayoría de las lesiones son torceduras de tobillos», precisa Ortega. Adiós al tópico del valiente que se enfrenta a la bestia. Eso sí, nadie le podrá negar que los cuernos imponen.

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