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Ay, qué bebé más... ¡monstruoso!

bebés vampiro y pequeñines zombies

Ay, qué bebé más... ¡monstruoso!

Muñecos ultrarrealistas, que llegan a costar miles de euros, hacen las delicias de los coleccionistas y de su principal creadora, Bean Shanine, que demuestra que miedo y ternura son compatibles

20.03.13 - 11:07 -
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Miren bien a la muñequita (¿linda?) de la foto. ¿Le dan ganas de achucharla y cantarle una nana? ¿O el instinto de supervivencia le dice que lo mejor es clavarle una estaca, prenderle fuego o aplicarle algún remedio peliculero e infalible para destruirla? ¿Ambas cosas? Responda lo que responda, que sepa que ningún psiquiatra que se precie se lo va a echar en cara. Porque el ser humano es pura contradicción... y porque estas obras de arte están diseñadas para producir una mezcla de ternura y miedo, un binomio extraño pero no imposible. Bebés vampiro, con sus afilados colmillitos asomando -la peor publicidad para la lactancia materna, por cierto-, pequeñines zombis, con ojos inquietantes y pinta de haber resucitado con hambre de carne fresca... Estos muñecos, ultrarrealistas, se han convertido en los niños bonitos de los coleccionistas de objetos góticos y bizarros. Porque no se trata de toscos modelos de goma que quedan graciosos con sus caritas terroríficas y que acaban siendo vapuleados por los benjamines de la casa. Qué va. No son juguetes, ni se deben dejar en las manos destructoras de un crío: se trata de obras de arte creadas a mano -normalmente, por encargo- por profesionales puntillosos hasta la médula que tardan semanas en acabar uno de estos adorables monstruitos. Y, claro, su coste es proporcional al trabajo que llevan: valen de 650 a 950 dólares, pero los hay que superan los 1.500, dependiendo de los caprichos del cliente.

Los materiales de los que se fabrican tienen una textura y un aspecto muy parecidos a la piel humana. Incluso, si te fijas bien, puedes ver que es un poco traslúcida y tiene algunas venitas muy sutiles, rojeces e imperfecciones. Ojeras, arruguitas, las uñas un poco raras propias de los recién nacidos... no les falta detalle. Y por eso mismo resultan tan escalofriantes. Si se tratase de unos muñecos de estética gótica sin más -como las Monster High, que estan muy de moda para horror de las abuelas, que se debaten entre acceder a las peticiones de sus nietas y comprarles una o buscar rápidamente un exorcista- el efecto no sería el mismo. La artista Bean Shanine, creadora de bebés vampiro y zombis, lo tiene muy claro. Su clientela es muy exigente y busca hiperrealismo. Pero, ¿qué tipo de gente se gasta el dinero -y no es una cantidad desdeñable- en algo que al común de los mortales les produce grima? "Tengo clientes de todo el mundo -aclara Shanine a elcorreo.com-. No les conozco personalmente, porque en un mismo día me pueden llegar pedidos de Londres, de Francia... pero se trata de grandes coleccionistas que nunca han visto un trabajo así. Es gente a la que le encantan los vampiros, los zombis y el arte. Un gran surtido".

Convencida de que sus criaturas pueden inspirar miedo y ternura al mismo tiempo -como todo recién nacido, por otra parte-, desmiente rotundamente que los compradores de estos encantadores engendros sean frikis obsesionados con la parafernalia mortuoria y la casquería: "El talento es lo que inspira a la gente a poseer mis muñecas. No la muerte, la sangre o las tripas. Por eso pueden sentir ternura".

Y es cierto, por muy terroríficas que resulten estas monadas no hay nada 'gore' en ellas. Según explica Shanine, que exporta sus 'obras' a todo el mundo desde su casa de Washington, ella no es "una persona oscura". Simplemente, hizo hace tres años uno de estos engendros para un amigo y, a modo de experimento y con todo el escepticismo del mundo, lo puso en eBay para ver cuánto le daban por él. Y alucinó tanto con las ofertas que desde entonces no suelta el pincel y dedica muchísimas horas diarias a dar forma a los sueños, o pesadillas, de sus clientes. Porque cada nene lleva unas 30 capas de pintura y entre una y otra hay que dejar un tiempo de secado. Vamos, que es un trabajo de chinos y su negocio -bautizado como Twisted Bean Stalk Nursery- va viento en popa: ya ha hecho más de medio centenar de chiquitines terroríficos y los ha vendido todos.

"Soy como una niña grande"

Shanine, de hecho, está 'enamorada' de ellos, aunque sabe, como toda mamá, que algún día tendrá que dejarlos marchar. Y tiene sus preferidos, claro, aunque le cueste elegir. El que más le gusta es una niña zombi "con lágrimas negras rodándole por la cara", que va acompañada de un bebé de ojos brillantes. "¡Pero no sólo hago zombis, también bebés punkies y réplicas de niños ya más creciditos, que son lo que más vendo", asegura. Y parece que ella no es la única en su casa que siente pasión por sus creaciones. Ben Shanine, que lleva el pelo rosa magenta y un montón de tatuajes, tiene cuatro hijos que están acostumbrados a ver a su madre haciendo mini zombies y vampiritos en miniatura. Su hija de 9 años incluso les viste antes de enviarlos por correo y, como ha heredado el don de su progenitora, ya hace sus muñecas de trapo con colmillos. Vamos, que su 'fábrica' de chiquitines tiene visos de convertirse en un negocio familiar.

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