De guerrero shaolín a presunto asesino en serie

El bilbaíno Juan Carlos Aguilar se convirtió en el primer occidental ordenado en el monasterio chino de Songshan

IÑAKI JUEZBILBAO
Juan Carlos Aguilar, en 1997. /Bernardo Corral/
Juan Carlos Aguilar, en 1997. /Bernardo Corral

Nada parecía indicar que Juan Carlos Aguilar podía ser algo más que un respetado maestro shaolín. Ya era suficiente. De hecho, el bilbaíno se convirtió en el primer monje occidental ordenado en el monasterio chino de Songshan. Casi nada. Por ello, EL CORREO le dedicó un reportaje el 4 de mayo de 1997, firmado por Txema Izaguirre y titulado 'El guerrero de Buda', en el que describía su particular camino del guerrero. Nadie podía prever que este hombre, que contaba con su propio gimnasio en la capital vizcaína y que incluso dio clases de artes marciales a la Policía, iba a ser sospechoso 16 años después de ser un peligroso asesino en serie tras hallarse en ese mismo lugar restos óseos que parecen humanos, además de una joven maniatada y en coma.

En aquel reportaje, se recordaba que Juan Carlos Aguilar había sido campeón del mundo de formas y armas de kung-fú con el K.O más rápido hasta entonces de la historia de este deporte en España. Todo un maestro de las artes marciales pese a su juventud. Pero nada de eso le sirvió cuando se enfrentó a un monje de ojos rasgados y mirada pacífica. No duró en pie ni unos segundos. Toda una lección de humildad. A partir de ese momento, supo lo que tenía que hacer. Convertirse en un monje shaolín y obtener el gran poder que reside en un alma pacífica preparada en todo momento para la guerra.

No fue fácil. Para ello, tuvo que demostrar sus aptitudes en varias y exigentes pruebas de acceso. A pesar de ser campeón del mundo de kung fú, era el último en hacer los ejercicios. Otra lección de humildad. Pese a todo, logró entrar en el monasterio y allí aprendió a meditar y a dar brillo a su espíritu, algo que hasta entonces no había hecho ya que solo le interesaba el aspecto físico de estas artes milenarias. El poder de la mente hace posible que sean capaces de doblar lanzas apoyadas en la base de la traquea o ayunar durante días. Y es que Aguilar aseguraba que era tan importante pensar en la paz como en la guerra. Ahora hay que averiguar el motivo que llevó a este monje guerrero, que en la época de la entrevista decía practicar la castidad, a maniatar a una prostituta en un gimnasio en el que, al parecer, guardaba restos humanos. Lo que está claro es que, en algún momento, se desvió del iluminado camino del monje guerrero.