Enemigo Unamuno

En el último pleno Bildu informó de que además de por filósofo, novelista y poeta, Unamuno destacó por despreciar a Euskal Herria

PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA
Unamuno saliendo de la Universidad de Salamanca en octubre de 1936./
Unamuno saliendo de la Universidad de Salamanca en octubre de 1936.

Unamuno lleva 76 años muerto y sigue en buena forma. Lo comprobamos en el último pleno municipal, cuando el PSE propuso celebrar en 2014 uno de esos Año Unamuno, otra vez. A todos los grupos les pareció aquello muy pertinente, menos al de Bildu, que es izquierdista y patriota por más señas. Durante un segundo, yo tuve la esperanza de que la portavoz de ese partido justificase su postura de algún modo sensato ("Y, oigan, ¿no deberíamos leerlo primero?"), pero no hubo suerte. Lo que hizo Aitziber Ibaibarriaga fue más bien darle al microfonito y asombrar al mundo. Explicó la política que su grupo se negaba a colaborar con el "enaltecimiento" de "una persona que si por algo se destacó fue por su furibundo desprecio al euskara, a Euskal Herria, y en las últimas etapas de su vida a la libertad y la democracia".

Ibaibarriaga pudo también levantarse y gritar: "¡Muera la inteligencia!", pero, como se ve, prefirió que el asesor que le preparó los papeles la matase él personalmente. Hay que pensar muy a medias para creer de verdad que Unamuno "se destacó" por el odio al euskera. ¡Si el euskera fue solo una más del trillón de cosas que Unamuno amó y odió según le diese! Solo una brizna más danzando en aquel huracán contradictorio. Siguiendo con Unamuno, también recordó Ibaibarraga "su apoyo inicial y sin titubeos al alzamiento militar franquista que dio pie a la consiguiente carnicería". Impresiona sin duda la inflexibilidad histórica, la irreprochable exquisitez moral que se mantiene en Bildu frente a la gente que no titubea y promociona carnicerías.

"EH Bildu se desmarca de los actos de enaltecimiento a Unamuno", leímos días después en el boletín de octubre del partido, donde se hace eso tan raro y moderno de aplicar el lenguaje periodístico a la egografía. La nota aparecía ilustrada con una foto en la que se ve al anciano Unamuno rodeado de militares, falangistas y legionarios. Es una turbamulta airada. Algunos parecen gritar, otros saludan a la romana. Se diría que la imagen confirma del todo la postura del partido izquierdista y patriota. ¿Lo veis? Ahí está Unamuno rodeado de sus amigotes los fascistas.

Lástima que la fotografía solo confirme el rigor con el que se maneja Bildu en este asunto. La solidez de esos prejuicios. Porque lo que se ve realmente en ella es un grupo de fascistas hostigando a Unamuno, que acaba de enfrentarse a Millán-Astray en el paraninfo de la universidad de Salamanca. Ocurrió el 12 de octubre de 1936 y solo la intercesión de Carmen Polo y del obispo Pla i Daniel impidió que a Unamuno le pegasen dos tiros allí mismo. Lo que pasó en el paraninfo es conocido: el viejo y quijotesco profesor enfrentándose al espadón mutilado. Y condenándose por ello. Sale Unamuno entre la jauría de la foto para su casa, donde permanecerá arrestado y morirá dos meses después. No deja de ser curioso que aquella reacción heroica naciese en parte a partir de unas palabras del profesor Maldonado contra catalanes y vascos. "Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes", dijo Unamuno. "Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao...".

Pero qué más da todo, en fin. Unamuno fue un enemigo de Euskal Herria y merece que de vez en cuando se le eche encima una alegre paletadita de oprobio. Hacerlo es tan sencillo como buscar una foto en Google y recuperar alguna que otra cita propicia de una obra que quizás ronde las diez mil páginas. Es todo grotesco y desolador. Y lo peor es que es solo un detalle mínimo y tangencial de lo que ha pasado en este país en las últimas décadas. Lo bueno es que Unamuno lleva muerto 76 años y sigue en plena forma: consiguiendo molestar a las élites militares. "A quienes lo conocíamos y lo amábamos no nos inquietan las circunstancias más o menos tenebrosas de su acabamiento", escribió Antonio Machado en el 36, al conocer en Valencia la muerte de Unamuno. "Sabemos de él lo que nos importaba saber: que murió, sin duda alguna, tan noblemente como había vivido".

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