Gipuzkoa se juega en el corto plazo perder todo el atractivo inversor ganado en décadas

Expertos advierten de que el mensaje que se traslada a los empresarios es: «Me molestas» . Además, alertan de la conflictividad laboral y cargan contra el impuesto de la riqueza

DAVID TABERNA
El presidente de la patronal guipuzcoana (Adegi), Pello Guibelalde, junto al diputado general de Gipuzkoa, Martin Garitano./ Mikel Fraile/
El presidente de la patronal guipuzcoana (Adegi), Pello Guibelalde, junto al diputado general de Gipuzkoa, Martin Garitano./ Mikel Fraile

«Gipuzkoa siempre ha tenido atractivo para invertir. Todo eso se ha perdido o se está perdiendo. Son mucho más atractivas Bizkaia, Álava y Navarra que Gipuzkoa. Y algunos te ponen la alfombra roja para que vayas allí». Quien lo dice no es ni empresario ni un político de la oposición. Pero trabaja diariamente y desde hace muchos años buscando inversiones, exponiendo las ventajas competitivas de Gipuzkoa y su saber hacer y, «por supuesto», su soberanía fiscal. Lo hace lejos de la tribuna mediática. Por eso, prefiere que no se cite su nombre. Pero el diagnóstico lo tiene claro: ¿Gipuzkoa está perdiendo atractivo inversor, como denuncian Adegi, Kutxabank y Confebask? «Yo lo que sé es que con esta nueva fiscalidad de Bildu y el poco apoyo al empresario está claro que nadie va a venir. Y el de Gipuzkoa se lo está pensando dos veces antes de invertir en su empresa».

En los últimos meses, la patronal guipuzcoana viene denunciando que en un momento de alarma económica como el actual, donde las compañías siguen cerrando agotadas tras seis años de crisis Fagor es el ejemplo más claro, Gipuzkoa está dejando de ser un territorio interesante para la inversión. A sus costes laborales, los más altos de España en sectores estratégicos como el Metal, y la alta conflictividad laboral, recrudecida tras el 7-J, se ha sumado el desamparo que dicen sentir los empresarios por parte de las instituciones, y en especial de la Diputación. La gota que ha colmado el vaso a la supuesta «falta de apoyo» e impulso a la actividad económica ha sido la aprobación del nuevo Impuesto de Patrimonio, denominado en Gipuzkoa de la Riqueza y las Grandes Fortunas. Un tributo que computa como patrimonio personal del empresario el 25% de sus participaciones en la compañía: instalaciones, equipamientos... Así, en la próxima primavera, los empresarios guipuzcoanos pagarán 9 millones de euros más que sus colegas vizcaínos, alaveses o del resto del país.

Lejos de diluirse el debate, hace sólo unos días el presidente de la patronal vasca, Miguel Ángel Lujua, se negaba a enfocar la polémica como un «problema territorial de Gipuzkoa», y advertía de que la política y la fiscalidad «antiempresarial» de Bildu en el territorio ahuyentaban posibles inversiones en todo Euskadi.

Lo cierto es que cualquier observador independiente a pie de calle podría infravalorar las advertencias con un argumento lógico: «Si les suben los impuestos qué van a hacer, quejarse. Pero decir que Gipuzkoa esté perdiendo realmente atractivo inversor...».

Expertos en consultoría empresarial, financiera y fiscal del País Vasco reconocen, en cambio, que la advertencia de Adegi no es ningún canto de sirena, sino la realidad del día a día. «La fiscalidad de Gipuzkoa no ayuda a que el empresario se vea motivado a invertir», admite el director general de Norgestión, José Antonio Barrena. «El nuevo impuesto de la riqueza no existe en todo el Estado. Esos 9 millones que prevé la Diputación recaudar de los empresarios, estos los podrían reinvertir en la empresa para generar empleo, maquinaria... Son inversiones que ayudan a otras empresas clientes del territorio, que dinamizan la economía», explica. El responsable de una de las firmas de asesoramiento de empresas más reconocidas de Euskadi subraya que en Gipuzkoa el empresario puede tener la sensación «de sentirse perseguido por factores sindicales y tributarios. Nadie reconoce los méritos del empresario, que es el que crea empleo».

