Para llegar a viejo... lo mejor, pareja gay

Un estudio demuestra que los varones homosexuales emparejados viven más que los solteros, los divorciados y los viudos

JULIÁN MÉNDEZ
Escenas de la vida doméstica de una pareja de homosexuales de Estados Unidos./ Fotolia/
Escenas de la vida doméstica de una pareja de homosexuales de Estados Unidos./ Fotolia

«Un hombre solo está siempre en mala compañía», asegura un aforismo atribuido al poeta francés Paul Valéry. Y, aunque en español hayamos armado, aunque solo sea por llevarle la contraria, el refrán «el buey suelto bien se lame», parece indudable que a la salud masculina le sienta de perillas aquel mandato bíblico de que «no es bueno que el hombre esté solo...». Lo que no teníamos tan claro es que lo mejor para la salud del hombre fuera... la compañía de otro hombre.

Según un estudio del Statens Serum Institut, de Dinamarca, los varones casados con otros hombres han visto reducir sensiblemente su mortalidad desde los años 90 hasta situarse por debajo de la de solteros, divorciados y viudos. Justo al revés de lo que sucede con los matrimonios de lesbianas. En el trabajo, elaborado por Morten Frisch y Jakob Simonsen y publicado el pasado 11 de marzo en la edición digital del International Journal of Epidemiology, los autores se sirven del registro nacional danés que establece el estado civil de 6,5 millones de individuos residentes en el país entre 1982 y 2011. Un estudio a fondo de la realidad de Dinamarca que ha arrojado resultados asombrosos.

Además de los cuatro grandes grupos habituales: 'solteros', 'casados', 'divorciados' y 'viudos' los investigadores añadieron un quinto epígrafe, 'casados en la actualidad o en el pasado con una persona del mismo sexo', una categoría existente en Dinamarca desde la autorización del matrimonio homosexual en 1989. El resultado es demoledor. A partir de ese año la tasa de mortalidad entre las parejas homosexuales empieza a decrecer, sobre todo por el empleo de nuevos tratamientos contra el VIH y por el cambio en las costumbres sexuales motivado por el sida.

Normal. Lo que no esperaban los especialistas es que ese descenso llegara al extremo de que la esperanza de vida de los gays casados llegara a superar a la de los hombres solteros, divorciados y viudos. Al tiempo, el informe corrobora la evidencia de que vivir en pareja (en este caso heterosexual) incrementa la esperanza de vida de ambos cónyuges.

Las parejas de lesbianas, por el contrario, registran una mayor mortalidad que la media, hasta el punto de que su riesgo dobla la tasa de la población general. No solo por la posibilidad de padecer cáncer de mama sino también por el alto índice de suicidio asociado a este tipo de parejas: 6,4 veces más que en las parejas heterosexuales. «Las lesbianas constituyen una población de alto riesgo para el suicidio y el cáncer de mama. Nuestros resultados deberían llevar a las autoridades a hacer esfuerzos para identificar los factores responsables de esta situación y garantizar el acceso a servicios básicos de salud para estas mujeres», ha subrayado Morten Frisch, uno de los autores del estudio.

Al tiempo, los científicos daneses se muestran muy prudentes a la hora de identificar las causas que podrían estar detrás de esta evidencia estadística de que las parejas gays viven más. ¿Mejor calidad de vida? ¿Menos tabaquismo y sobrepeso? ¿Descenso del consumo excesivo de alcohol o del sedentarismo? ¿Apoyo moral mutuo entre los componentes de la pareja ante las adversidades? ¿Modos de vida más saludable?

¿Más honestas y sinceras?

Hay estudios y teorías que apuntan también a que el tipo de relaciones afectivas que se establecen en las parejas de homosexuales y lesbianas se aleja del que mantienen las parejas heterosexuales, al estar libres de los rituales clásicos de apareamiento, según apunta el psicólogo americano Eric Russell. «Estas parejas pueden ser más honestas y sinceras que las tradicionales porque sus relaciones no se complican por la atracción sexual o el apareamiento», sostiene Russell en una conclusión más que discutible.

Lo que queda fuera de toda duda es que los daneses Morten Frisch y Jakob Simonsen han demostrado con datos en la mano el efecto «protector» del matrimonio heterosexual entre varones y hembras... y el inesperado crecimiento de ese mismo factor protector entre las parejas de chicos.

En España, el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal desde 2005. Francia está viviendo estas semanas fuertes movimientos sociales entre quienes se oponen a la legalización de este vínculo. En Estados Unidos, las uniones homosexuales han llegado también al debate público: el Tribunal Supremo enjuicia estos días dos casos que pueden frenar o impulsar este tipo de uniones.