La inoportuna muerte de Félix Faure

El presidente francés falleció en 1899, cuando presuntamente mantenía relaciones sexuales con su amante en el Elíseo

C.B
Félix Faure/
Félix Faure

La muerte no suele llegar nunca en buen momento, pero, desde el punto de vista de la posteridad, la de Félix Faure fue particularmente inoportuna. Por su culpa, el nombre de este presidente de Francia quedó unido de manera indisociable al de una de sus amantes. Aquel 16 de febrero de 1899, como casi todos los días, el jefe del Estado recibía en el Elíseo a Marguerite Steinheil, esposa de un conocido pintor y muy conocida en los círculos sociales parisinos. Faure era un hombre mujeriego y atractivo, que se cambiaba de ropa varias veces al día e incluso llegó a proponer sin éxito que se crease un aparatoso atuendo oficial de presidente. Cuando era todavía ministro de la Marina, la señora Steinheil se había convertido en la principal de sus numerosas amantes, aunque ella prefería describirse como «consejera psicológica» y decía que le ayudaba a redactar sus memorias.

En aquella ocasión, como siempre, un enviado del presidente la había acompañado hasta el Elíseo y la había introducido en el palacio a través de una puertecita que daba a los jardines. Los dos amantes se encontraban en la sala azul, el escenario habitual de sus citas clandestinas, cuando, desde fuera, se oyeron gritos: el presidente había sufrido una apoplejía mientras disfrutaba del sexo. Según recogen las crónicas, los ayudas de cámara encontraron a Marguerite Steinheil recomponiendo apresuradamente sus ropas, mientras que el presidente, moribundo, tenía todavía una mano en el pelo de su amante. No se sabe con seguridad qué hacía la pareja, pero pronto se empezó a comentar que el ataque le había sobrevenido a Faure en plena felación: era una época menos remilgada, y proliferaron los chistes y las bromas aprovechando que en francés la palabra pompe, como en pompas fúnebres, tiene mucho que ver con el verbo chupar. «¡Un marido tan bueno!», se lamentó la esposa del presidente.

El rey de Camboya

Las aventuras de Marguerite no acabaron ahí. Todavía tuvo múltiples amantes y admiradores, desde poderosos industriales hasta el rey Sisowath de Camboya, y en 1908 se vio implicada en un oscuro crimen, cuando su madrastra y su esposo el pintor aparecieron muertos en el domicilio familiar, ambos asfixiados. A Marguerite la encontraron amordazada y atada a una cama, pero, tras varios tumbos en la investigación, fue arrestada como presunta autora del crimen. En medio del escándalo, incluso hubo voces que la acusaron de haber envenenado al presidente Faure, pero finalmente fue absuelta de todos los cargos.

Libre, Marguerite se mudó a Inglaterra, donde se casó con un barón al que sobreviviría 27 años.