El Toro de la Vega nunca se libra

Historia de 'Bonito' y 'Presumido', los dos únicos astados indultados en Tordesillas: uno murió después por las heridas de lanza y al otro lo mató un guardia civil

ISABEL IBÁÑEZ

Con el cadáver de 'Vulcano' aún calentito (el Toro de la Vega de este año, que cayó el martes en acto de servicio por obra y gracia de un lancero de nombre apropiado, David Rodríguez Mata), quizá sea buen momento para acordarse de los dos astados que tuvieron la suerte de lograr el ansiado indulto, una figura contemplada en la normativa de este 'Inmemorial Torneo', como les gusta llamarlo a los miembros del Patronato del Toro de la Vega en su blog, donde hacen crónicas, casi podría decirse glosas, de cada uno de los polémicos encierros que se organizan cada año en Tordesillas, una tradición que hasta en alguien que acude a corridas de toros, como Arturo Pérez Reverte, despierta aversión; aquí van tres tuits suyos sobre el asunto: "Y a todo esto, el día 17 acuchillan a otro toro indefenso en Tordesillas. Los valientes lanceros de la Vega. / Lo del Toro de la Vega y cosas parecidas me revuelve las tripas. Esos machotes y machotas cebándose con un animal que no puede defenderse. / Les deseo a los lanceros de Tordesillas un buen pitón de gloria incrustado en el ojete".

Si el toro sobrepasa los límites designados o los lanceros no son capaces de matarlo, será indultado. ¿Cuántos toros de la Vega han resultado afortunados con este 'perdón'? Pues, que se sepa, dos, en 1993 y 1995. Cuando indultaron al primero, de nombre Bonito, ni los más viejos del lugar recordaban algo así; en medio siglo, decían (según una crónica de la época de la agencia Colpisa), nunca había sucedido algo semejante. 'Bonito', de 500 kilos y criado en la ganadería salmantina de Valverde, logró superar a sus perseguidores, no sin propinar antes alguna cornada (cuatro participantes necesitaron asistencia médica) y recibir más de un lanzazo, y alcanzó la salvadora muga, donde ya no puede ser perseguido. Así las cosas, los organizadores decidieron darle otra oportunidad y lo indultaron, pero, como recogió una información de El Norte de Castilla, murió después como consecuencia de las heridas que había sufrido.

Sólo dos años después, 'Presumido' logró la misma gesta. "Bravo, ágil, sabio, ligero de pies y fuerte", como lo calificaron los propios miembros del Patronato en su crónica de aquel año: "Se internó en la vega y llegó a salir a las junqueras del camino (...) metiéndose por último en un maizal, dándose por finalizado el torneo y declarando a 'Presumido' vencedor del mismo". Un artículo publicado también en El Norte de Castilla cuatro años después rememoraba cómo fue necesario recurrir a un instructor de vuelo del Aeródromo de Matilla para localizar al astado, invisible entre las plantas cargadas de mazorcas. La Guardia Civil era la encargada de encontrarle para que después fuese conducido a los corrales, donde debía vivir el resto de sus días a cuerpo de rey, comiendo, durmiendo y haciendo hijos. O eso suelen decir. Pero el lugar que había elegido para cobijarse jugó en contra de 'Presumido'. Los agentes no podían salir en su busca a pie para no darse de frente con el toro. "Así que nos llamaron para que acudiésemos con el ultraligero y diéramos la posición exacta, ya que desde el aire podíamos verlo", comentaba Fernando Pradera, el piloto. Tras localizarlo, dieron las coordenadas, "y un guardia civil del puesto de Castronuño de nombre Usero, con un disparo de su Cetme abatió al toro", contaba la crónica del Patronato.

Ecologistas, taurinos, machistas

Y nunca más se supo de indultos. Bueno, el año pasado Volante casi lo consigue: estaba ya dentro de los límites que lo protegen de ataques, pero un grupo de caballeros (van a caballo) lo alanceó y mató allí mismo, "lo que provocó los abucheos de los espectadores amantes del torneo y los participantes de a pie", como publicó el diario 'Abc'. Abucheos que no hubieran existido unos metros más allá, aunque la suerte del toro hubiera sido idéntica. Por este motivo, declararon nula la competición. Por cierto, no fue hasta 2010 cuando una mujer participó con una lanza, Mélany San José, que hablaba así: "No existen diferencias entre hombres y mujeres, aunque a veces encuentro incomprensión. En ocasiones me gritan '¡Chica, métete en la talanquera (valla, pared o cualquier lugar que sirva de defensa y protección)!' Piensan que no voy a ser capaz de correr como un chico"

Los partidarios de este 'acto festivo' aluden a su historia (la primera referencia escrita data de 1534), a la tradición para defenderlo ante los continuos y numerosos ataques que llegan desde diestro y siniestro: porque no solo son los ecologistas, también muchos taurinos que no encuentran la igualdad de condiciones entre perseguidor(es) y perseguido que ellos ven en las corridas de toros y mucho menos un ápice de belleza o arte (aunque esto sea asunto de otro debate). Como apuntalando su argumento basado en la larga historia de este 'Inmemorial Torneo', en el blog del Patronato del Toro de la Vega escriben las crónicas con un lenguaje más propio de otros tiempos, casi medieval.

