Una factura de 33.000 euros por jornada

Trescientos ertzainas vigilan los partidos de los siete clubes profesionales de Euskadi, a los que el Gobierno vasco proyecta cobrar 31 euros por hora y agente

JAVIER ORTIZ DE LAZCANOBILBAO
Ertzainas controlan los accesos a San Mamés en el Athletic-Celta del pasado día 19. / Ignacio Pérez/
Ertzainas controlan los accesos a San Mamés en el Athletic-Celta del pasado día 19. / Ignacio Pérez

Sin contar partidos de alto riesgo, en los que la vigilancia se refuerza, y en base a los datos aportados por los propios clubes y fuentes del Departamento de Seguridad, más de 300 agentes de la Ertzaintza trabajan en los campos de los siete clubes profesionales vascos fútbol y baloncesto cada vez que juegan en casa. El dispositivo es el siguiente: Athletic (100), Real Sociedad (80), Alavés (25), Eibar (20), Laboral Kutxa (20), Gipuzkoa Basket (35) y Bilbao Basket (30). Algunas diferencias entre los equipos, de apariencia ilógica, se explican por las distintas particularidades de las comisarías de cada territorio, como la disposición de efectivos y las decisiones de los superiores que organizan los operativos de vigilancia.

El Gobierno vasco proyecta cobrar una tasa por las actuaciones de la Policía autónoma en espectáculos y eventos públicos de carácter profesional o lucrativo, como es el caso de los siete clubes citados. Así se recoge en el anteproyecto de la Ley de Espectáculos Públicos del Gobierno de Urkullu. A 31 euros por hora y agente. Eso sí, se aplica un descuento de un 30% a quienes contraten seguridad privada, como son todos esos clubes. La Guardia Civil ya cobra en algunas provincias y la Generalitat de Cataluña lo hace en los partidos de alto riesgo.

En cada partido, los agentes trabajan una media de cinco horas. Empiezan el dispositivo dos horas antes del inicio y lo concluyen una hora después. Con la bonificación aplicada, la tarifa conjunta de todos los clubes por jornada de local se va a los 33.000 euros. Se desglosan así: Athletic (11.000 euros), Real Sociedad (8.500), Alavés (2.500), Eibar (2.000), Gipuzkoa Basket (4.000), Bilbao Basket (3.500) y Laboral Kutxa (2.000).

Al Athletic-Celta de la semana pasada acudieron alrededor de cien ertzainas. En una temporada reducida a su mínima expresión (sólo 19 partidos de Liga y 1 de Copa) y sin contar con medidas extras por declaraciones de 'alto riesgo', el coste total para el club rojiblanco se iría a los 220.000 euros. Para la Real Sociedad serían 170.000, para el Alavés 55.000 y para el Eibar unos 42.000. La factura además depende de mil circunstancias. «Si hay prórroga, el precio sube». Pero es que incluso es muy habitual el caso de que los agentes deban esperar porque un rival tiene problemas para pasar el antidopaje, como le sucedió recientemente a un jugador del Zaragoza en Eibar. «Estuvo casi una hora. Eso lo retrasa todo. Se acompaña al equipo rival y hasta que no abandona la ciudad no se acaba el dispositivo», detalla un agente.

Queda por ver lo que sucede con los agentes que deben ir a los campos de los clubes de categorías inferiores. Fuentes de la Federación Vasca de Fútbol están esperanzadas con que no se les cobre. Se agarran a que el anteproyecto de ley habla de espectáculos profesionales y lucrativos. «Y en esos terrenos no se cumple ninguna de esas condiciones», indica un dirigente.

«Todo depende del rival»

La semana pasada hubo 'pocos' agentes en San Mamés. Era un partido ante el Celta, un rival con el que los radicales rojiblancos confraternizan (hubo actos de hermandad en la ida en Vigo) y que no necesita un despliegue extra porque no fue declarado de 'alto riesgo'. Hay noches continentales en las que se reúnen hasta 170 agentes. Aplicando el descuento del 30%, la tarifa aquí se va a los 16.000 euros, una cifra muy aproximada al costo para el Departamento de Interior, según las fuentes consultadas. «Todo depende de quién sea el rival. Si es un equipo ruso que trae apenas a 40 seguidores, la seguridad es menor. Pero si es un francés, que arrastra mucha gente, o clubes con hinchadas conflictivas o con antecedentes de enfrentamientos con los radicales locales, el número es mayor», explican fuentes del Departamento de Seguridad.

Como esta campaña no hay entradas para los rivales, la seguridad del nuevo San Mamés no necesita ser reforzada. En Anoeta, sin embargo, el costo sí sufre aumentos. El Atlético de Madrid es un partido de 'alto riesgo' tras al asesinato hace 15 años por ultras rojiblancos del hincha realista Aitor Zabaleta. La Real, además, ha jugado la Liga de Campeones. Cada uno de esos partidos ha requerido la presencia de 150 agentes.

El escenario plantea, sin embargo, algunas dudas. ¿Quién paga las facturas que generan los grupos ultras visitantes? La pasada campaña dos docenas de 'Ligallos', radicales de ultraderecha del Zaragoza, se presentaron en San Mamés. Cuatro furgonetas de la Brigada Móvil, con alrededor de treinta agentes, les esperaron en ruta, les cachearon y registraron su autobús, les entretuvieron para llevarles al campo con el partido ya comenzado, les mantuvieron separados de la gente y allí hasta una hora después de acabado el encuentro y les escoltaron hasta el área de servicio de Arrigorriaga. ¿Mandaría el Athletic entradas al Zaragoza si le giran esa factura?

Los clubes pueden alegar que el anteproyecto de ley incluye sólo el cobro por la actividad que se desarrolle en los alrededores del campo y en su interior. «Cada vez que el Maccabi de Israel juega en Vitoria o cuando hay partidos europeos en Bilbao o San Sebastián con hinchas llegados de fuera, se refuerza la seguridad desde el día de su llegada en las ciudades, pero esos gastos no se cargarán a los clubes», indica una fuente de la Ertzaintza.

Otro interrogante. Una etapa de la Vuelta al País Vasco convoca a alrededor de 70 agentes. A siete horas por jornada y cuatro días de trabajo salen unos 60.000 euros. Pero aquí el problema es el alto coste del material que emplean, alrededor de veinte motocicletas y un helicóptero. La organización apela además a que ellos hacen frente a los gastos de hotel y de manutención de los agentes que les acompañan. Las carreras de aficionados, por su parte, confían en que no se les cobre. En una delicadísima situación económica, tener que pagar a los ertzainas que les escoltan durante el recorrido supondría un durísimo golpe para las organizaciones modestas.