Adriana, coser y cantar

En clase la apodaban "la defensora del pueblo", baila flamenco, le pirra pasear a sus perros y comprar sábanas y toallas para su casa. Así es Adriana Ugarte

ESTER REQUENA
'El tiempo entre costuras’ ha catapultado a Adriana Ugarte a la fama./
'El tiempo entre costuras’ ha catapultado a Adriana Ugarte a la fama.

Adriana Ugarte (Madrid, 1985) era la actriz que menos papeletas tenía para encarnar a Sira Quiroga en 'El tiempo entre costuras' (Antena 3). Pesaba en su contra el éxito unos años antes de 'La Señora' (2008-2010, La 1), otra serie de época con más de cuatro millones de fieles espectadores, incluida la Reina Sofía. La audiencia, al verla de nuevo con el pelo con ondas y faldas de talle alto, podría confundirla con la marquesa de Castro... y no ver a la costurera ideada por María Dueñas. Pero Adri, como la llaman sus amigos, fue a por todas. La prueba la tenía ante dos conocidas: las directoras de casting Eva Leira y Yolanda Serrano, quienes curiosamente le dieron el papel en 'La Señora'. Llegó en vaqueros, camiseta, melena suelta y el inseparable reloj de muñeca clásico de su madre que luce desde los 18 años. En su cuello el colgante aguamarina que le regaló una amiga y que le aporta seguridad. ¡Y vaya si se la dio!: solo necesitó 30 segundos para imponer su interpretación. «Unanimidad total», recuerda Emilio A. Pina, productor de la adaptación del 'best seller' realizada por Boomerang TV.

No se equivocaban. El mismo flechazo ha tenido la crítica y, lo más importante, los más de cinco millones (24.6% de 'share', casi el doble de la media diaria de la cadena) que siguen sus aventuras y desventuras cada lunes por la noche. La actriz madrileña se ha convertido en la nueva reina Midas de la televisión. No se le han resistido ni 'Isabel' ni los portentos de 'La Voz'. Pina lo tiene claro: «Es nuestra Victoria Abril actual, ¡y no desmerece a Penélope! Es la actriz con más proyección nacional e internacional del momento. Penélope es el presente y Adriana el futuro».

El teléfono de la actriz no ha parado estas semanas de recibir felicitaciones elevándola a los altares. Incluido Twitter, donde hasta Daniel Grao ('Los ojos de Julia', 'Fin', 'Luna, el misterio de Calenda'...) dejó constancia que le ha pedido a los Reyes Magos trabajar con ella.

Como es habitual, Adriana no levantaba dos palmos del suelo cuando ya decía eso de 'mamá, quiero ser actriz'. Le daba igual el medio: «Aunque sea para hacer un anuncio de Nenuco», le repetía a toda la familia como un disco rayado siempre que iban al cine o al teatro. Sus padres, un magistrado y una abogada que se conocieron estudiando Derecho (su hermano mayor, Luis, también es abogado), pensaron que sería una moda pasajera porque todos cuentan con una marcada vena artística. Solo hay que recordar su último cumpleaños, en el que no se arrancó a bailar (porque le da al flamenco desde pequeña), aunque sí cantó mientras su hermano rasgaba la guitarra. Ella toca al piano por afición, aunque pasa más tiempo en la cocina, donde la musaka se ha convertido en su plato estrella. Además, su galletero siempre está repleto para algún que otro 'atracón'. Para eso se machaca en el gimnasio, que lo combina con el 'softraquet', una especie de tenis que se practica en una pista de squash. Aunque siempre puntualiza que su mejor deporte es pasear a sus perros: Peache, una perra de aguas, y Ona, una chihuahua de pelo largo. De no haber sido actriz, habría tirado a Veterinaria. ¡Si hasta cuando habla con sus amigos a veces pone voz de animal entre bromas! Adaptaciones gatunas incluidas.