Así empezaban su crónica del año pasado: "Comenzó el solemne día con una afluencia de público como desde años atrás no se veía; público cuya actitud manifestaba con toda claridad que sabían a lo que venían: al Inmemorial Torneo y que fue ocupando tranquilamente las posiciones de su gusto. Estos prolegómenos que ya de por sí son parte de nuestra ceremonia, trataron de ser perturbados por un grupo de sobre 20 animalistas". Hay que recordar en este punto que el Partido Animalista, el Pacma, presentó 85.000 firmas en el Congreso contra esta actividad. Y que cualquiera no se atreve así como así a adentrarse en Tordesillas el día de autos para levantar la voz contra esta vieja costumbre. Sin ir más lejos, la televisión pública de Castilla y León recogía este martes cómo los defensores del denominado torneo tiraron piedras a los 200 manifestantes que protestaban a 500 metros de distancia de donde tenía lugar la acción.

Entre Fuenteovejuna y Kafka

Pero prosigue el blog del Patronato en su crónica de 2012: " 20 animalistas que gracias a la incompetencia de las instituciones públicas y a la bula de la que gozan quienes se declaran 'progresistas', pudieron perturbar con su presencia el sosiego previo al Torneo tan grato a los torneantes gracias a la protección de un grupo antidisturbios de la Guardia Civil. Algo se ha progresado, a lo menos, los guardias no trajeron los fusiles como el bochornoso año 2005, pero la cuerda ya está demasiado tensa y no estará de más recordar que cuando a un Pueblo se le hurga en sus fundamentos, aparece Fuenteovejuna. ¿Hasta cuándo, autoridad a la que competa, abusarás de nuestra paciencia?". Se refieren, claro, a Fuenteovejuna, obra de Lope de Vega en la que el pueblo mata al Comendador clavando posteriormente su cabeza en una pica. ¿Quizá una amenaza? ¿Simplemente un juego, una comparación desafortunada echando mano de una obra maestra de la literatura?

Otro autor reconocido con quien también se podría jugar a eso de las comparaciones desafortunadas es Franz Kafka. En su libro 'En la colonia penitenciaria', un oficial encargado de aplicar la pena de muerte con un instrumento de tortura salido de la imaginación más cruel que uno pueda encontrar (una máquina con cientos de agujas que durante doce horas va haciendo sangrantes inscripciones en el cuerpo del ajusticiado hasta su muerte), trata de convencer a un observador extranjero de las bondades de un artefacto instituido por el antiguo comandante de la colonia penitenciaria y cuestionado por el nuevo. Así habla el oficial, defensor a ultranza de esta atroz 'tradición' por encima de cualquier otra consideración: "Este procedimiento judicial y este método de castigo no goza actualmente en nuestra colonia de ningún abierto partidario. Soy su único sostenedor y, al mismo tiempo, el único sostenedor de la tradición (). ¿Le parece bien que por culpa de este comandante y sus señoras, que influyen sobre él, semejante obra de toda una vida y señaló la máquina- desaparezca? () ¿No sería necesario tratar de utilizar toda clase de recursos, aunque dudemos de su eficacia, con tal de conservar el antiguo procedimiento?"

rohibido matar al Toro de la Vega

En el libro de Kafka, el observador debe escuchar al oficial defensor del mortífero mecanismo y sacar conclusiones sobre él para dar su opinión al nuevo comandante, que lo considera inhumano. Curiosamente, algo muy similar ocurrió en la España franquista de los años 50, cuando a la pena de muerte aún le quedaban por delante dos décadas de vigencia: el gobernador civil de Valladolid, Antonio Ruiz-Ocaña Remiro, recibió la orden de investigar la tradición del Toro de la Vega por su superior, el entonces director general de Política Interior, Manuel Chacón Secos. Esta es la respuesta que envió Ruiz-Ocaña: "Examinando el problema para el futuro, no he de ocultarte que habría que hacer la suspensión del espectáculo, con cierto tacto, pues se trata de una tradición de siglos". Lo cuenta Enrique Berzal en un artículo publicado en 'El Norte de Castilla' en 2010 titulado Prohibido matar al Toro de la Vega: "Las aristas más duras de aquella polémica arrancan en 1954, cuando impactantes imágenes emitidas en el NO-DO lastimaron la sensibilidad de destacados colectivos y personalidades comprometidas con la defensa de los animales".

La polvareda levantada concluyó en 1966 con una "sorprendente decisión gubernativa prosigue Berzal en su texto-. A cambio de no suspender el espectáculo, prohibía el rejoneo del toro a campo abierto. Se celebró el 13 de septiembre y consistió en una suerte de encierro que, por no tolerar la muerte del toro, encrespó los ánimos de algunos aficionados. Así se mantuvo hasta 1970, año en que el cambio de autoridades, la influencia de personalidades como Gregorio Marañón Moya, presidente de las salmantinas Semanas Internacionales del Toro de Lidia; y Antolín de Santiago Juárez, subdirector general de Cultura Popular y Espectáculos, las presiones de aficionados y la labor de las autoridades locales lograron recuperar el festejo según la modalidad 'tradicional'; es decir, acabando con la vida del astado". Y así, hasta hoy.

Aquí van unas imágenes de 'Bonito', el Toro de la Vega indultado en 1993, con una narración impagable:

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