El refugio de Paco de Lucía en Durango

Casado con la vizcaína Casilda Varela Ampuero, solía pasar sus vacaciones de verano y Navidad en el palacete familiar de Etxe Zuria

KOLDO DOMÍNGUEZ
Fachada de la casa Etxe Zuria, en Durango./ E.C./
Fachada de la casa Etxe Zuria, en Durango./ E.C.

Cuando la guitarra dejaba de sonar y Paco de Lucía intentaba ser simplemente Francisco Sánchez Gómez se refugiaba en sus particulares "paraísos", donde podía vivir ajeno a la fama y "ser feliz". El último fue Cancún, donde ha fallecido, pero antes hubo otros. Su casa natal de Algeciras, su residencia en Toledo, el chalé que compró en 2002 en Mallorca y el palacete Etxe Zuria de Durango. Sí, la localidad vizcaína fue durante años el destino insólito del guitarrista, donde disfrutaba del "anonimato y la tranquilidad".

La conexión del gaditano con el País Vasco se explica por su matrimonio con Casilda Varela Ampuero, nacida en Bilbao en 1945 y criada en Cádiz. "No he venido demasiadas veces a tocar al País Vasco, pero sí vengo a menudo porque mi mujer y su familia son de aquí", reconocía el guitarrista en una entrevista con este periódico en septiembre de 1988, antes de un concierto en la Pérgola de Bilbao. "Tenemos una casa en Durango y cuando no tengo trabajo aprovecho para pasar unos días. Pero lo que no me gusta de este país es que cada vez que estoy aquí cojo siete u ocho kilos en una semana. La comida es fantástica", se lamentaba falsamente dolido.

"Para Paco, Durango era uno de sus puntos de recogimiento. Le gustaba ir a Etxe Zuria (la casa familiar de los Ampuero), donde amaba la soledad, la vegetación, la luz y los colores, incluso en los días nostálgicos de lluvia, de sirimiri". Casilda Varela era ayer una mujer afligida tras conocer la noticia de la muerte del que durante muchos años fue su marido. Se casaron en Amsterdam en enero de 1977. Ella era una joven que estudiaba baile flamenco con Regla Ortega -ahí se conocieron-, hija del general José Enrique Varela y de Casilda Ampuero y Gandarias, una bilbaína perteneciente a la alta burguesía vizcaína. De ahí la relación de Paco de Lucía con Durango, donde la familia de su suegra poseía -y aún posee- Etxe Zuria, su residencia de verano. "A él le gustaba esa mística especial de Durango. Se aislaba en la galería modernista de la casa, decorada con cerámicas de Daniel Zuloaga -hermano del pintor-. Allí componía, se inspiraba y tocaba la guitarra con la luz del jardín que entraba por los amplios ventanales", recordaba ayer Casilda Varela para EL CORREO. "Además iba mucho a comer a Getaria. Le encantaba el País Vasco y el mar, porque para él el mar siempre fue muy importante".

Primera comunión de las hijas

Pese a haber roto hace años la relación con su primera mujer -y madre de sus tres hijos mayores-, Paco de Lucía aún se dejaba ver por Durango. Su última visita fue hace unos dos años, con motivo de un concierto que iba a dar en Bilbao. "Todo lo que pueda decir de él es poco. Era una persona de categoría". Quien así describe al guitarrista es Inés Oruna. Ella le conocía bien. No en vano desde hace tres décadas es la guardesa de Etxe Zuria. "Le encantaba la comida de aquí. De hecho, le estoy muy agradecida porque en alguna entrevista llegó a mencionar que no conocía otra cocina mejor que la mía", recordaba ayer emocionada.

Mientras estuvo casado con Casilda, sus estancias en Durango fueron habituales. Todos los que tuvieron trato con él aquellos días coinciden en que era un hombre "sencillo y bueno". Sus visitas coincidían casi siempre con las fechas de verano y Navidad. Sus dos hijas mayores, Casilda (nacida en 1978) y Lucía (1979) hicieron la primera comunión en esta localidad. La propiedad, situada junto al parque de Pinondo y la plaza de Santa Ana, cuenta con una capilla, además de un pequeño frontón y diversas instalaciones. En las inmediaciones de la vivienda solía pasear el músico en compañía de sus tres hijos cuando estos eran pequeño e incluso en ocasiones se animaba a tocar la guitarra en uno de los bancos del parque, bien solo o acompañado de algún que otro joven fan local.

La duranguesa Inés Oruna sí tuvo la suerte de conocer más de cerca al gaditano. "Era una bella persona", insistía ayer pocas horas después de que le avisaran de su muerte. "Desde las ocho de la mañana no ha parado de sonar el teléfono", confesaba, mientras le venía a la cabeza lo que el gaditano gozaba disfrutando de la comida que preparaba. "Le gustaban mucho mis postres, sobre todo el flan casero, que le encantaba".

El cine también figuraba entre sus grandes aficiones cuando se acercaba pasar unos días de descanso en Durango. "Recuerdo que un día fui con una amiga al cine Zugaza y me lo encontré delante de mí sentado con su mujer Casilda", recordaba ayer Nekane, una vecina de la localidad.

También le gustaba, y mucho, hablar de deporte (era seguidor del Real Madrid) con el hijo de la guardesa, así como jugar a pelota en el pequeño frontón de la finca. Uno de los testigos, y a veces participante, en aquellos partidos fue el guitarrista británico John McLaughlin, a quien invitó en varias ocasiones a Etxe Zuria. "Recuerdo que solía venir regularmente a jugar a pelota vasca con él", confesó el músico hace años a este periódico. Precisamente una de sus últimas visitas a Durango fue con McLaughlin y Manolo Sanlúcar. Los tres se 'encerraron' durante una semana para ensayar antes de un concierto que iban a ofrecer en Hendaya.

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