Secreto, ¿a voces?

Zapatero ha roto el hermetismo. Una persona, además de su mujer, sabe si repetirá. Pero la mejor manera, quizá la única, de mantener un enigma es no contárselo a nadie

ESTER REQUENA
El tercer secreto de Fátima (1917) no se hizo público hasta el año 2000. :: EFE/
El tercer secreto de Fátima (1917) no se hizo público hasta el año 2000. :: EFE

Zapatero ha deshojado la margarita de su futuro político. Pero su decisión se la ha guardado para él, su mujer... y una persona del PSOE que ha ejercido como confesor personal e intransferible. ¿Rubalcaba? ¿Blanco? ¿Alonso? La terna echa cada día balones fuera para evitar presiones y no irse de la lengua sobre si el líder socialista optará a un tercer mandato. No hay entrevista, rueda de prensa, o acto público en que una nube de micrófonos pregunte por el famoso enigma. No hay nada peor que proclamar a los cuatro vientos tengo un secreto para elevar el morbo colectivo a límites insospechados. Ya se sabe ese puntito curioso que todos tenemos. Por eso cualquier gesto de los políticos socialistas, aunque sea mínimo, se interpreta y reinterpreta a la búsqueda de un resquicio para resolver la incógnita. Las apuestas están abiertas para ver si alguna de las partes deja entrever algo o si será como la millonaria fórmula de la Coca Cola custodiada bajo siete llaves en un banco americano y que sólo conocen dos personas que ni siquiera pueden viajar juntas, como les ocurre al rey y al príncipe de Asturias. Es lo que tienen los secretos, esos que algunos guardan como oro en paño mientras a otros les queman y no los retienen ni cinco minutos.

En la política, como en las finanzas, las confidencias están a la orden del día. Los secretos son armas poderosas. Pero cuidado con ellas: «Siempre tienen una intencionalidad», explica la psicóloga María José Zoilo. Y más cuando el presidente se lo comenta abiertamente a los periodistas, especialistas en destriparlos. Nada que ver con lo que dice la Real Academia Española (RAE): «Secreto: cosa que cuidadosamente se tiene reservada y oculta». Aunque aquí oculto, poco; salvo su contenido... que ni se sabe si realmente existe o si todo es una estudiada estrategia política. «Parece que en este tema hay mucho de encuesta pública y de conocer la opinión del país sobre su continuidad. Y encima sin gastar un duro», puntualiza Fermín Bouza, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense. Un sondeo que puede llegar tranquilamente a las elecciones municipales y autonómicas de mayo. Toda una «maniobra de distracción», aseguran desde los bancos de la oposición.

Por el momento el secreto de Zapatero parece a salvo, aunque siempre cabe la posibilidad de que su confidente se convierta en un particular Garganta profunda. Conociendo los antecedentes habría que esperar casi 30 años para hacer público su nombre, como ocurrió con William Mark Felt, el número dos del FBI en los años 70, quien reveló a los periodistas del Washington Post la información del caso Watergate, que supuso la dimisión de Nixon en 1974. Ambos redactores mantuvieron su nombre en secreto hasta que él mismo reveló su identidad poniendo fin al misterio periodístico mejor guardado de todos los tiempos. Más rápido ha sido acusar al soldado Bradley Manning, de sólo 23 años, de las filtraciones de Wikileaks. Y todo gracias a que en la nueva sociedad digital los secretos están a un clic de saltar por los aires, como así ha sido. «Además, ya de por sí somos muy dados a hacer cadenas de secretos. Uno se lo cuenta a otro y éste a su vez a otro y al final llegamos al secreto a voces en apenas unas horas. Pero hay que tener cuidado, porque siempre suelen llegar deformados», detalla Zoilo.

Ojo con los sociables

Hay que meditar con serenidad a quién confiamos nuestras intimidades. «Quien hoy es tu amigo mañana puede ser tu enemigo y hacerte mucho daño por la información que maneja», recuerda la psicóloga. Por naturaleza hay personas más proclives a guardar mejor ciertos detalles. Ojo con los extrovertidos y sociables, que acumulan más papeletas de no morderse la lengua. Con todo, los expertos aseguran que hay un porcentaje mayor de personas que sabe mantener la boca cerrada. Otra cosa son los médicos, abogados, psicólogos y sacerdotes, que conviven a diario con confesiones que en otras manos serían de lo más jugosas. En el Vaticano atesoran un buen arsenal de secretos. Y no, no son los papeles que cualquier Estado intenta mantener alejados de la opinión pública por motivos de seguridad.

Dicen los estudiosos que los Secretos Pontificios podrían cambiar el mundo... pero a ellos sólo tiene acceso el Papa de turno. Ni una sola persona más aunque estén abiertos, y hasta digitalizados, parte de los 50 kilómetros de estanterías que integran el Archivo Vaticano.

De los papeles top secret salieron los tres milagros de Fátima, el último desvelado en 2002 por Juan Pablo II y en el que se vaticinaba su intento de asesinato por Alí Agca, aunque el pasado mes de mayo Benedicto XVI lo reinterpretó como el momento de «sufrimiento» por el que estaba pasando la Iglesia tras los escándalos de pederastia que sacudieron la institución.

La muerte de Juan Pablo I

Entre las joyas documentales que custodia la Santa Sede se encuentran las investigaciones referentes a la extraña muerte de Juan Pablo I, quien oficialmente falleció por un infarto 33 días después de su nombramiento. Incoherencias en las declaraciones de los testigos, que no hubiera autopsia y su rápido embalsamamiento hicieron que cobrara vida propia la teoría del envenenamiento... y los papeles sagrados terminarían de inclinar la balanza. Junto a ellos existe un informe que recoge la conversación de 18 minutos que mantuvieron en la cárcel Alí Agca y Juan Pablo II siete meses después del atentado y que en su momento el pontífice calificó como «confesión». Y eso son sólo algunos de los papeles conocidos, una mínima expresión de todo lo que podría encontrarse. Secretos de los que ni siquiera se intuye su existencia.

¿La mejor manera de guardar un secreto? Es obvio: «No contárselo a nadie», detalla el sociólogo. El hermetismo absoluto es la única clave del éxito. Eso lo llevaba a rajatabla José María Aznar con su conocido, paseado y temido cuaderno azul, en el que apuntaba todos los cambios que introducía en su Gobierno. Sólo confiaba en sus hojas llenas de nombres y así evitaba las filtraciones de turno. El bloc simplemente se abría delante del Rey para poco después hacerse públicas sus decisiones. El ex presidente seguía a rajatabla el refranero español: que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. Lo que no ha hecho Zapatero, ya que el viejo refranero también advierte de que cuando más de dos comparten un secreto, éste deja de serlo.