Corsarios musulmanes en Irlanda

‘Piratas en guerra’ es una rigurosa y entretenida lectura sobre el bandidaje marítimo entre los siglos XVI y XIX

JAVIER MUÑOZ
La piratería era endémica en las costas británicas a comienzos del siglo XVII/
La piratería era endémica en las costas británicas a comienzos del siglo XVII

En 1631, unos corsarios musulmanes atacaron el puerto de Baltimore, en el suroeste de Irlanda, y se llevaron a 109 varones, mujeres y menores para venderlos como esclavos. Visto retrospectivamente, lo llamativo de aquel trágico episodio no es que unos marinos berberiscos se adentraran tan al norte, sino que golpearan, precisamente, una población que vivía de la piratería como ellos.

La incursión tuvo consecuencias. A comienzos del XVII, el saqueo de barcos eran endémico en las islas británicas, un negocio sostenido desde tierra por nobles locales que corrompían a las autoridades (salvando las distancias, como los bufetes que hoy están conectados con los piratas somalíes). Cuando los musulmanes irrumpieron en Irlanda, Baltimore era uno de los mayores enclaves piratas de la zona. Sin embargo, la razzia transformó a sus habitantes, que reclamaron una intervención decidida contra el bandidaje marítimo, fuese local o extranjero. «La miseria y el miedo volvieron honesta a la gente», escribe Peter Earle en el ensayo Piratas en guerra (ed. Melusina).

Esta olvidada historia irlandesa solo es una de las múltiples peripecias narradas por Earle, que impartió clases en la London School of Economics and Political Science y luego pasó a la Universidad de Londres, en este caso como profesor emérito de Historia Económica. Su libro describe la evolución de la piratería entre los siglos XVI y XIX, pero incorporando la perspectiva de quienes la persiguieron, ya que muchos especialistas omiten que los piratas eran unos indeseables para sus contemporáneos. Si sobrevivieron tanto tiempo se debió a que en ocasiones fueron útiles a los gobiernos, pagaron sobornos para eludir la Justicia y traficaron con sus botines.

«Fui educado en el respeto por la armada y mis instintos están del lado de la ley y el orden», avisa el autor en el prefacio. «Sin embargo -continúa-, para quienes tomen partido por los piratas les gustará saber que la armada tardó mucho en aprender cómo ganar este conflicto, lo que garantizó que sus adversarios, individualistas y temerarios, gozaran de buena salud durante mucho tiempo».

Peter Earle repasa las etapas de la piratería a lo largo de 250 años, desde Cornualles al Mediterráneo y desde África Occidental al Índico. Lo hace con la minuciosidad del historiador y, lo que es de agradecer, con habilidad narrativa. Su largo viaje concluye en el norte de África a comienzos del XIX, cuando las potencias occidentales doblegan a los berberiscos. El autor se despide tomando un párrafo de la célebre Historia de la Piratería de Philip Gosse (1932). «No hay duda de que la clase de hombre que en su día se volvió pirata todavía existe -recordó Gosse-, aunque no le queda más remedio que buscar otras vías para sus habilidades».

Sugerente reflexión.

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