El Guggenheim pierde la batalla del huevo

El Tribunal Supremo reconoce a un hostelero bilbaíno el derecho a llamar 'El Huevonmheim' a su restaurante tras 6 años de pugna legal

JOSU GARCÍA * JOSUGARCIA@DIARIO-ELCORREO.ESBILBAO.
El Guggenheim pierde la batalla del huevo

El bilbaíno José Pereda nunca imaginó que bautizar su restaurante con el nombre 'El Huevo Frito de Indautxu; El Huevonmheim' fuera a irritar a los dirigentes del Guggenheim hasta el punto de alentar una batalla judicial que ha durado seis años. La disputa legal concluyó hace unas semanas, cuando el Tribunal Supremo reconoció al hostelero el derecho a denominar su negocio de tapas y comidas de una manera que «evoca lejanamente» al museo. La resolución, a la que ha tenido acceso EL CORREO, da la razón al empresario y echa por tierra los argumentos de una de las instituciones culturales más poderosas del mundo. El mito de David contra Goliath se reinventa en la capital vizcaína con una historia que mezcla el esplendor del titanio con la sencillez de un bar de pinchos.

'El Huevo Frito de Indautxu; El Huevonmheim' abrió sus puertas en 1997, casi a la vez que la pinacoteca. Fue un homenaje a uno de los alimentos básicos de nuestra gastronomía, pero también «una manera de celebrar la llegada de una época de esperanza y resurgimiento para la villa». Pereda lo tuvo claro desde un primer momento. La denominación casaba bien con la orientación que deseaba conferir a su proyecto. «Quería conservar lo tradicional, pero darle, al mismo tiempo, un nuevo aire de modernidad y un toque humorístico», recuerda. Por ello eligió ese juego de palabras y, también por este motivo, diseñó dos nuevos pinchos: el Huevonmheim y el Baconmheim.

En un principio, la ocurrencia del hostelero pasó desapercibida a ojos de los máximos responsables de la prestigiosa fundación con sede central en Nueva York. Cuentan que los ejecutivos del museo, sin embargo, montaron en cólera cuando fueron informados de que Pereda había registrado el nombre en la Oficina Española de Patentes y Marcas. «Recibí un día la llamada de una mujer que dijo representar al Guggenheim. Me invitaba a retirar el nombre de mi negocio. Me advirtió de que si no lo hacía, tomarían medidas judiciales muy serias contra mí», relata.

«No me lo podía creer, porque en ningún momento quise menospreciar al gran icono del nuevo Bilbao. Al contrario, creo que todos debemos estar agradecidos de lo que se ha hecho y de que este motor económico y cultural decidiera abrir sus puertas aquí». El hostelero se tomó el aviso en serio, pero decidió seguir adelante, porque «era lo correcto».

En 2004, ante la negativa de Pereda, los abogados del Guggenheim decidieron mover ficha. Primero acudieron a la vía administrativa e impugnaron la concesión de la marca en la oficina nacional. Pero el organismo no atendió a sus reivindicaciones: «Existen entre ambos signos suficientes disparidades denominativas, gráficas y de conjunto como para garantizar su recíproca diferenciación, excluyéndose todo riesgo de error en el público».

Reputación a salvo

El siguiente paso fue recurrir a los tribunales. Los letrados de la pinacoteca interpusieron un contencioso-administrativo contra la entidad que registra los nombres comerciales. La vista se celebró en 2005 en Madrid. Los jueces volvieron a dar la espalda al Guggenheim. En Bilbao, el hostelero, ajeno al pleito, seguía vendiendo sus huevonmheims y baconmheims.

Pero los representantes legales del gigante de titanio no se detuvieron allí. Llevaron la causa al Supremo. Y allí cosecharon un nuevo varapalo, esta vez definitivo. Entre otros principios, el alto tribunal considera que no existe «un riesgo objetivo y razonable de conexión o asociación entre ambas marcas» y tampoco concurre «una identificación automática e indudable entre ambas».

Los magistrados van más allá y sentencian que el hostelero bilbaíno ni se «aprovechó indebidamente de la notoriedad y reputación» del museo ni su ocurrencia supuso «un menoscabo» para la fundación neoyorquina. En definitiva, que la decisión de la Oficina Española de Marcas y Patentes se ajusta al ordenamiento jurídico y que José Pereda tiene derecho a llamar a su restaurante: 'El Huevo Frito de Indautxu; El Huevonmheim'.

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