Signos de esperanza

Pese a ello, Barrena quiere ser optimista y desea que «Gipuzkoa siga siendo un territorio interesante para la inversión». Para ello, cree que en los próximos meses las relaciones laborales van a empezar a cambiar. «Estamos ante un momento muy tensionado en la relación empresa-trabajador, pero poco a poco empezamos a ver en las empresas acercamientos con fórmulas imaginativas, donde los trabajadores participan más en la compañía y hay una mayor transparencia e información. Euskadi no estará en recesión en 2014, pero el crecimiento será muy bajo. Por eso, hará falta generosidad por ambas partes. Y lo estamos viendo», avanza. «Acuerdos de congelación o reducción moderada de salarios y aumento de horas de trabajo, a cambio de retribuciones variables, que aumentan cuando las cosas mejoran. Hasta ahora era algo habitual en directivos, pero lo empezamos a ver a nivel de trabajadores».

El director general de Norgestión recuerda que el empresario guipuzcoano «siempre ha sido diferente, conoce los nombres de sus más de 100 trabajadores.... Hay que recuperar la confianza mutua».

En caso contrario, Barrena tiene claro el futuro: «Si con la economía actual el trabajador pide cada vez más, la diferencia con el resto de competidores provocará deslocalizaciones, inversiones en otras zonas geográficas... Será malo para todos».

El director general de Norgestión recuerda que Gipuzkoa «siempre ha sido un buen territorio para invertir», pero sus empresarios «no arriesgan si no controlan el terreno». «Con la carestía de crédito actual, la incertidumbre de pedidos y una fiscalidad que les penaliza, será difícil pedirles que arriesguen».

Para otros expertos ni se les puede pedir, ni se les deja. Xabier Aldareguia, experto fiscal del despacho Attest en Donostia, está convencido de que «Gipuzkoa está dejando de ser un territorio atractivo para la inversión, y además, va a ir a peor». «Se ha quedado como el territorio con peor tratamiento fiscal del entorno. Los empresarios de aquí se ven penalizados con respecto al resto. Se les pide que paguen por un patrimonio sus participaciones en la empresa sin que puedan disponer de él».

Aldareguia recuerda que Bizkaia, Álava y Navarra tienen exenciones sobre las participaciones empresariales, mientras que en Gipuzkoa reina «la ideología frente al pragmatismo». «Si en los territorios vecinos no les penaliza fiscalmente ese patrimonio empresarial, los contribuyentes se van a ir y perderemos todos sus ingresos. No hace falta irse a Madrid, con hacerlo a Bilbao, vale», sentencia.

Para este profesional con amplia experiencia en el ámbito fiscal, lo importante es el mensaje que Gipuzkoa traslada al empresario: «No te queremos. Me molestas». «Eso es lo que les estamos diciendo a las empresas familiares del territorio. Los de toda la vida. La gente debe tener claro que los dueños de las empresas se van a deslocalizar y los centros de decisión, por tanto, también», añade.

Aldareguia cree que está en juego el futuro para las generaciones venideras. «Es una tormenta perfecta. La crisis, la falta de apoyo institucional y la penalización fiscal extra de Gipuzkoa: IBI, Sociedades, Impuesto de la Riqueza... La situación es descorazonadora y no se es consciente de lo que hay en juego. Casi se desprecia a la gente que genera actividad», dice.

Coste a corto plazo

El diagnóstico, aunque menos contundente, es compartido por otro veterano experto fiscal, Juan José Etxeberria, socio director para Gipuzkoa del despacho Cialt. «Para la mayoría de contribuyentes que pagaban Patrimonio, el nuevo impuesto de la Riqueza no les afecta, pero sí lo hace para algunos especialmente sensibles, como pueden ser los empresarios que llevan seis años sufriendo al frente de sus empresas. Se les pide un esfuerzo que no sé cuánto van a poder aguantar», advierte. «Si el impuesto lo perpetúan 3 ó 4 años, el coste será muy alto», augura.

Etxeberria coincide con otros especialistas en que las constantes modificaciones fiscales de los últimos años agravan la «incertidumbre». «El inversor quiere saber a lo que se enfrenta, y esto es lo que menos necesita. Además, el pacto fiscal cerrado entre el PNV, el PSE y el PP lo va a aplicar un partido (Bildu) que no ha hecho esa reforma. No sabemos cómo va a interpretar los cambios, y eso genera incertidumbre».