¿Dos mundos con agua alrededor del mismo sol?

El telescopio 'Kepler' descubre dos supertierras en la zona habitable de una estrella de la constelación de Lira

L. A. GÁMEZ
¿Dos mundos con agua alrededor del mismo sol?

Investigadores del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian (CfA) creen que dos mundos habitables con grandes océanos orbitan Kepler 62, una estrella similar al Sol situada en la constelación de Lira, a 1.200 años luz de nosotros. La revista 'Science' informó este jueves de que el telescopio orbital 'Kepler' ha descubierto en ese sistema cinco planetas cuyos tamaños oscilan entre la mitad y el doble que la Tierra. Dos de ellos, Kepler 62e y Kepler 62f, se encontrarían dentro de la llamada Zona Ricitos de Oro, el anillo imaginario alrededor de una estrella al que llega suficiente luz y calor como para que pueda existir agua líquida en la superficie de un mundo. Lo que se conoce también como la zona habitable.

Los dos son supertierras, astros más masivos que la Tierra, pero mucho menos que un gigante gaseoso como Neptuno. Kepler 62e, el más próximo a la estrella, tiene 1,6 veces el tamaño de nuestro planeta, recibe un 20% más de radiación solar que la Tierra y completa una órbita alrededor de su sol en 122 días. Kepler 62f tiene 1,4 veces el tamaño de nuestro planeta, da una vuelta alrededor de su estrella en 267 días y recibe la mitad de radiación de la radiación solar que llega a la Tierra. Son los mundos más pequeños que se conocen hasta el momento en la zona alrededor de una estrella apta para la vida.

"Los planetas más pequeños que se habían encontrado hasta ahora estaban muy cerca de sus estrellas y eran demasiados calientes como para ser habitables. Esta es la primera vez que 'Kepler' ha encontrado mundos tan pequeños en la zona habitable", ha indicado Eric Agol, astrónomo de la Universidad de Washington y uno de los autores de la investigación. Agol adelanta que, aunque todavía no se conocen la masa y densidad de esos mundos, todos los de un tamaño similar que se conocen son rocosos, como la Tierra. Los autores carecen todavía de datos observacionales como para concluir que los planetas sean habitables.

"Océanos sin fin"

Simulaciones por ordenador hechas en el CfA sugieren, sin embargo, que la superficie de ambos mundos está cubierta por océanos planetarios. "Estos planetas no son como nada que hayamos visto en el Sistema Solar. Tienen océanos sin fin. Puede haber vida allí, pero ¿tendría una base tecnológica como la nuestra? La vida en esos mundos sería submarina, sin acceso fácil a los metales, la electricidad o el fuego para la metalurgia. Aún así, esos mundos seguirán siendo bellos planetas azules alrededor de una estrella naranja y, tal vez, la inventiva de vida para llegar a una etapa tecnológica nos sorprenda", apunta Lisa Kaltenegger, del Instituto Max Plack de Astronomía y el CfA.

Kepler 62e, el más cálido de los dos, sería -según los modelos informáticos- algo más nuboso que la Tierra, mientras que su compañero, mucho más frío, tendría agua líquida si sufriera un efecto invernadero gracias a una gran cantidad de dióxido en su atmósfera. Si no, podría ser una bola de hielo. "La buena noticia es que los dos presentan diferentes colores y hacen que la búsqueda de señales de vida sea más fácil en este tipo de planetas en el futuro cercano", asegura Dimitar Sasselov, astrónomo de Harvard y coautor del artículo.

"Imagínese mirando a través de un telescopio para ver otro mundo con vida a sólo unos pocos millones de kilómetros de usted. O, que tiene la capacidad de viajar entre esos mundos. No puedo pensar en una más poderosa motivación para convertirse en una sociedad espacial", indica Sasselov. Por ahora, el de Kepler 62 es un caso único. Algo de lo que solo se había hablado en la ciencia ficción, un sistema estelar con varios planetas potencialmente habitables. Los otros mundos que orbitan la estrella tienen 0,5 8 (c), 1,31 (b) y 1,85 (d) veces el tamaño de la Tierra, pero están demasiado cerca de su sol.

El telescopio espacial 'Kepler' de la NASA, lanzado en 2009, detecta los planetas cuando pasan delante del disco de su estrella y hacen que el brillo de esta sea un poco menor.