Atrapados en el asfalto

Tomás es un bilbaino que vive a caballo entre Madrid y el Botxo. Y, como el resto de nómadas, sufre el "síndrome de la A-1"

JON URIARTEBILBAO
Miles de personas se enfrentan hoy a los atascos de la 'operación salida'. /El Correo/
Miles de personas se enfrentan hoy a los atascos de la 'operación salida'. /El Correo

Comparado con lo que siente, el día de furia de Michael Douglas fue una pataleta. Tomás es un bilbaino que vive a caballo entre Madrid y el Botxo. Y, como el resto de nómadas, sufre el "síndrome de la A-1". Comienza con un síntoma de sorpresa, que da paso a un disgusto amargo, cabreo encendido, claustrofobia, irritación general, subida de tensión, dolor corporal y ganas de arrancarle la cabeza al cretino o cretinos que han permitido que la vértebra más importante de la red de carreteras del Estado esté como esta. Si hace tiempo que no han pasado, felicidades. Eso que ganan en salud. Porque hablamos de cientos de kilómetros por un solo carril, atestado de vehículos. Que se lo digan a Tomas. Lleva delante una caravana de coches, cargados hasta desafiar las leyes de la gravedad, y un mastodóntico camión rozándole la nuca. Los coches portan matriculas europeas, pero sus pasajeros tienen alma y cuerpo africanos. La anual peregrinación a la tierra madre. Tomás se pregunta si en vez de viajar, esa gente no hará mudanza. Pero tampoco está él para presumir. Ha mandado a la familia en avión a Cádiz. Bueno a Jerez, para ser exactos. Lo de ir tren era imposible. Desde Bilbao es complejo, si no es con transbordos. Así que lleva media casa encima. Tres niños suponen más maletas que el equipaje de Lady Gaga. Y luego está Goiko. Es un buen perro, pero se marea. Así que debe parar cada cierto tiempo. El problema es dónde. Encontrar un área de servicio que no esté hasta las cartolas, es una quimera. Y entrar o salir, un posible infarto. Lo que más rabia le da, es que sabía lo que le esperaba. En el puente del Corpus ya se comió 19 tramos en obras desde el kilómetro 109 al 229. Cuatro horas de atasco. Y, según la DGT, esta semana de Julio, sumando ambos carriles, hay 74 puntos de obras en la A-1. Desde Burgos hasta Boceguillas, Segovia. Echen cuentas. Pero tiene que parar en Lerma. Debe visitar a un cliente. No hay otra. De lo contrario, hubiese ido por el "otro lado". Les cuento.

Si tienen que viajar de Bilbao a Madrid, vayan por la ruta Bilbao-Burgos-Valladolid-Madrid. Son 80 km más, pero irán solos y merecerá la pena. La Burgos-Valladolid es la A-62, autovía de Castilla. Y la Valladolid-Madrid, la A-6. Por cierto, se puede ir por Bilbao-Santander-Palencia-Valladolid. Son algo más de 500 km, pero la A-67, Cantabria-Meseta, es una autovía gratuita. No como otras. Y si siguen hacia el sur, sea Andalucía o Extremadura, no duden en hacerlo por la autovía de la Plata. La A-66. Arranca el Gijón y llega hasta Sevilla. Pueden engancharla en Zamora o Salamanca, si vienen de Bilbao, o en Madrid, desde la A-5. Parece la vuelta al mundo, pero compensa.

Es lo que hace Tomas, para evitar una de las mayores vergüenzas de la historia de las carreteras. Llevamos años con unas obras que son de Expediente-X. Nadie sabe cuando terminaran, no se ve gente trabajando y hay un inquietante muñeco que agita brazos y bandera. Lo que me lleva a preguntar, ¿por qué era una vía maravillosa no hace mucho, según el Gobierno, y ahora la operan a corazón abierto?, ¿por qué de golpe?, ¿cómo puede estar así la arteria que une el centro y sur de la península con Europa? Por no hablar de lo que viene y va del continente africano. No me digan que hay que arreglarla. Llevo once años pasando por ella y nunca se la tomaron en serio. Han preferido construir vías para trenes sin pasajeros y estaciones fantasmas. O aeropuertos faraónicos donde, en vez de aviones hay gatos paseando por la pista. Somos tontos o hay mucho listo. La pena es que el día de furia de los millones de Tomases no provocan una mayor reacción. De lo contrario les íbamos a meter a unos y unas, que yo me sé, a tragar el polvo de la A-1. La autovía de la vergüenza. La que, por desgracia, ellos no tienen.