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Recorrido por los tres pantanos de Barakaldo

RUTA EN BICICLETA

Recorrido por los tres pantanos de Barakaldo

Un paseo por los embalses de El Regato que se construyeron para surtir las pujantes industrias de la localidad fabril

09.11.12 - 11:15 -
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Barakaldo es la segunda ciudad de Bizkaia. Su población ronda los 100.000 habitantes y su pasado está íntimamente ligado a la actividad industrial. El ajetreo de las calles del centro del municipio y el tráfico de la periferia contrasta con la tranquilidad de El Regato. Este barrio se encuentra a dos pedaladas del corazón de la localidad fabril. En los años en que Altos Hornos y las factorías químicas -actualmente ya cerradas- expulsaban tóxicos vapores por sus chimeneas, este enclave natural constituía la principal válvula de escape y esparcimiento de los baracaldeses. Hoy en día, sigue conservando un encanto especial.
La ruta que os traemos rodea los principales pantanos de Barakaldo. En realidad, os presentamos dos propuestas que resultan complementarias. La primera excursión se trata de un suave paseo prácticamente llano (12 kilómetros), en el que podremos visitar un centro de interpretación histórico y medioambiental y tomarnos incluso unos pinchos en los típicos bares de El Regato. Por el contrario, podemos optar por una singladura más exigente (23 kilómetros). La larga y esforzada subida que lleva del pantano de El Regato al de Oiola nos obligará a exprimirnos a conciencia. De embalse a embalse, remontando un valle de gran belleza.
En ambos casos, la jornada arranca en el BEC, junto a la parada de Ansio. Ciclaremos por un bidegorri hasta el barrio de Retuerto. Aquí nos bajaremos de la bicicleta si es preciso para realizar una pequeña transición por la acera. Pronto saldremos a la carretera que conduce a Gorostiza. Serán sólo unos metros de asfalto porque pronto giraremos a la izquierda para adentrarnos en el parque situado junto a La Siebe y el polideportivo municipal. Aquí tomaremos otro carril-bici que nos conducirá a la zona de la bolera. La zona está plagada de vestigios relacionados con la fundición del hierro. Durante la Edad Media numerosas ferrería se implantaron en el entorno aprovechando los cursos fluviales del Castaños y el Bengolea, cuyas truchas son protagonistas de una de las canciones populares más conocidas de Barakaldo.
Subiremos un pequeño repecho y veremos a nuestros pies las piscinas municipales descubiertas. Salimos de Gorostiza atravesando un pequeño puente de madera para torcer hacia la izquierda y comenzar a escalar la cuesta que nos conducirá hasta el acceso a la presa del pantano de El Regato. Es un repecho corto, pero duro. Una vez arriba estaremos ya en el camino que rodea el embalse. Es llano y se cicla con comodidad. Se recomienda transitar con precaución y a una velocidad baja, ya que suele haber paseantes. Aquí está el punto más peligroso que atravesaremos en todo el día. Se trata de una pasarela de madera que con el piso mojado es sumamente resbaladiza. Las autoridades locales deberían aplicar algún tratamiento antideslizante.
Pasado ese punto negro, disfrutaremos durante unos cuatro kilómetros de un sencillo paseo que rodea el pantano por su margen izquierda. Es frecuente ver a pescadores apostados en silencio en las orillas. En su zurrón se pueden ver carpas y barbos, principalmente. Llama la atención también el colosal viaducto de la autopista Supersur, que pasa por encima de la presa como un fantasma. Brota desde el agujero de un túnel en la montaña y se introduce en otro agujero tras volar varios cientos de metros. Apenas se oye el ruido del tráfico, pero la estampa paisajística se ha visto en cierto modo afeada por este derroche de modernidad.
Arnabal y Oiola
El pantano fue construido para surtir a Altos Hornos de agua destinada a la refrigeración de la factoría de Ansio. El proceso de producción de acero requería cantidades ingentes de líquido elemento. La zona es húmeda y el embalse suele estar casi siempre lleno. No muy lejos está también la presa de Arnabal, aunque está vallada y no se puede acceder. Al final de la senda nos toparemos con el frontón y la iglesia de El Regato. Momento de relax y de tomar algo en los bares o de ver el centro de interpretación.
El paseo nos lleva ahora a sus cuestas más empinadas. Al final del pueblo giraremos a la derecha y encararemos unas rampas cortas, pero duras que atraviesan varios caseríos. Tras la última curva de herradura cogeremos un pequeño sendero que se abre junto a una vivienda y que nos conducirá al antiguo campo de tiro. Aquí tenemos la opción de empalmar con la segunda parte del trazado. La subida al pantano de Oiola.
Hay que tener en cuenta que afrontaremos muros de más de 20% de desnivel. Son 3,5% en los que se supera un desnivel de 375 metros, aproximadamente. Esto da una media superior al 10%. La ascensión merece la pena. Las rampas más duras están pavimentadas y supondrán una pequeña ayuda. Poco a poco remontamos un valle de gran belleza. Circulamos por la margen izquierda, entre bosques de pinos. En las laderas de la derecha se pueden contemplar vestigios de las minas de hierro y los cargaderos de mineral. Precisamente, en Oiola había un viejo sistema para mover vagonetas que lo atravesaremos un poco más tarde.
La subida termina en un recodo del camino, tras salir a un claro. Las vistas son desde allí espectaculares. La última vez que pasamos, por cierto, disfrutamos de la compañía de una pareja de alimoches, un ave carroñera difícil de ver y amenazada. El dúo volaba libre sobre el pantano en busca de alguna res muerta. La ganadería está también muy presente en el entorno.
Un pequeño descenso nos llevará a los pies del embalse, que lo bordearemos casi por completo. Después giraremos bruscamente a la izquierda para encarar una última subida hasta la torre de comunicaciones que corona el Argalario. Serán otros 3 kilómetros de subida, pero más suaves. Desde su cima podremos contemplar vistas espectaculares del Abra y el Gran Bilbao. Ya sólo nos queda dejarnos caer, de nuevo, hasta Barakaldo, a través de un descenso emocionante y vertiginoso.
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