«A una pareja heterosexual no le preguntan nada»

Los hijos de gays gestados por este procedimiento no son admitidos en el registro español, pese a que Estados Unidos inscribe a los dos hombres como padres

Hasta el momento del parto, una pareja homosexual y una pareja heterosexual viven de manera muy similar el proceso de la gestación subrogada: con el corazón en constante zozobra, sometidos al vaivén entre ilusiones y temores, todos ellos tienen el pensamiento puesto en el vientre de una mujer lejana, donde poco a poco van tomando cuerpo sus sueños. Pero, a partir del nacimiento, sus caminos se separan. O, más bien, lo hacen en cuanto salen del equivalente estadounidense al registro civil, donde les entregan un certificado en el que figuran como padres. La pareja heterosexual acude al consulado español e inscribe a su hijo sin problema, tal como aparece en la documentación original. La pareja gay, en cambio, ve cómo le deniegan la inscripción, ya que la imposibilidad fisiológica de que lo hayan parido delata que el bebé es fruto de una madre de alquiler.

«A las parejas heterosexuales nadie les pregunta nada. Es una discriminación», reprocha Antonio, de la plataforma Son Nuestros Hijos. «Evidentemente, cuando llegan al consulado una mujer y un hombre, nadie le hace a ella una exploración vaginal para ver si ha dado a luz», añade Luisa Notario, de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales. Los hijos de gays gestados por este procedimiento tienen la nacionalidad estadounidense y están condenados a una extranjería perpetua y también paradójica, ya que en el registro norteamericano figuran como hijos de españoles y, por lo tanto, deberían ser españoles de forma automática. «A partir de los 90 días en España deberíamos solicitar el visado, pero no podemos hacerlo para una hija de españoles. Tampoco podríamos inscribirla con la gestante como madre, porque tendría apellidos diferentes aquí y en Estados Unidos, y eso va contra los derechos del menor», se sigue asombrando Antonio.

En 2009, tras plantar batalla judicial, una pareja gay valenciana logró registrar por fin a su hijo, nacido de una madre de alquiler, pero la Fiscalía recurrió esa decisión y el juez decidió cancelar la inscripción, argumentando que, en el Derecho español, la filiación se decide por el parto. Pero el episodio más surrealista estaba por llegar: en octubre del año pasado, la Dirección General de los Registros y el Notariado emitió una instrucción para «dotar de plena protección jurídica el interés superior del menor», por la que establecía que se podía inscribir a estos niños siempre que hubiese una resolución judicial del país de origen que estableciese claramente la paternidad. Los padres que acuden a Estados Unidos disponen de esa sentencia, resultado de un juicio de parentalidad que forma parte del proceso, pero las denegaciones en el registro consular han continuado. La plataforma Son Nuestros Hijos reúne a los padres de una treintena de niños pendientes de inscripción. «Pero hay más», apunta Antonio.

«La instrucción era una forma de darnos la razón, pero deja muchos flecos y no se ha inscrito a ningún niño. Lo que hemos hecho es legal y reclamamos que el documento americano sea válido, como en el caso de un matrimonio heterosexual -exige el sevillano Ricardo Lucas-. Hace falta coraje político: si permites casarse, también debes permitir que se forme una familia. El deseo de ser padre no tiene nada que ver con la condición sexual». ¿Y qué hay de la posibilidad de legalizar la subrogación en España? «Lo veo difícil. Pero, si a una mujer se le permite abortar, no sé por qué no se le deja gestar un hijo para otro, que es dar vida y felicidad».

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