Yo también fui chiripitifláutico

Un recuerdo a un pasado perdido de la televisión. "Una reliquia de la que mucha gente habla pero que nadie había vuelto a ver, más allá de los recuerdos"

JON URIARTE
Los Chiripitifláuticos, en la tele./ Archivo/
Los Chiripitifláuticos, en la tele./ Archivo

Eran las siete de la tarde, pero el sol pegaba como si fueran las tres. Madrid cuando se viste de verano lo hace a conciencia. La entrada en la cafetería alivió mi sed antes de mojar garganta. En la barra me esperaban dos exploradores. Debatían sobre algún nuevo tesoro. Pero a mí me interesaba el que ya habían encontrado. Una reliquia de la que mucha gente habla pero que nadie había vuelto a ver, más allá de los recuerdos. Se llaman Cruz Delgado Sánchez y Jorge San Román. Al primero le conocí en el trabajo. Al segundo, por este asunto. Y son arqueólogos. Pero no de Arcas de la Alianza, ni Templos Malditos, Santos Griales o Calaveras de Cristal. Sino de sueños. Y del contenido de cierta caja. Tonta, le llaman. Prefiero llamarla loca. Porque es imprevisible. Hablo de la televisión. Y de uno de sus míticos programas. "El tío Aquiles, sobrinos a miles", susurré al llegar. "Soy uno de ellos", añadí. Entonces, me invitaron a acompañarles en la calurosa tarde y, ante una cerveza, escuché la increíble búsqueda de Los Chiripitifláuticos.

"Viven todos menos dos". Son las primeras palabras de Cruz. A partir de ese momento, hablan ambos como si fueran uno. Y cuentan que el primer programa infantil que nuestros ojos vieron nació en 1965, de la mano de Oscar Banegas. Un argentino afincado en Madrid, que merecería retrospectiva y homenaje. "Fue un avanzado. No solo ideó los Chiripitifláuticos y participó en los mejores programas. Además creó personajes como Felipito Tacatú". Al escucharles, volvió a mi mente Joe Rigoli y su famosa frase "¡Yooooo sigo!". Y al hacelo, sonreí como la primera vez. En cambio, según cuentan los exploradores, había alguien a quien no le gustaba. A Franco. La gente empezaba a hacer chistes con el dictador y el "yo sigo", Así que Adolfo Suárez, por entonces director de RTVE, llamó a Banegas para que el personaje tuviera muerte dulce. Y así fue. Los Chiripitifláuticos tuvieron más suerte. "Desde el 65 hasta el 74 calculamos que hicieron unos 300 programas. Pero no hay datos oficiales". Y eso no es lo peor. "Solo quedan dos programas grabados. Uno del oeste y otro del espacio. El resto desapareció". Muchas veces se hacía en directo y no quedaba constancia. Y otras, el programa se enviaba a Canarias, donde se emitía con posterioridad. Después, se borraba. No me extraña. Un servidor ha visto el traje de Espinete, lleno de mugre y olvidado, en una estantería al fondo de un almacén de TVE. Allí estaba. Junto a una Ruperta tuerta y un cartel mudado de Los Payasos.

Por menos, metía yo a gente en la cárcel. Pero volvamos a los Chiripitifláuticos. "El nombre se le ocurrió a Banegas porque la película de moda era Mary Popins y su 'chimchimberi'". Pero ¿Quién era ese hombre? Al escuchar la pregunta, los exploradores pronuncian un nombre. "Rita Varola". Banegas murió en 1980 y apenas quedaba nada de él en televisión. Así que localizaron a su viuda. En principio se trataba de un reportaje para una revista. Pero en el fondo tenían en mente proponerle la búsqueda de los Chiripitifláuticos. Le encantó la idea. Era tal la pasión por el trabajo de su marido, que guardaba, encuadernados, todos los guiones y los teléfonos de los personajes. Y allí, su casa, comenzó la última aventura del Capitán Tan y compañía.

Valentina acabó como directora de doblaje. "La conocí en los 80, igual que al Capitán Tan que se encargaba de la duplicación de cintas". Escuchando a Cruz descubro los capítulos que vivieron los personajes una vez apagadas las cámaras. "Ambos están jubilados". Pero no todos siguieron su camino. "Locomotoro fue el primero que se largó", comenta Jorge. El conductor de todo menos del codo, se dedicaba a la construcción mientras se inclinaba, cual Torre de Pisa, en televisión. "Decían que había muerto atropellado, aplastado por una grúapero está vivo y le fueron bien las cosas". Poquito se fue a un pueblo de Cáceres, donde llegó a ser alcalde. Luego regresó a la interpretación. "Hace unos días, le vimos en el Teatro Marquina de Madrid, con su hija". Barullo, el negrito, es barbero del Hospital Clínico. Quizá le recuerden actuando en Torrente 1. Es el hombre al que el peculiar comisario le rompe un dedo. "Hablar con Fileto fue más complicado porque está en Roma. Lo logramos vía correo electrónico".

En cuanto a los Malasombra, solo queda Luis González. El más malo de los dos. "Un día le operaron de una hernia inguinal y el que le fue a depilar le dijo ¡Soy Barullo!"-. Las casualidades de la vida. Decía al principio que habían muerto dos. Un Malasombray el Tío Aquiles. "Nadie sabía nada de él. Solo que tenía una hermana. Buscamos su apellido en el Listín y la llamamos durante meses. Pero nadie contestaba". No se rindieron. Vivía en Paseo de la Chopera. Recorrieron el edificio puerta a puerta y dieron con su sobrina. Les contó que la hija de Aquiles se encontraba en una residencia de Chinchón. De todos los momentos vividos en la búsqueda de los Chiripitifláuticos, está visita fue uno de los más emotivos."Tenía un muñeco del Tío Aquiles. Tras hablar con nosotros lo besó y lo guardó". La fotografía de ese instante aparece en un libro. Y con ella, inolvidables imágenes y anécdotas. Como la de la boina roja de Locomotoro, que se alquilaba por programa. O la ropa del Capitán que, tras quedarsela él, acabó desapareciendo en un incendio. Porque "Chiripitifláutico...es Don José", no es solo un libro sobre un programa de televisión. Porque no todo tiempo pasado fue mejor. Y aquél, menos. Pero si lo recordamos con ternura se debe, entre otras cosas, a unos locos que cada tarde salían por la tele, se sentaban en el sofá y entraban en nuestra familia. Y eso, no me negarán, en un gran tesoro.

Ver todos los artículos de El Piscolabis

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos