La nacionalización de inmigrantes se dispara en Euskadi con más de 12.000 casos en 2013

La población vasca de origen extranjero supera ya las 200.000 personas, por encima del 9% del total de residentes

JAVIER MUÑOZBILBAO
Sonia Garbizu, secretaria del registro de Bilbao./ B. Corral/
Sonia Garbizu, secretaria del registro de Bilbao./ B. Corral

Las nacionalizaciones de inmigrantes se han disparado en Euskadi, y los registros civiles ya las tramitan a velocidad de crucero. Según el Ministerio de Justicia, más de 12.000 extranjeros radicados en la comunidad autónoma obtuvieron el DNI y el pasaporte españoles durante 2013, más del doble que el año anterior y seis veces más que en 2007. La explicación de ese espectacular incremento es el plan intensivo desarrollado por el departamento de Alberto Ruiz-Gallardón para desatascar más de 400.000 expedientes pendientes, sumando los atrasados y los nuevos que iban llegando. No obstante, las cifras también confirman una tendencia que había comenzado a manifestarse en 2011, cuando las concesiones de la ciudadanía española por residencia, que hasta entonces se situaban en unas 2.500 anuales en Euskadi, se aceleraron. En 2012 sumaron casi 5.000, un nivel que a tenor de los datos provisionales de enero pasado, podría ser ampliamente rebasado también en 2014, como ocurrió en 2013.

El flujo de nacionalizaciones -12.222 resoluciones positivas en Euskadi entre finales de 2012 y el 14 de enero de 2014- había sido anunciado por los expertos hace un lustro. Las solicitudes aumentarían a medida que los extranjeros no comunitarios prolongaran su estancia (a latinoamericanos, portugueses, guineanos y filipinos les bastan dos años de residencia legal para empezar el papeleo y a los demás, diez). Sin embargo, la crisis ha hecho que el incremento sea mayor de lo previsto. El DNI permite moverse por la UE en busca de trabajo o viajar a casa con la vista puesta en regresar a Europa cuando los tiempos mejoren.

Desde 2002 a 2013, unos 35.000 extranjeros se han nacionalizado por residencia en el País Vasco, todos con derecho a voto en cualquier consulta electoral. Tales cifras se obtienen cruzando los datos del Ministerio de Justicia con los del Instituto Nacional de Estadística (INE), organismo que ofrece otra información relevante: entre 2000 y 2012, ambos inclusive, nacieron en el País Vasco 17.791 niños de madre extranjera, de las cuales 3.571 eran marroquíes.

Las cuentas son sencillas: si a los 148.000 extranjeros empadronados en la comunidad -un colectivo que se ha estabilizado- se les añaden los que se han ido nacionalizando por residencia desde 2002 y los vástagos de unos y otros -sus padres pueden inscribirlos como españoles- la población vasca de origen foráneo rebasaría el 9% del censo total y formaría un colectivo de algo más de 200.000 personas, muy próximo al padrón de Vitoria. Algo así como la cuarta 'capital' de Euskadi (tras Bilbao, Vitoria y San Sebastián), si bien el éxodo laboral provocado por la falta de empleo ha podido reducir temporalmente esa cifra.

Para hacerse una idea de la intensidad que están alcanzando las nacionalizaciones en Euskadi se puede dar una vuelta por los registros civiles, órganos judiciales que toman juramento o promesa de la Constitución a los extranjeros cuando el Ministerio de Justicia devuelve los expedientes aprobados. En Bilbao, un centenar de personas realiza cada semana ese trámite, previo a la gestión del DNI en la Policía. En Vitoria lo hacen otros 50 inmigrantes y en San Sebastián, unos 40.

Ese contingente se compone sobre todo de latinoamericanos. Entre seis y siete de cada diez personas citadas para la jura en Euskadi tienen esa procedencia -colombianos, bolivianos y ecuatorianos principalmente-. Y el 60% son mujeres debido al citado predominio latino. Esa proporción se puede comprobar a simple vista en el registro civil de Bilbao, situado en el palacio de justicia, donde a los extranjeros los convocan para la jura con dos meses de antelación y los concentran un día de la semana. En San Sebastián ocurre igual, aunque las juras se fijan a veces a un año vista. En Vitoria, la organización es diferente y el trámite se efectúa a diario.

La gorra, por favor

El acto es sencillo. En la capital vizcaína tiene lugar los jueves entre las 9.30 horas y las doce del mediodía. A la puerta de una pequeña sala multiusos se agolpan un grupo heterogéneo de decenas de personas. Un jueves cualquiera acuden colombianos, bolivianos, argentinos, guatemaltecos, marroquíes, argelinos, egipcios, mauritanos, congoleños, rusos... Todos han superado con anterioridad dos entrevistas -en el propio registro civil y en la Policía- para demostrar su conocimiento del idioma y de las costumbres locales. La jueza, Alicia Sánchez, los recibe en grupos de cuatro y solventa los imprevistos legales a medida que se presentan. «Enhorabuena, ya sois españoles», concluye.

La jura de la Constitución, las indicaciones y las firmas han durado apenas cinco minutos. Entre la bandera española y la ikurriña hay un cartel pegado en la pared que dice: 'Rogamos se abstengan de mascar chicle'. Los extranjeros se sientan alrededor de una mesa y cuando llevan la gorra puesta, les recuerdan que deben descubrirse. «Ah, perdón», se disculpa el aludido.

Si el ritmo actual de concesiones de nacionalidad se mantiene constante, sólo en las tres capitales vascas podrían haberse nacionalizado a finales de 2014 cerca de 12.000 individuos, a los que habría que añadir el goteo de los demás registros civiles (Barakaldo, Getxo, Irún...). Cada uno de esos inmigrantes es un mundo. «A partir de ahora quiero estudiar un grado superior de Peluquería», confiesa la boliviana Ana Macías. Al colombiano Héctor Fernández su pareja lo abraza rebosante de alegría y le hace una fotografía. «Trabajé en una inmobiliaria. Llevaba trece años aquí», relata aliviado.

Este mes hubo que posponer en Bilbao la nacionalización de un menor magrebí con una minusvalía psíquica porque debía jurar la Constitución acompañado de su madre y no de su hermano. Otro extranjero del Este que era sordomudo acudió con un intérprete de signos que le tradujo las indicaciones de la jueza. Cuando llegó su turno, leyó en voz alta un texto impreso en letras grandes. Lo hizo con sus limitaciones, pero sin pestañear: «Juro o prometo fidelidad al rey y obediencia a la Constitución y las leyes».

El trasiego en los registros civiles es frenético. Junto a los adultos se nacionalizan centenares de menores, aunque estos últimos no lo hacen técnicamente por residencia. Unos han nacido en Euskadi y tienen 2, 3, 10, 11 y hasta 14 años, pero sus familias han dejado pasar ese tiempo antes de tomar la decisión de inscribirlos como españoles. También los hay nacidos en el extranjero que han podido nacionalizarse porque los padres lo han conseguido antes.

Los avatares familiares obligan a los funcionarios judiciales a actuar sobre la marcha. En Bilbao, por ejemplo, un hombre que quería nacionalizar a su hija pequeña no se atrevía a confesar delante de ella que tenía una orden de alejamiento de la madre. Una mujer brasileña, por el contrario, estaba feliz, porque la jueza le indicó que podía nacionalizarse española con el apellido de la madre. «Me llamaré igual que ella, Leiza da Souza. Me hace mucha ilusión», admitió emocionada.