«Sin una mala cara»

«No tiene nada de diva. Es una chica normal de su edad que no parece actriz», detalla Pipo Fernández, fotógrafo de escenas de 'El tiempo entre costuras'. Siempre que el frenético rodaje y su estudio de guiones se lo permitía, salía con todo el equipo a tomarse un té. Y pese a las agotadoras jornadas de rodaje en Marruecos (podía comenzar a las ocho de la mañana y terminar 12 horas después sin apenas descanso porque está en todas las secuencias de la serie), «no puso ni una mala cara o gesto». Ni siquiera abrigada, sudando la gota gorda a casi cuarenta grados cuando todo el equipo iba en pantalones cortos y chanclas. De hecho, permaneció unos días de baja por agotamiento y sobreesfuerzo... Eso sí, delante de la cámara pudo demostrar las nociones de costura que le enseñó de pequeña su abuela Apolinia y por eso deslizó su nombre en el primer capítulo para homenajearla. «Hago apañitos en casa, coso botones y cojo los bajos a las amigas», detalló a este periódico durante el rodaje de 'El tiempo entre costuras' en Tánger. Ahora incluso hace sus pinitos como diseñadora: en breve lanzará una línea de ropa interior sexy, «y cómoda a la vez». Pero también le pirra comprar sábanas y toallas para su casa sin mirar el precio.

Adriana no para de actuar «sin prisa pero sin pausa» desde que con 15 años convenciese a sus padres para apuntarse a un curso de interpretación gracias a sus buenas notas. Era toda una «empollona» en el elitista Colegio del Pilar, en pleno barrio de Salamanca, (por cuyas aulas pasaron otros "ilustres" como Aznar, Wert, Rubalcaba...), aunque en Historia con su profesor Iñaki se tenía que aplicar más de lo habitual. A los 16 se puso por primera vez delante de una cámara dando vida a una chica esquizofrénica en el corto 'Mala espina', interpretación por la que la premiaron en el Festival de Alcalá de Henares. Con 21 llegó la candidatura al Goya a la mejor actriz revelación por 'Cabeza de perro' (al final se lo llevó Ivana Baquero por 'El laberinto del fauno'). Aparcó entonces la carrera de Filosofía en tercero, pero no abandonó los libros. Está matriculada en la UNED en Filología Inglesa, idioma en el que se defiende perfectamente. Igual que en francés.

Cicatriz de un accidente

Su cara seduce a la cámara desde cualquier ángulo. Incluido el que muestra la cicatriz cerca de la comisura de los labios rozando el mentón, que le recuerda un accidente de tráfico que tuvo con cinco años. Nunca ha pensado en quitársela por más que tras alguna sesión de fotos se la hayan difuminado, al igual que su lunar (un poquito más arriba) a lo Cindy Crawford. Pero, ojo, su delicada imagen esconde un carácter protestón ante las injusticias. Le viene de casta. ¡Hasta en el colegio la apodaban la defensora del pueblo! «Soy muy reivindicativa, pero también muy disciplinada», resume.

Discreta al máximo sobre su vida privada, además de muy «casera», sale desde hace más de un año con el también actor Álex González, al que considera «su príncipe azul», un noviazgo consolidado pero que no airean delante de los focos. Posan por separado en galas -por cierto su madre le regaña a veces por llevar faldas demasiado cortas- y ante las preguntas de la prensa del 'cuore' se piropean mutuamente («Adriana está bendecida, es muy grande», dijo de ella su chico en estas mismas páginas). Pero también se lanzan tiritos. Hace unos días, vestida de novia para presentar la nueva colección nupcial Aire Barcelona, comentó cómo le encantaría que le pidiese la mano: «Como sin importancia, que de repente durante la cena Álex me dijese 'oye pásame el agua y cásate conmigo'». Sin embargo, lo de la vicaría no entra en sus planes inmediatos pese a que se ve en el futuro casada y con hijos.

La pareja superó junta el mal trago de la actriz en los pasados Premios Goya, donde un fallo en los sobres de los premiados la convirtió en protagonista involuntaria de la gala al otorgarle durante 20 segundos el 'cabezón' a otra persona. Un episodio ya olvidado que en su momento marcó a la actriz, una «perfeccionista» a todos los niveles. «Si volviera a nacer sería menos perfeccionista», puntualiza sobre su mayor defecto. Y sí, le gusta sacar pecho cuando habla de su parecido con la costurera Sira Quiroga: «Cuando nos marcamos un objetivo no paramos de luchar hasta conseguirlo». Su carrera da fe de ello. Y la estrella verde que lleva tatuada en su mano le recuerda todos los días su sueño.

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