Inmersión artística en Pekín

Los pintores riojanos valoran positivamente la experiencia vivida en la residencia de Judith Arteaga en el Distrito 798 Carlos Corres y Carlos López Garrido han trabajado dos meses y medio en la capital china

MIREN BORONATLOGROÑO.
Carlos Corres y Carlos López Garrido, en la residencia para artistas que gestiona la galerista Judith Arteaga. ::
                             EL CORREO/
Carlos Corres y Carlos López Garrido, en la residencia para artistas que gestiona la galerista Judith Arteaga. :: EL CORREO

El 20 de agosto la intrépida galerista Judith Arteaga partía hacia China con Carlos Corres y Carlos López Garrido, pintores riojanos de reconocida trayectoria, para instalarse durante casi tres meses en un local habilitado en el corazón del Distrito 798 de Pekín (Dashanzi Art District), inmensa zona industrial en desuso recuperada para recibir y albergar artistas, talleres y galerías. Una ciudad del arte, en definitiva. Viajando casi con lo puesto, dedicaron los quince primeros días a «empaparse» del paisaje, la arquitectura, la gastronomía, las gentes... Todo lo imprescindible para vivir la experiencia que les había llevado a tan remoto lugar.

«Nosotros viajamos con una filosofía clara: desarrollar nuestro trabajo en Pekín, con una temática de allí, en un entorno diferente al que aquí estamos acostumbrados», comienza López Garrido. «Cómo se desarrollara después, qué experiencias íbamos a vivir allí, incluso dónde y cómo conseguiríamos los materiales necesarios para pintar era una incógnita». Sin un proyecto predeterminado, «sólo teníamos clara la técnica, manteniéndome yo en la figuración y él dentro del paisaje urbano», apostilla Corres.

Tras esta primera toma de contacto, llegó el momento de conocer la residencia: la enorme nave industrial habilitada y acondicionada por la emprendedora Judith Arteaga reunía todas las condiciones para trabajar, exponer y vivir. «El espacio no tenía nada que ver con las dimensiones a las que estamos acostumbrados aquí», señala López Garrido, «y te permitía el lujo de trabajar en gran formato, incorporando poco a poco esas visiones que habíamos estado captando».

Corres señala que ubicarse en Pekín formaba también parte de la aventura. «Estábamos a treinta y tres kilómetros del centro de una ciudad que mide ochenta por ochenta kilómetros. Vivíamos en una zona habitada por más de un centenar de artistas. Aunque la mayoría eran chinos, había representantes de estudios de Nueva York, franceses, alemanes, mexicanos... Todo un mundo».

Si algo llamó la atención de los dos artistas riojanos en ese período de adaptación al nuevo entorno fue la rapidez. En este sentido, el paisajista señala que «has de tomar al momento la oportunidad que se te brinda; si no lo haces así, la pierdes». Y su compañero añade que, si el 31 de agosto ponían por primera vez el pie en la residencia, «una semana después teníamos que participar en una exposición con una obra de cada uno. Ese ritmo es, para nosotros, frenético. Pero te adaptas». Pasadas otras dos semanas, nuestros embajadores artísticos participaban en una nueva exposición organizada en la mejor galería de Pekín, en el '798 Space'.

Esta actividad incesante, aunque no programada agenda en mano, sí responde a la filosofía del proyecto desarrollado por Judith Arteaga, que contempla una dinamización del mundo del arte y una permanente comunicación del artista con el público. En este sentido la residencia de Pekín, como sucederá en las futuras de París, Berlín y La Rioja, ofrece un espacio abierto que permite el conocimiento del artista a través de su obra desde el mismo proceso creativo. «Esa posibilidad, en un lugar en el que no te conoce nadie y que, además, está tan alejado culturalmente de tus orígenes, ha sido fundamental para facilitar la difusión de nuestro trabajo», reconoce López Garrido.

Ha sido, sin duda, una experiencia de enriquecimiento mutuo, «máxime cuando el arte contemporáneo chino es muy joven aún y la experimentación con materiales, algo habitual en nosotros, es allí casi inexistente. Pero evolucionan rápido y avanzarán de igual modo», reconocen.

Tras dos meses y medio viviendo 'a lo chino', como dicen ellos mismos, los dos 'Carlos' se readaptan ahora al ritmo y las dimensiones de su tierra. «Venimos de un lugar por el que han pasado treinta mil personas para observar cómo trabajábamos y ver nuestras obras», recuerdan.

«Ser testigo del proceso creativo ayuda a conocer al artista»

«Allí, si no captas la oportunidad al momento, la pierdes»

«Treinta mil personas han pasado para ver cómo trabajábamos y nuestras obras»