Durrio, el amigo de Gauguin y Picasso, en el Bellas Artes

La exposición recoge obras en distintos materiales y una impresionante colección de anillos, alfileres, broches y otras joyas, un arte en el que el artista fue todo un maestro

IÑAKI ESTEBAN
Algunas de las obras expuestas. / Telepress/
Algunas de las obras expuestas. / Telepress

Poco conocido por su obra fuera del País Vasco y muy conocido por su amistad con Paul Gauguin y Pablo Picasso, razón por la que sale siempre en sus respectivas biografías. Así ha pasado a la historia en el escultor, ceramista y orfebre Francisco Durrio, autor de la estatua al compositor Juan Crisóstomo Arriaga que preside el estanque del Museo Bellas Artes de Bilbao.

En la sala BBK de este centro se ha presentado esta mañana una exposición, organizada por Javier González de Durana, que recorre en el ambiente de París en el que se desarrolló Durrio como artista y que muestra su obra con una profundidad inédita hasta ahora.

Nacido en Valladolid, se trasladó cuando era muy joven a Bilbao, estudió en la Escuela de Artes y Oficios del barrio de Atxuri y en el taller de Antonio Lecuona. En 1889 se fue a París, la ciudad en la que vivió hasta su muerte en 1940, si bien conservó su vínculo con la capital vizcaína y con la familia que actuó de mecenas en su carrera, los Echevarrieta.

Para los artistas vascos, fue la persona que les acogía cuando llegaban a París con los bolsillos vacíos y la que les informaba de las novedades artísticas. Ignacio Zuloaga, Juan de Echavarría y Francisco Iturrino se beneficiaron de su relación con Durrio, aunque su amistad más significativa fue con Paul Gauguin, un pintor que murió en 1903 como una figura menor y bohemia, pero que pronto adquiriría un papel vital en las primeras vanguardias.

La exposición recoge obras de todos ellos y también del propio Durrio, que con frecuencia plasmaba la misma imagen en distintos materiales, arcilla, latón y bronce, por ejemplo. La parte final está dedicada a su orfebrería, una impresionante colección de anillos, alfileres, broches y otras joyas, un arte en el que Durrio fue todo un maestro.

González de Durana ha reunido por pirmera vez la casi totalidad de su obra catalogada (un centenar de piezas). Es la primera gran restrospectiva que se hace sobre este creador, y que sigue la línea del museo de presentar artistas vascos, como Anselmo Guinea el año pasado y Néstior Basterretxea hasta mediados de mayo.

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